MEMORIA HISTÓRICA

"El pueblo gitano no tiene un territorio propio, este está en nuestra lengua"

El penúltimo de 10 hermanos criados en un campamento en Italia, Seo Czmich dirige la Romanó Kher, casa de la cultura y la memoria gitana en BCN

Uno de los objetivos de este espacio abierto en el Gòtic, cuya inauguración quedó pendiente a causa de la pandemia, es reivindicar y recuperar la lengua romaní

Seo Cizmich, director de la Romanó Kher, la casa de la cultura gitana. 

Seo Cizmich, director de la Romanó Kher, la casa de la cultura gitana.  / MAITE CRUZ

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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En el 4 de la escondida Jupí, callejuela que nace en la plaza de los Traginers, una de las más bellas del Gòtic, remueve papeles Seo Czmich, director del flamante espacio, todavía pendiente de inaugurar. Tenían que hacerlo en marzo, pero la pandemia lo impidió. Este estudioso es el penúltimo de los 10 hijos de una familia croata migrada a Italia, país en el que él nació y creció, en un campamento gitano de Génova. "A mis ojos Italia es un lugar precioso, pero tiene su historia manchada con el pueblo gitano. No solo durante la segunda guerra mundial, también en la actualidad, con los campamentos", asegura desde la pequeña sala que recibe al visitante en la Romanó Kher (Casa Romaní). Tras una imponente puerta de madera recién reformada, unas blanquísimas paredes cargadas de memoria. En una de ellas, un retrato de Rukeli, boxeador símbolo de la resistencia y la dignidad, no solo para el pueblo gitano, sino para todos los pueblos oprimidos. Visten también sus paredes reproducciones de carteles del polifacético Helios Gómez, líder anarquista y autor de la 'Capilla Gitana' de la Modelo. Su hijo, Gabriel Gómez, protagonizó el primer Café Romaní, una de las pocas actividades que el covid les ha permitido realizar en la casa.

El boxeador Johann Trollmann, Rukeli. / Archivo

"Mi abuela fue internada en un campo de concentración junto a su prima hermana. Cuando llegaron a Italia, la prima  de mi abuela tenía marcados los números en el brazo. La gente lo veía, era evidente; pero nadie le preguntó nada. Automáticamente dijeron 'muy bien, a esta gente hay que buscarles un espacio'. ¿Y qué hicieron? Construyeron un campamento temporal que duró 20 años. Ahí murió la prima de mi abuela. En Italia se violan los derechos de los gitanos cada día", denuncia este activista gitano, cuyo empeño es que la memoria oral del pueblo romaní no desaparezca, uno de los motivos por los que han abierto este pequeño espacio en el centro de Barcelona, donde hasta ahora "no existía un lugar de referencia para el pueblo gitano donde la creación del diálogo intercultural se construyera en primera persona".

"Somos la resistencia"

De muy joven, cuando empezó a estudiar -algo que no le fue sencillo, se tenía que levantar dos horas antes para coger la madera, calentar la leche...-, Czmich se dio cuenta en seguida de cómo la historia del pueblo gitano no tenía espacio en la academia. Ahí empezó a estudiar el pasado de su pueblo, los distintos genocidios sufridos... Y ahí empezó su activismo gitano y sus estudios sobre la historia del Holocausto. "No lo hacía desde el victimismo, sino desde la concepción de que nos quisieron exterminar, pero los gitanos seguimos aquí, estamos vivimos, por lo tanto somos la resistencia", relata convencido de que mantener viva su lengua es otra manera de combatir el antigitanismo. "El pueblo gitano no tiene un territorio propio, por eso de alguna manera, nuestra lengua es un poco nuestra tierra", repite el activista, cuyo trabajo le ha hecho merecedor de ser nombrado embajador honorífico de la lengua romanó.

Otro de los objetivos de la creación de la Kher es, precisamente, evitar la extinción de la lengua romaní. "Trabajar por cambiar la situación de España, uno de los países con mayor presencia de población romaní y que, sin embargo, posee el porcentaje de habla del romanó más bajo de Europa. Ahora se vuelve a hablar un poco gracias a la inmigración de Rumanía, que sí lo habla", apunta Czmich, cuya lengua materna es el romanó.

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Reconocimiento a los hablantes

Con ese empeño han creado un premio para reconocer a las personas que están trabajando por la recuperación del romanó. En cuanto puedan -cuando se lo permita el dichoso covid-, empezaran con un curso de romanó para niños y adultos con la colaboración de la Unión Romaní y remprenderán los Café Romaní iniciados con Gabriel Gómez, concebidos para debatir y dar a conocer las historias del pueblo gitano. También quieren organizar exposiciones de artistas gitanos tanto locales como internacionales, además, por supuesto, de seguir recopilando la memoria y la lengua. "Nuestra lengua se creó durante el viaje, pero ahora no la mantiene viva ni un académico, ni un lingüista; hay solo un grupo que la mantiene, que son los hablantes. Son estos los que mantienen la lengua viva cuando se levantan y le dan los buenos días a sus hijos o a su madre. Ellos son los actores principales. No podemos ponernos medallas", concluye.