MEDIO AMBIENTE

Anatomía del contenedor

Barcelona va camino de convertirse en una ciudad sin apenas recipientes para la basura. La idea es generalizar el modelo de la recogida puerta a puerta y así liberar el espacio público

Contenedores retirados del Eixample durante las protestas por la sentencia del juicio del ’procés’. Se escondieron bajo el puente de Marina

Contenedores retirados del Eixample durante las protestas por la sentencia del juicio del ’procés’. Se escondieron bajo el puente de Marina / El Periódico

  • La capital catalana espera poder cumplir la exigencia europea y reciclar el 50% de los residuos en el 2025

  • A principios de los 80 se dejaba la bolsa de basura en la calle. Ahora se busca lo mismo, pero en versión selectiva

  • El consistorio quiere que las empresas se hagan cargo de toda la vida de sus productos, desde la la fabricación hasta su posterior reutilización

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Las protestas ya no se miden en función de los heridos. Se calibran en base a los contenedores quemados. Barcelona ha vuelto a arder estos días, como lo hizo en mayo del 2014 tras el desalojo de Can Vies, en Sants, o después de conocerse la sentencia del juicio del ‘procés’, en octubre del 2017. Ahora ha sido el encarcelamiento de Pablo Hasél; y siempre con ese denominador común del recipiente urbano en el epicentro de las barricadas, ese anexo descontrolado a la legítima manifestación. Más allá de la quizás desmesurada preocupación que generan los contenedores, lo sucedido sugiere una reflexión sobre el rol que juega este elemento en las ciudades. Sobre todo en Barcelona, donde la batalla por la vía pública, con tan poco espacio, se libra a cuchillo.

Protesta en las calles de Sants tras el desalojo de Can Vies, con contenedores como protagonistas, en mayo del 2014

/ Carlos Montañés

Empecemos con las presentaciones. En la capital catalana hay 26.162 contenedores, entre orgánico (5.286), papel/cartón (3.190), envases (3.190), vidrio (3.114) y restos (11.422). Durante la pasada semana se quemaron un total de 292, muy lejos de los 1.044 que ardieron hace tres años. El precio por unidad, añadiendo el de reposición, ronda los 1.400 euros, así que la broma le ha salido a la ciudad por 366.000 euros, al margen de las molestias ocasionadas a los vecinos de las zonas afectadas. Si en el 2025 vuelve a producirse una situación similar, la idea es que los manifestantes se queden como Travolta en el meme de Pulp Fiction, mirando a izquierda y derecha y preguntándose dónde demonios están los contenedores.

Crisis climática

No es que vayan a desaparecer absolutamente todos, pero la idea es que la recogida selectiva puerta a puerta, que ya se realiza en barrios como Sarrià desde hace un par de años, se extienda por todos los distritos, lo que permitiría cumplir con las exigencias de la Unión Europea en materia de reciclaje. Sucede que España, al igual que en otros muchos aspectos vinculados al medio ambiente, como las emisiones contaminantes, viaja en el vagón de cola en la batalla contra la crisis climática. En nada debería llegar la sanción por no haber cumplido con lo pactado hasta 2020, esto es, que se recicle el 50% de la basura. Barcelona está hoy en el 38%, pero subiendo. Esa multa, por cierto, se entregará en mano al Gobierno, que la pasará a las autonomías y de ahí circularán hasta los municipios. Como el juego infantil de la bomba, pero con muchos miles de euros en juego.

Desalojo de una casa ocupada en Sant Andreu, en julio del 2008

/ Arnau Bach

Eloi Badia, concejal de Emergencia Climática, tiene a bien detallar a este diario cuál es la hoja de ruta. Empieza fuerte, asegurando que el modelo de contenedor "ha dado todo lo que podía dar y ya ha tocado techo". El problema es que estamos ante un enorme cubo de basura abierto las 24 horas. "Es como el vertedero del Garraf, pero repartido por toda la ciudad, así que tienen que desaparecer y debemos encontrar otro modelo con distintos instrumentos", resume el edil de Barcelona en Comú. Vamos, prosigue, hacia la "individualización" de la basura, es decir, que el acto tan litúrgico de bajar la bolsa con pantuflas y perro pase a ser un gesto de responsabilidad colectiva.

"El modelo de contenedor ha dado todo lo que podía dar. No podemos tener en la ciudad vertederos abiertos las 24 horas del día"

La experiencia demuestra que el cambio es la única solución: Torrelles de Llobregat y Tiana son los dos únicos municipios del área metropolitana de Barcelona que están dentro de los niveles que demanda Europa. Y es así gracias a la recogida puerta a puerta. Badia cree, o mejor dicho, espera, que este sistema estará implantado en toda la ciudad -donde se pueda- en el 2025.

