SINIESTRALIDAD

El año de los 'Fitipaldis'

Las multas por exceso de velocidad se doblaron en el 2020 en Barcelona a pesar del bajón general de la movilidad

Un padre agarra a sus hijos para cruzar la calle de Aragó, probablemente, la más peligrosa de Barcelona

Un padre agarra a sus hijos para cruzar la calle de Aragó, probablemente, la más peligrosa de Barcelona / FERRAN NADEU

  • Muchos conductores apretaron el acelerador gracias a que las calles estaban inusualmente vacías

  • El número de siniestros cayó un 38% y el de personas fallecidas pasó de 22 a 14, la mitad de ellos motoristas

  • La cifra total de heridos descendió casi un 40% pero los heridos graves en patinete pasaron de tres a siete

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Decía Eduard Punset que no estaba demostrado que tuviera que morirse. Sabía que su desenlace, como el de cualquier otro ser humano, era obvio. Pero le servía para llamar la atención sobre la ciencia y la necesidad de no dar las cosas tan por sentadas. Este miércoles se ha dado buena cuenta de ello con la presentación del balance de siniestralidad en Barcelona durante el año 1 de la pandemia. Los accidentes han bajado un 38% y la cifra de víctimas se ha reducido en casi un 40%. Lógico, porque la movilidad descendió a causa del confinamiento y las restricciones. Pero también revelador de algo tan previsible como lo que anunciaba el genial divulgador: con menos coches hay menos accidentes (y también menos contaminación), y eso es algo que ahora ya tenemos comprobado. El 2020, sin embargo, deja un dato tan peculiar como inquietante: las sanciones por exceso de velocidad, sin que la Guardia Urbana hiciera nada distinto respecto a 2019, se multiplicaron casi por dos.

Via Laietana, durante las semanas en las que apenas podíamos salir de casa, en marzo del 2020

/ FERRAN NADEU

Es un año que invita poco a la comparación pero que demuestra que una Barcelona con menos circulación (no se ha hecho la media anual pero se llegó a un 90% menos de tráfico en los momentos cumbre y ahora estamos algo por encima del 10% menos respecto a antes de la pandemia) es una ciudad con menos muertos y heridos graves, con menos familias destrozadas, con menos bajas laborales. Se ha pasado de 11.832 heridos a 7.205 (-39,11%, pero ojo, porque los patinadores graves pasan de tres a siete) y de 22 a 14 víctimas mortales (la mitad eran motoristas) en un total de 5.715 accidentes (9.215, en el año anterior). Son 15,6 siniestros diarios, que siguen siendo muchos en una urbe que busca situarse como referente mundial del urbanismo amable y pacificado. A destacar también el grado de implicación de los distintos medios de transporte, ideal para los que gustan de repartir culpas, algo que tiene poco sentido en una sociedad que cada vez apuesta más por la intermodalidad, esto es, a ratos andando, ahora en bus, luego en bici y mañana cojo la moto. En cualquier caso, de los 10.855 vehículos implicados, el 36% son turismos, el 37,7% son motos, el 5,7% son bicicletas y el 4,4% son vehículos de movilidad personal (patinetes y compañía).

Soledad y relajación

Respecto de la velocidad, el teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, ha asegurado que la policía local no intensificó la vigilancia durante 2020. Es decir, se hicieron los mismos controles y se usaron los mismos radares. Así las cosas, y a pesar de que hubo semanas en que la calle parecía una película de catástrofes (que un poco lo era), las sanciones por correr demasiado han pasado de 347.173 a 604.104, casi el doble. Son 1.655 cada día. El diagnóstico municipal es que muchos conductores, con las grandes arterias vacías, se vinieron arriba y apretaron el acelerador mucho más de la cuenta.

Regulación de los semáforos para reducir la velocidad

La demostración de hasta qué punto el bajón de tráfico relajó a lo conductores está en el reparto por meses. Según datos de la Urbana, el 56% de las sanciones por correr demasiado se impusieron en los meses de más restricción: marzo, abril y mayo. Todo, con cierta ayuda de la configuración semafórica de la capital catalana, con una onda verde en grandes calles (Aragó, Balmes, Aribau, Gran Via...) que invita a superar con holgura los 50 kilómetros por hora. Adrià Gomila, director de Movilidad, ha avanzado la intención de modificar este sistema, cosa que ya se ha hecho, por ejemplo, en Consell de Cent.

El conductor de un coche perdió la vida en este siniestro, en Pallars con Pamplona, el 23 de abril del 2020

/ FERRAN NADEU

Como cada año, el balance de siniestralidad se acompaña de las zonas de concentración de accidentes, los mal llamados puntos negros. No lo son por una razón evidente: suelen ser los lugares en los que hay más tráfico, así que además de la configuración de la vía, que siempre puede ayudar a que la cifra incremente, es lógico que a más coches, más choques. Son, por este orden, Aragó-Balmes (19), Gran Via-Amadeu Oller (15), el entorno de Gran Via, 583 (14), y los cruces de Aragó con paseo de Gràcia y Calàbria (13). Aragó está en la mitad de los 12 lugares más accidentados durante 2020. Está por ver si la reciente instalación de un carril bici ayuda a suavizar la cosa.

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Por todo ello, la Urbana iniciará una cruda campaña para tratar de llegar a la conciencia de la ciudadanía. Lo harán a través de videos de accidentes reales, como el compartido la mañana del miércoles en rueda de prensa. Se trata de un choque fronto-lateral entre un vehículo y una moto. El coche bajaba Balmes y la moto iba por la Diagonal. Lo grabó todo un turista con la cámara instalada en el frontal del vehículo. El desenlace fue fatal: la motorista terminó en silla de ruedas.

Campaña municipal contra los accidentes de tráfico