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Iñaki López de Vinaspre: "Barcelona se tiene que volver a reconstruir"

  • Con 35 restaurantes en seis países, el ideólogo del grupo Sagardi observa desolado a la ciudad que eligió para vivir hace tres décadas. Con otros 2.000 empresarios de toda España reclama al Gobierno ayudas económicas de verdad.

Iñaki López de Vinaspre, presidente del grupo Sagardi.

Iñaki López de Vinaspre, presidente del grupo Sagardi. / Sergi Conesa

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¿A dónde va Barcelona? Barcelona es una ciudad creativa, potente, disruptiva, maravillosa, posiblemente desorganizada…. Aún vive de los réditos del 1992.

¿Y ahora, a dónde va? Ahora va al despiste. Los barceloneses han renunciado al activismo. Los agentes sociales reales están dormidos y se han perpetuado los institucionales. Son los representantes vecinales, empresariales, las asociaciones de comerciantes o los agentes políticos.. Los verdaderos agentes de desarrollo de esta ciudad tienen que ser otros. Barcelona se tiene que volver a reconstruir. 

¿A qué se refiere? Hay un tapón entre las administraciones, Ayuntamiento, Generalitat, Diputación , y los agentes sociales e institucionales, los sindicatos, las asociaciones de vecinos, empresariales, comerciantes.

¿Nadie se libra? La miseria de esta ciudad es una expresión de la mediocridad colectiva. Durante 200 años la clase obrera contrarrestaba a los poderes públicos, a la burguesía. Hoy han desaparecido esas fuerzas de presión o han renunciado y los agentes políticos van por libre.

Pobre clase política. Son pollos descabezados que no tienen dueño. ¿Quién va a liderar esto? Nadie.

¿A dónde vamos? Los barceloneses somos más majos que la hostia. Todos somos buenistas, todos somos buenos, a todos nos gusta la bici. Todos reciclamos la basura. Todos somos buenos padres de familia. Todos somos muy enrollados. Y pese a todo no tenemos un compromiso activo con un modelo de liderazgo de ciudad. Es la nueva religión del siglo XXI, ser buena gente. La buena gente cuando no asume compromisos sociales, comienza a no ser buena gente.

Su negocio está también en Madrid. En Barcelona hemos elaborado un discurso muy complicado con el turismo. Se escucha ‘No nos interesa el turismo’. ‘Nosotros vivimos bien sin el turismo‘. Puede ser interesante la reflexión, pero ¿de qué vamos a vivir? De las nuevas tecnologías, te dicen. O sea, Barcelona será Silicon Valley, el referente de las nuevas tecnologías de Europa. Y ¿dónde está el liderazgo? ¿Y las escuelas? ¿Dónde está el talento retenido? Juntamos garajes y fábricas antiguas para meter gente para vivir como becarios. ¿Este es el modelo? Habrá que transformarlo para dar con soluciones, pero no digamos que el turismo es nuestro enemigo. 

También tienen restaurantes en Inglaterra, México, Argentina, Holanda, Portugal. Hay países que han adoptado medidas para sostener las empresas el tiempo que sea necesario y países que no.

Su gente de Londres, por ejemplo, ¿cómo está? Confinados, pero la empresa está sostenida por el Estado, como todas las empresas. Protegidos hasta el 80%, y te pagan el IBI. En Ámsterdam y oporto, lo mismo.

¿Les tratan mejor en Madrid? En Madrid se ha adoptado una política de no criminalización de la restauración, donde las medidas de seguridad son muy estrictas. Hemos podido seguir funcionando.

Los niveles epidemiológicos de Madrid son desorbitados. Bastante parecidos a los de aquí. Los contagios no se producen en la restauración, se producen en el ámbito familiar y en espacios de aglomeración. No es normal que El Corte Inglés esté abierto, el Liceu lleno y los restaurantes cerrados a las tres y media. El catolicismo catalán tiene algo de calvinista. Eso de que te lo pases bien es muy feo, con la que está cayendo no puedes pasártelo bien. 

Los restauradores plantan cara al Gobierno con una demanda. Ya somos más de 2.000, llegaremos a los 6.000. Es una demanda muy sencilla, reclamamos cantidades sobre el diferencial de resultados entre los últimos tres años y el 2020 y el 2021.No entramos a discutir si es correcto o no que restrinjan las actividades. El Estado está rompiendo las reglas del juego y tiene que cubrir o solucionar ese sistema. Es una demanda de cantidades. Asumimos que acabaremos en el Supremo .

El camino será largo. Sí, pero será un camino de dignidad. Plantamos cara tras un año sentándonos en todas las mesas posibles, municipales, autonómicas, nacionales… escuchando las buenas palabras de los nuevos sacerdotes, los especialistas en sanidad…

José Andrés dijo que los restaurantes sobrevivirán, pero no cuántos sobrevivirán. Seguirá adelante la gente bien organizada, con conceptos sólidos, sin deudas o que no estuviese endeudada excesivamente antes de esta pandemia.

¿Lo del restaurador rico era falso? Este negocio nunca ha sido para hacerse rico. Nunca un empresario de la restauración se ha hecho rico. 

Algunos ahorros tendrían antes del desastre. Ahorrillos, como cualquiera que trabaja 14 horas al día durante muchos años. Es un negocio vocacional... Si quieres hacerte rico, un restaurante es el peor.

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Sagardi Barcelona repartió comida al inicio de la pandemia. Fueron días muy intensos. Cerramos de golpe 35 restaurantes en seis países distintos, con legislaciones distintas….Nuestra gente tenía ganas de ayudar. Durante mes y medio dimos 3.600 comidas diarias. Encontramos un montón de hogares de abuelos solos, mayormente mujeres.

Volvemos al principio. ¿A dónde va Barcelona? Barcelona necesita una revolución ideológica, donde nos dejemos de dogmas, nos sacudamos el buenismo. Hay que lograr que esta ciudad sea interesante para nuestros hijos. O acabarán emigrando. Será un fracaso. Tenemos que conseguir que nuestros hijos puedan disfrutar, vivir bien, desarrollar su actividad, ser creativos y desarrollar lo que les ha dado la sociedad. Y si no hay espacio para eso, somos unos fracasados.. Somos corresponsables del modelo de ciudad que estamos dejando a las nuevas generaciones . ¿A qué queremos que se parezca Barcelona? ¿A Estocolmo o a Vic?