30 nov 2020

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PUERTAS ABIERTAS

La arquitectura de Barcelona saca músculo

La pandemia y las restricciones no deslucen el Open House que suma 44.000 visitantes armados con mascarilla y gel hidroalcohólico

Pese a la gran oferta, el público tiene querencia por el modernismo, que copa el `ranking¿ de los edificios más vistos liderado por la Modelo

Natàlia Farré

El edificio racionalista de la antigua sede de la Editorial Gustavo Gili ha debutado este año en el Open House. 

El edificio racionalista de la antigua sede de la Editorial Gustavo Gili ha debutado este año en el Open House.  / SERGI CONESA

Barcelona saca músculo arquitectónico, pese a la pandemia. No solo porque la ciudad es en sí misma un museo de modernismo o diseño contemporáneo (sobre todo del periodo preolímpico) al aire libre. Sino porque hay una serie de ciudadanos fieles que nunca fallan a la cita del 48H Open House, el festival de arquitectura que una vez al año abre las puertas de muchos edificios que, por privados o administrativos, permanecen inaccesibles el resto del año. Este fin de semana no ha sido una excepción. Pese a los imperativos del covid-19, o sea, mascarilla, gel hidroalcohólico y distancia de seguridad, la cita ha sido un éxito. Cuarenta y cuatro mil visitas, colas y un metro y medio entre los parroquianos. La buena respuesta no es una sorpresa pues cada año desfilan por los espacios que se acogen al certamen una media de 70.000 personas. Y con una ciudad amodorrada por las restricciones, la cifra de este año se considera un triunfo.

La oferta es inabarcable: 154 edificios abiertos presencialmente (más 46 de forma virtual) además de actividades e itinerarios que recorren la arquitectura desde Roma hasta el siglo XXI.  Hay donde escoger pero el barcelonés tiene querencia por el modernismo. Así en el ‘top ten’ de los edificios más visitados aparecen cinco construcciones de formas ondulantes: la Casa Enric Llorens de Grau (poseedora de la galería con más voladizo de la ciudad), la Casa Sayrach (cuyo vestíbulo con forma de esqueleto de ballena deja sin aliento), el Edifici Mas de Miquel (levantado alrededor de un espectacular patio interior ovalado), la Casa Pere Company (quizá la más desconocida de las obras firmadas por Puig i Cadafalch) y el Palau Macaya (un homenaje a la arquitectura medieval). Pero lo dicho, no solo del modernismo vive la arquitectura de Barcelona. Aunque a veces lo parezca. La ciudad es mucho más, es también brutalismo (L’Orfebreria, otro de los ‘hits’ de esta edición, es un ejemplo de ello), historicismo (el Taller Masriera, también espacio de éxito este año), gótico (el Monestir de Pedralbes, un clásico que triunfa cada edición)… Y es racionalismo.

La galería de la Casa Enric Llorens de Grau es la que tiene más voladizo de Barcelona. / SERGI CONESA

Ejemplo de racionalismo

De este último movimiento hay un fantástico ejemplo en el centro del Eixample: la antigua sede de la Editorial Gustavo Gili. El edificio tiene tanta historia como la empresa que lo encargó. El proyecto arquitectónico lo puso en marcha Gustau Gili i Esteve, segunda generación del negocio, un hombre ilustrado que lo mismo publicó dos ediciones de bibliófilo fundamentales en el universo picassiano: ‘La Tauromaquia’ y ‘El entierro del Conde de Orgaz’ que quiso levantar una oficina moderna. Y nada más vanguardista en la España de los 50 que los arquitectos del Grup R, esos que querían romper con el monumentalismo franquista y reconectar con la modernidad arquitectónica que representó el GATCPAC antes de la guerra civil. Dos de los miembros de dicho grupo, Joaquim Gili y Francesc Bassó, pensaron el edificio. Lo hicieron a consciencia, durante siete años (de 1953 a 1960), y dibujaron hasta 250 planos, desde las barandillas de madera noble a los enchufes minimalistas. 

El resultado fue realmente una oficina moderna  de grandes aperturas y elegantes espacios diáfanos, luz natural, patios ajardinados, escalera helicoidal y mobiliario de diseño. Todo se mantiene en pie y como se pensó originariamente, incluso la paleta cromática de las paredes. Pero verlo no es fácil. De hecho, el festival 48H Open House llevaba persiguiendo su apertura durante los días de certamen desde la primera edición, pero hasta la undécima no ha sido posible. Como tampoco se ha podido cruzar nunca, hasta el sábado, el umbral de uno de los edificios más extraños y menos conocidos de Barcelona: el Taller Masriera. Un edificio historicista levantado en 1884 por Josep Vilaseca (autor también del Arc de Triomf) a imagen del templo de Augusto de Barcino, según unos, o de la Maison Carrée de Nimes, según otros. Sus promotores fueron los artistas y orfebres  Josep y Francesc Masriera i Manovens, y su objetivo: emular el templo del arte que Marià Fortuny tenía en el palacio de la Via Flaminia de Roma.

Recorridos 'on line'

El taller, en manos del ayuntamiento desde este verano, ha reunido público, como también lo han hecho la Modelo (el edificio más visitado), la Fundació Enric Miralles, la Escola Massana, la Casa Adret y la Casa Seat, que junto a las cinco casas modernistas ya citadas, copan la clasificación de los más vistos.  Y para los que se hayan quedado con ganas, los recorridos libres siguen en activo a través de la programación ‘on line’ del festival.