sesión consistorial

Barcelona reclama el indulto para Hasél y lo contrario en un mismo pleno

  • Colau saca adelante una lectura matizada de la violencia de febrero con el respaldo de ERC y Junts

  • El PSC aglutina al resto de la oposición con un texto de apoyo a los Mossos y de condena de la violencia

  • Artadi sostiene que España se sitúa por detrás de Turquía e Irán en defensa de la libertad artística

Elsa Artadi y Jaume Collboni conversan durante el pleno municipal.

Elsa Artadi y Jaume Collboni conversan durante el pleno municipal. / Ricard Cugat

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Carles Cols

En una sesión para estudiar en las facultades de ciencias políticas, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona ha logrado, a cuenta de las noches de disturbios que ha padecido la ciudad, aprobar dos declaraciones esencialmente de sentido contrario. La primera reclama el indulto para los raperos Pablo Hasél y Valtònyc y cuestiona los métodos de los Mossos d’Esquadra. La segunda descarta abrir un debate sobre las causas de la violencia y apuesta, como primera respuesta, simplemente por condenar los daños a personas, comercios y mobiliario urbano y expresa un cerrado respaldo a las fuerzas de seguridad. Como Italia durante la Segunda Guerra Mundial, el equipo de gobierno, Comuns y PSC, ha luchado en ambos frentes y, lo que son las cosas, han podido celebrar la victoria cada cual por su cuenta.

El debate sobre lo sucedido en Barcelona este febrero se ha realizado dentro del apartado que en los plenos municipales se reserva a las declaraciones institucionales y a las propuestas de los distintos grupos. En ese terreno de juego, podrían declarar inválida a ley de la gravedad y las manzanas seguirían cayendo en la cabeza de Newton. Es un debate dedicado al simple lucimiento de las ideas, arriesgado en ocasiones, como ha sucedido este viernes, cuando Elsa Artadi, de Junts, ha asegurado que España es, en materia de represión de la libertad de expresión de los artistas, mucho peor que Irán o Turquía. En el diario de sesiones quedará constancia para la posteridad.

Lo dicho. En caso de que este pleno se estudie en las universidades, el cuadro general antes del debate merecerá un capítulo largo y extenso. Con las negociaciones para formar nuevo Govern en la Generalitat en marcha, ni ERC ni Junts han presentado un texto propio para que sea votado en el pleno. Esquerra tenía uno, pero ha optado por retirarlo en el último minuto. Llegado el momento, a los concejales independentistas les ha parecido más interesante, tal vez desde el punto de vista estratégico, acomodarse al texto presentado por Comuns. Lo han, (perdón por el argot político) transaccionado, es decir, han buscado un mínimo común denominador y así ha salido finalmente un escrito que reclama un indulto urgente para Hasél y Valtònyc, que critica el escoramiento de la judicatura más en defensa del Estado que de la democracia, que reclama la derogación de la ley mordaza y en el que se condenan los actos de violencia durante las manifestaciones, pero de inmediato se exige al Parlament que estudie cómo reformar los protocolos de actuación de las unidades de antidisturbios de la policía.

Abstención estratégica

Así es. El independentismo, en la oposición en el ayuntamiento, ha cuestionado el papel de los Mossos d’Esquadra que, como se sabe, depende del independentismo que aún gobierna en la Generalitat y parece que continuará haciéndolo. La foto del pleno, si es que se puede hablar en estos términos, es que ERC, Junts per Catalunya y Comuns han ido al alimón en unas jornadas en que cualquier gesto es indicativo de lo que está pendiente de suceder en la política catalana. El PSC, por subrayar la cuestión, ha votado en contra de la tesis que defendía Ada Colau, que no necesitaba a los socialistas para sacar adelante su punto de vista.

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El PSC, sin embargo, sí ha necesitado un gesto por parte de los Comuns para que se aprobara su versión de los hechos, pues con los votos del resto de la oposición no independentista no le bastaba para tener también su porción de victoria. Al final, la condena de la violencia, con mención especial al ataque sufrido por EL PERIÓDICO y la solidaridad con las fuerzas de seguridad ha salido adelante con la abstención de Comuns y Junts y el voto en contra de Esquerra.

Los tiempos de intervención en este tipo de debates son muy cortos. El intento de los defensores de la primera proposición (Comuns, ERC y Junts) de abrir el debate sobre los límites de la libertad de expresión ha sido infructuoso. Con benevolencia, podría considerarse que ha sido por culpa del cronómetro que Artadi haya asegurado que Irán le tose a España en libertad de expresión. Lo singular es que, con idéntico tiempo, Manuel Valls, con más oficio como orador, ha podido ´levantar un andamio argumental mucho más sólido. Sencillamemte ha preguntado qué sucedería si las letras de Hasél fueran de un yihadista islámico o de un neonazi. Ha invitado a no pretender que los delitos de odio queden amparados por la libertad de expresión. No ha obtenido respuesta, ni siquiera del PSC, no por falta de sintonía con ese planteamiento, sino porque Jaume Collboni había decidido previamente que no entraría a debatir nada que no estuviera explícitamente en el texto que llevaba al pleno municipal.