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El grafitero de baldosas de Barcelona

Un arquitecto cuelga por las calles réplicas grafiteadas de 'panots' e invita a quien las encuentra a que se las lleve a su lugar favorito. Un 'street art' colectivo

Joan Juncosa ha pegado esta semana cuatro baldosas grafiteadas con la Torre Agbar de fondo.

Joan Juncosa ha pegado esta semana cuatro baldosas grafiteadas con la Torre Agbar de fondo. / Robert Ramos

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Dirías que es una alucinación. Como si acabaras de ver a Paquirrín haciendo de rey Melchor o a los Village People tomando el Capitolio de EEUU. ¿Qué hace ahí una baldosa hidráulica? Un 'panot' de colores chillones reluce en una pared callejera llena de grafitis. @juncosa_bcn, se lee debajo, etiquetado de puño y letra. En cuanto lo tecleas en Instagram, aparecen más 'panots' hipnotizantes y una invitación: “Si te gusta alguna baldosa, es tuya. Llévatela a tu barrio, cuélgala en tu lugar favorito y compártela con el mundo”. Ya han reaparecido en Italia y Estambul.

La arrancas de la pared con pudor de grafitero primerizo. Es fácil: está pegada con tiras adhesivas. Es entonces cuando descubres -pero si no pesa- que no es una baldosa de cerámica, sino un lienzo. Una réplica grafiteada. La revisas con la mirada con brillo de los Goonies. Y, sí, detrás esconde un papelito doblado a lo mapa del tesoro. Lo abres mirando de reojo. “Esta baldosa es tuya”, lees en tres idiomas. “Cuélgala en tu lugar favorito”, insiste la nota. “Compártela con el mundo”. Firmado: #baldosasporelmundo. Así se empieza a expandir por las redes este proyecto con 'hashtag'. Un 'street art' colectivo. Arte callejero de quita y pon.

Regalito que ni pintado en el parque de Glòries.


/ Joan Juncosa

Esta es "una historia de 20 x 20 cm”. Así la llama él: #elchicodelasbaldosas, se ha rebautizado en Instagram. Joan Juncosa, 33 años, arquitecto. En sus ratos libres, grafitero de 'panots'. Un artista callejero que da nombre y apellido. “No creo que haga nada malo –se encoge de hombros-. Y si tiene repercusiones malas, oye, pues quiero dar la cara”.

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No se esconde, no. Sus grafitis formato 'panot' son despegables. Esa es la idea: “Que se muevan”. Este martes ha colocado cuatro a plena luz del día con la torre Agbar de fondo. Suele colgar al menos uno por semana. Siempre a media altura, para que cualquiera los pueda coger. Se patea Barcelona en busca de rincones decadentes-maravillosos. “Es tan importante la obra como su entorno”, asegura. ¿Su objetivo? “Ayudar a redescubrir la belleza del espacio público –responde-. A hacerlo más nuestro”.

Han reaparecido baldosas en Venecia, Trapani (Sicilia) y el puente de Galata (Estambul)

Habrá pegado por las calles unas 70 baldosas en tres meses, calcula. “Muchas veces no sucede nada –asume con resignación-: se caen al suelo y las recoge la basura”. Pero las otras veces compensan: han reaparecido en el puente de Galata (Estambul), en una calle de Trapani (Sicilia), con Venecia de fondo.   

Hacía tres años que Joan no tocaba un pincel, desde que se mudó de Tarragona. Ironías preconfinamiento: decía que no tenía tiempo. Con la vida a trompicones en pandemia, retomó los lienzos y revisó esas ideas que tiene apuntadas en una libreta desde hace 10 años. “Ideas para revolucionar el mundo”, se ríe. “A ver, ¿qué hacemos?, ¿cómo nos intentamos sentir más unidos ahora que estamos tan dispersos?”.

Réplicas de baldosas sobre lienzos de 20 x 20 con base acrílica y espráis coloridos.

/ Joan Juncosa

El proyecto germinó con una mudanza. “Cosas de 2020”: vecinos que de repente pierden el trabajo y se van. “Yo quería que tuvieran algo de Barcelona –recuerda Joan-, algo incluso de nuestra casa”. Todos los pisos de su bloque tienen baldosas hidráulicas. Así que replicó los 'panots' en lienzos de 20 x 20 con base acrílica y espráis coloridos. “Llevaos esto”. Les dio cuatro piezas, juntas formaban una flor. “Hicieron una competición –relata el artista-. Cada uno la colgó en su tierra. En su lugar favorito. En su ciudad de origen”. País Vasco, Marsella, dos en Argentina.

Una de las baldosas de Juncosa con el puente Bizkaia de fondo.

/ Instagram

“Eres el chico de las baldosas”, le empezaron a decir sus amigos. “Y encima Juncosa rima con baldosa”

“Me está encantando esto –pensó el grafitero neófito-, quiero más. Pero no quiero elegir yo con el dedo. Que la calle juzgue”. Y empezó a colgar sus lienzos a la intemperie. “Eres el chico de las baldosas”, le empezaron a decir sus amigos. “Y encima Juncosa rima con baldosa”. A finales de octubre se estaba estrenando en Instagram.   

A estas alturas, sus obras chillonas  hasta tapan desperfectos de las aceras. “Porque me metí una leche con un boquete”, se justifica el artista. “Un 'panot' que faltaba”. Aparte de maldecir a la madre de algún concejal, él lo tapó con una baldosa tuneada (esta de pavimento, de las que tiran en las obras). Ya ha tapado cinco agujeros. Si le preguntas por qué, te hablará del 'kintsugi'. Es una técnica japonesa con moraleja vital: arreglan fracturas de cerámica visivilizando las grietas con polvo de oro o plata. Hay quien lo resume como “la belleza de las cicatrices”.

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/ Joan Juncosa

¿Adónde irá a parar todo esto? “Ja, no tengo ni idea –responde su ideólogo-. De entrada, esta incertidumbre es lo que te hace trabajártelo”. De momento, le han pedido hasta suelos. “Mi idea no es vender esto”. Él prefiere hablar de hacer un mundo mejor. “No es tan difícil –dice con la convicción de Greta Thunberg-. Las pequeñas cosas son poderosas”.