LA BARCELONA INVISIBLE

La resistencia mantera

Algunos jóvenes senegaleses se han marchado a trabajar al campo ante la imposibilidad de ganarse la vida en la ciudad a causa de la pandemia

Los que quedan en la capital catalana se arropan entre ellos, organizados en el fraternal y siempre de guardia Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes

Miembros del Sindicato Mantero con una camiseta de Ansu Fati.

Miembros del Sindicato Mantero con una camiseta de Ansu Fati. / JOAN MATEU PARRA

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Papalaye y Dauda están sentados frente al ordenador, tras el mostrador de madera de la tienda Top Manta, en la calle de En Roig, en el Raval. Traducen un texto al wolof. Les han pedido si pueden pasar un discurso del castellano a su lengua para un acto. Son las dos y media de un martes de estado de alarma, bares y restaurantes están cerrados y el centro de la ciudad está triste; desierto. Esta cálida y colorida tienda, en cambio, es un pequeño oasis de vida. Además de Papalaye y Dauda, otra compañera del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes ordena algunas prendas en las repletas estanterías y, en la trastienda, funciona el taller de serigrafía. Les acompaña música africana de fondo. Estos son momentos difíciles, pero están juntos, como lo estuvieron durante el primer estado de alarma, cuando convirtieron el local en un punto de recogida de alimentos que repartieron entre 300 familias y el taller en una fábrica de mascarillas y batas para unos hospitales a los que la pandemia les cogió prácticamente desnudos.

Crear primero la marca Top Manta y abrir al poco tiempo esta tienda, fue la gran apuesta del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona, nacido en el 2015 para tener voz. En un momento en el que todo el mundo hablaba de ellos sin ellos decidieron organizarse y construir su propio relato. Explicar la realidad con sus ojos y luchar para transformarla. En ese contexto, en verano del 2017, como muestra de su voluntad por salir de la calle, crearon la marca Top Manta, que definieron como "colectiva, sencilla, rebelde y digna, que transforma lo peyorativo -la etiqueta top manta- y lo dignifica". "Una marca solidaria y popular, subversiva frente a las grandes empresas que denuncia el racismo, la persecución y el castigo que vivimos como colectivo", presentan. En noviembre del mismo año abrieron esta tienda en el Raval y hoy las camisetas con su logo -un cayuco- son ya casi un clásico que venden también a través de su página web. "Tenemos muchas más ideas y proyectos para poder ofrecer alternativas a más compañeros, pero vamos poco a poco", explica Papalaye.

Los antecedentes de Eto'o y Alves

Los dos amigos, Papalaye y Dauda, comentan el polémico artículo en el que se dice que Ansu Fati corre "como una gacela" o "como un mantero en el paseo de Gràcia al grito de 'agua', 'agua', al ver a un policía". "Lo que más rabia me da es que ese chico ha dejado su país y ha cambiado su nacionalidad por defender a España, pero para ellos sigue siendo solo un negro. Por muy bien que juegue al futbol; por mucho dinero que gane. Si a él le tratan así, que es una estrella del Barça, imagínate cómo tratarán a los chicos de la calle de verdad, los que sí corren escapando de la policía porque es la única manera que tienen de sobrevivir", reflexiona Dauda, a quien lo que más le entristece es que este no es un episodio aislado. "Me recordó a cuando llamaban mono a Eto'o, o cuando le tiraron un plátano a Dani Alves. Por eso no podemos normalizarlo ni nos podemos callar", prosigue el joven senegalés, quien, al lograr regularización su situación, pudo dejar la manta y compatibiliza la militancia antiracista desde el sindicato con un trabajo en un restaurante; ahora en ERTE. 

"Si te están diciendo todo el día que tu vecino es un ladrón, si un día te falta algo pensarás automáticamente que ha sido tu vecino. No podemos tolerar esos mensajes racistas y criminalizadores hacia los manteros", insiste Dauda a quien lo de "correr como una gacela" le dolió especialmente. Cuando trabajaba en el campo en Huelva ("conozco más España que mi país", precisa), le preguntaron que de dónde era y respondió que de Senegal.

-¿De Senegal? ¿Y eso dónde está?

- En África.

-¡Ah! ¡Entonces vives con los animales!

-Sí, en casa tenemos cuatro tigres, tres leones y dos jirafas -respondió encendido e irónico. 

Buscando chatarra o en casa

Dauda no es el único que, por sobrevivir, conoce más España que Senegal. Muchos de sus compañeros hicieron el camino contrario y se han ido al campo ahora, tras el estallido de la pandemia, a buscar una alternativa ante el crack del turismoAlgunos se han ido a Lleida; otros a Andalucía. "Pero la situación allí es horrible", señala Dauda, quien relata también que otros siguen aquí, "buscando chatarra o en casa". "Nos ayudamos mutuamente y eso es lo que nos salva", añade. 

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Papalaye también le hierve la sangre leer los insultos a Ansu Fati, pero no le sorprenden. "Nosotros lo vivimos cada día. El ejemplo más claro es en la cola de la discoteca. Puedes ir mejor vestido que un blanco y que no te dejen entrar. No te dirán que es porque eres negro, se inventarán cualquier excusa, pero tú lo sabes, no eres tonto. No sé si les molesta ver a negros en sus lugares o qué pasa", denuncia este otro miembro del sindicato, quien subraya que el racismo es algo estructural. "En un juicio, por ejemplo, la palabra de un blanco valdrá más que la tuya. Y es algo que no se puede demostrar, porque no lo dicen abiertamente, pero que está ahí. Es evidente. Igual que en el metro, si te ve una alguien por detrás, porque estás pasando por ahí, y de repente se agarra el bolso fuerte", concluye con la mirada triste sobre su mascarilla de Top Manta.

Tres alternativas sobre la mesa

En cuanto a las negociaciones para encontrar una alternativa al taller que ocupan en la calle del Peu de la Creu, donde también cosieron miles de mascarillas y cuyo desahucio se paró hace dos semanas con el compromiso de encontrarles un realojo antes de 45 días, desde el consistorio aseguran que "todas las opciones están sobre la mesa". "Tenemos tres posibles alternativas en tres lugares distintos, pero también estamos explorando todas las opciones para que esta actividad permanezca donde está ahora", señala un portavoz municipal. "Las negociaciones abiertas interpelan directamente a ImmoCaixa, también para que se responsabilice de dar una solución a las personas que viven en el espacio. Insistimos en la responsabilidad de la propiedad para que estos locales no queden vacíos y en desuso, como sucedió durante mucho tiempo y a causa de eso pudo ser ocupado por grupos de delincuentes y traficantes de droga", prosigue la misma voz.