Recogida (no) selectiva

Jordi Figueres es uno de los responsables del departamento de gestión operativa de la Dirección de Servicios de Limpieza y Gestión de Residuos. Empezó a trabajar el mismo año en el que Maragall asumía la alcaldía de Barcelona, en 1982, así que es el hombre perfecto para hablar sobre la historia del contenedor. Estos días, admite, no lo ha pasado bien con los altercados. "No son como un hijo, pero sí como un sobrino. Me sabe mal porque me parece muy bien que se proteste, pero no tiene ningún sentido quemar cosas que pagamos entre todos y que no perjudican al político o a la administración, sino al conjunto de la sociedad". Cuando entró en el consistorio, entre el 95% y el 97% de la basura se recogía en bolsas en la calle. En el camión iban el conductor y entre dos y cuatro personas retirar los deshechos. No se trabajaba ni domingos ni festivos. Era puerta a puerta, como la actual recogida selectiva, pero sin ser selectiva.

La época de los contenedores metálicos. En esta caso, septiembre del 2003, en la avenida del Paral·lel

/ Marta Jordi

No había reciclaje, así que las cosas que ya nadie quería terminaban o en el vertedero del Garraf o en las incineradoras. Por suerte, recuerda Jordi, no se generaban tantos residuos como ahora. El contenedor se expandió por toda la ciudad entre 1983 y 1990. Por motivos más de operatividad y de personal que de gestión de residuos. Los efectivos que dejaban de sacar bolsas de los portales podía destinarse a la limpieza de las calles. Eran tiempos en los que en el Eixample solo se pasaba agua por las arterias principales y en Ciutat Vella apenas se entraba. En paralelo se empezó con el reciclaje, primero de vidrio y luego papel y cartón y, más tarde, los envases. Con contenedores que iban variando en función de la empresa concesionaria. Hubo un tiempo, por ejemplo, en que eran metálicos, pero eran muy pesados y ruidosos. "Pero no quemaban tan fácilmente", señala este experto.

"Se han creado muchos vicios que tendremos que romper, y eso implica reflexionar sobre la sociedad de consumo y la cantidad de restos que generamos"

Sobre el papel social del contenedor, Jordi argumenta que se ha alimentado "una cierta impunidad porque nadie controla lo que tiramos". Los nuevos sistemas, prosigue, quizás sean más costosos, "pero generarán menos tratamiento de la basura y también beneficios medioambientales". "Se han creado muchos vicios que tendremos que romper, y eso implica reflexionar sobre la sociedad de consumo y la cantidad de restos que generamos". Lo han notado, sobre todo, con los muebles. Antes apenas había recogida de elementos voluminosos, mientras que ahora, detecta Jordi, parece que la gente cambia de salón como el que modifica su peinado.

Inteligencia artificial

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La idea, señalan tanto el concejal como el responsable municipal, es ir adaptando y modificando los hábitos poco a poco. Pero con la mirada puesta en el 2025, cuando toca de nuevo cumplir con la UE, que ya exigirá el 55% de reciclaje (para el 2030 solicitan el 60%). Ambos coinciden en que se puede conseguir. Eso pasa por ampliar sobremanera la recogida selectiva puerta a puerta donde se pueda (85.000 vecinos de Sant Antoni, Horta y Sant Andreu se ponen a ello entre mayo y septiembre), combinada con la neumática (subterránea hasta una central de recogida que puede estar dos kilómetros más allá) y con los contenedores inteligentes, que solo se abrirán con un código personal, y los de toda la vida en puntos donde no quede más remedio. Toda esta adaptación permitirá saber quién cumple y quién no, cosa que generará no pocas críticas sobre la privacidad de la cochambre personal. En cualquier caso, esto permitirá bonificaciones fiscales a las familias que más y mejor cumplan con el reciclaje.

El reto del vidrio es una liga distinta, ya que la UE dice que en el 2030 se tendrán que reciclar el 90% de estos envases. Los de la EGB y anteriores se acordarán de cuando ibas a la tienda con el vichy de cristal y el señor te daba un aguinaldo por el esfuerzo. Badia cree que empezaremos pronto a recuperar esa tradición, aunque otra opción es añadir al precio de la botella unos céntimos, y una vez reciclada, que ese montante se invierta en el municipio. El concejal apuesta por la primera opción, del mismo modo que considera que, tarde o temprano, la política del embalaje exagerado (magdalenas envueltas en plástico metidas dentro de otra bolsa de plástico, por ejemplo), tendrá que ser abordada por las administraciones. "De algún modo tenemos que penalizar a los fabricantes, en el sentido de que se hagan responsables de toda la vida de su producto, desde su creación hasta su reciclaje. Deberían ser proactivos en controlar toda la vida útil de lo que fabrican, ya sea un móvil o una lavadora, de manera que vuelvan a recuperarlo y entre en su propia cadena de reciclaje". Economía circular, vamos.