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Un brote verde en el paseo de Gràcia de Barcelona

  • El galerista Bert Van Zetten abre sala, La Villa del Arte, en la señorial calle en tiempos de pandemia e incertidumbre 

  • El espacio acumula público los fines de semana, cuando se erige en uno de los pocos espacios abiertos en la avenida 

  • Las restricciones no afectan a la sala, que recibe el mismo tratamiento que las exposiciones y museos

La galería Villa del Arte abre una nueva sede, tiene otras dos en el Gòtic, en el paseo de Gràcia.

La galería Villa del Arte abre una nueva sede, tiene otras dos en el Gòtic, en el paseo de Gràcia. / Ferran Nadeu

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

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El covid aprieta. Y no solo en los hospitales sino también en los comercios y la restauración. A los primeros los desborda por exceso, a los segundos por escasez. Ya saben, la incertidumbre no es sinónimo de alegrías. Y menos en el paseo de Gràcia. En tiempos prepandémicos, en la calle más señorial de Barcelona los foráneos con posibles se daban grandes festines de consumismo en las boutiques de alta gama que resistían a la cada vez más fuerte presión del imperio de Amancio Ortega. Por entonces, en el obituario del paseo ya figuraban la mayoría de tiendas de las llamadas de toda la vida. Vamos, las que definieron durante años la personalidad del boulevard y que la globalización, el turismo y, sobre todo, los alquileres se llevaron por delante. Así las cosas, llegó el virus y sus imperativos y el paisaje se entristeció. 

Tras el confinamiento, la sastrería Señor ya no volvió a levantar la persiana de su establecimiento de paseo de Gràcia 26 dejando vacío lo que antaño había sido templo de la joya modernista: la firma Masriera. Aunque algo queda del local por donde a principios del siglo XX desfilaba la burguesía barcelonesa en busca de la preciada orfebrería: pintura decorativa en los techos. “Un poco barroca pero contrasta bien con el arte contemporáneo”. Palabra de Bert van Zetten. Un holandés afincado en Barcelona. Un apasionado del arte. Y un valiente. Valiente porque abrir una galería en pleno paseo de Gràcia con la que está cayendo es casi un acto heroico. Y eso es justo lo que ha hecho Van Zetten. “Puede ser una locura pero también es una oportunidad”. Algo sabrá de ello porque Villa del Arte no es la primera sala que inaugura el galerista. De hecho, es la cuarta. Cuenta con una en Ámsterdam, en el Spiegelkwartier, el histórico barrio de las artes y antigüedades de la ciudad holandesa; y con otras dos en el Gòtic. 

Interior de la sala de exposiciones de la galería Villa del Arte en su nueva sede del paseo de Gràcia.

/ Ferran Nadeu

Van Zatten concibe la nueva galería como un escaparate. “Ahora en el Gòtic no hay turistas y tampoco es un lugar de paso. Aquí hay más visibilidad. Mucha gente entra, ve piezas que le gustan y se anima a ir hasta la sala de la calle de la Palla, donde tenemos mucha más obra y muestras individuales de nuestros artistas”. De ahí que contemple la apertura más como una oportunidad que como una locura. Sin el visitante de fuera y sin ferias internacionales a las que acudir, lo suyo es buscar salidas. La venta ‘online’ es una de ellas. Y funciona pero no te acerca a nuevos clientes sino que consolida a los que ya lo son. Lo dice Van Zatten y las asociaciones de galeristas. El gremio afirma estar tocado pero no hundido. Y asegura tener una capacidad de resistencia numantina, vienen sufriendo desde la crisis de 2008, y mucho optimismo. De momento no ha cerrado ninguna sala asociada y la campaña ‘Entra. La galeria és cultura’ ayuda a atraer público.

Baño de arte

El mismo optimismo que transpira Van Zatten. Está contento con la experiencia, tanto que lo que previó como una sala con tiempo definido, nueve meses, puede que acabe siendo una tercera sede definitiva. Bien por él. Pues su iniciativa da un toque de alegría al paseo de Gràcia, sobre todo los fines de semana. Abre, se lo permiten las restricciones que contempla a las galerías en el mismo paquete que las salas de exposiciones y los museos. De manera que su apertura es el único faro de vida de la avenida los sábados y los domingos por la tarde, cuando la lucha contra el covid convierte la señorial calle en un antídoto contra el consumismo. Imposible zascandilear de tienda en tienda. E imposible tomarse un café. Solo queda una salida: un baño de arte. 

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El escaparate abduce con una inmensa escultura de acero inoxidable de Jordi Díez. Y el interior seduce con sus llamativas piezas. Todas contemporáneas pero todas diferentes. Una inmensa alfombra de época sirve a Christiaan Lieverse como lienzo para pintar un cautivador retrato de mujer. Mientras, Miquel Aparici convierte en escultura material de desecho. Ahí está su enorme gorila realizado con bolas de espuma. La rareza sale de la personalidad de Hiroomi Ito, artista japonés que vive y pinta en Barcelona pero que hasta la fecha solo exponía en Japón por deseo propio. 

Y el público pone el calor, especialmente los fines de semana, cuando la galería se erige en el único espacio abierto de todo el paseo. Lo dicho, un brote verde entre tanta incertidumbre.