un peronaje querido por todos

En el nombre del 'pare' Manel

El 'pare' Manel dedicó toda su vida a los presos y a los vulnerables de Nou Barris, y con su generosidad sedujo a artistas y famosos para que le ayudaran en su empeño

El ’pare’ Manel, en una foto de archivo, en el 2017. 

El ’pare’ Manel, en una foto de archivo, en el 2017.  / FERRAN SENDRA

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Los que le conocieron definían al pare Manel como “un hombre bueno de verdad”. Aunque él no explicaba la bondad con su persona sino poniendo a otros como ejemplo. Para él la bondad, afirmaba, era una señora mayor de Verdun que, pese haber sido atracada en repetidas ocasiones, cada vez que le veía le entregaba un billete mientras decía: “Diez euritos para los muchachos, padre...”. Los muchachos no eran otros que los jóvenes de Nou Barris a los que nunca abandonó, ni en la calle ni en la prisión. Sus visitas a la cárcel eran de precepto, aunque no figuren en los mandamientos de la Iglesia. No juzgaba. Ayudaba. Empatizaba. E intentaba comprender por qué sus muchachos delinquían. “En la prisión era muy querido y ha dejado una gran huella”. Lo afirma Victòria Molins, religiosa teresiana, que, como él, se dedica a predicar con el ejemplo.

El pare Manel (Manel Pousa) murió el miércoles y muchos son los que le lloran. Personajes anónimos y figuras reconocidas. La glosa es obligada, hay unanimidad en ello. Lo dicen los vulnerables que recibieron su apoyo –que ya reclaman, exigen, una calle que le honre– y los que pusieron su cara famosa para recaudar fondos para las causas justas del pare Manel. El periodista Manel Fuentes lo tiene claro: “Nosotros podemos lamentar su muerte en público, pero en privado hay mucha gente anónima, que lo ha tenido cerca y ha recibido su ayuda, que se siente muy apenada”. No en vano, el pare Manel siempre estuvo al lado de los más desfavorecidos, un camino que escogió de joven, cuando en los 70 dejó la parroquia de Sant Josep Oriol y aterrizó en Nou Barris, de donde nunca se movió. Y donde levantó su fundación para ayudar a los más vulnerables.

El pare Manel rodeado de niños a los que atendía en Nou Barris. / marta jordi

Alegría y sentido del humor

Y es que el pare Manel tenía toda la voluntad del mundo para dedicar su inagotable energía a los que necesitaban una mano, y todo el carisma necesario para involucrar en ello a los más afortunados. Ahí están las galas 'Guanya’t el cel amb el pare Manel' para conseguir dinero para sus muchachos, en las que altruistamente siempre participan El Tricicle, José Corbacho, Manuel Fuentes, Joan Manuel Serrat y un largo etcétera de creadores. “No podías negarle nada cuando veías cómo era, su sencillez y humildad, y como minimizaba su ingente labor” explica Carles Sans, de El Tricicle. Todos empezaron como colaboradores y acabaron siendo amigos del pare Manel. Fede Sardà es de los que más cerca estaba de él. “Tenía un gran sentido del humor, y continuamente estaba alegre”, afirma. Explica como ejemplo como empezaban sus encuentros: “Siempre lo saludaba con un ‘Ave María purísima’ y el respondía ‘Sin pescado en la cocina’”.

El empresario de Luz de Gas lo vio el lunes en el hospital, y ayer recordaba lo mucho que se rieron ese día. La parca no parecía estar cerca, así que se atrevió a bromear sobre ella: “Le dije que hiciera el favor de no morirse porque si lo hacía descubriría que el cielo no existe. Si lo llego a saber, no se lo digo”. Pero el padre Manel no era un mojigato y mucho menos un dogmático, así que ante él se podía hablar con total libertad. “Te olvidabas de que era cura, que es lo mejor que le puede pasar a un cura. Era básicamente buena persona”, sostiene Sans. Sentido del humor y bondad infinita que le permitían usar el nombre de Dios en vano y tener en su perfil de WhatsApp a Sofía Loren en 'La mujer del cura' sin por ello pecar un ápice.

El pare Manel, en volandas, sujetado por Carles Flavià y Pepe Rubianes. / CARLOS MONTAÑÉS

Gran libertad de espíritu

Era un cura atípico, sí, pero era un cura de verdad. “Miraba la esencia del Evangelio y la aplicaba directamente sobre la gente. Tenía lo que deberían de tener los curas: sentido común y los pies en el suelo”, sostiene Fuentes. Lo que no tenía era un no para quien acudía en su busca. Lo  suyo era generosidad las 24 horas del día. Mañana, tarde y noche. Aunque ello supusiera ponerse la jerarquía eclesiástica por montera. Fue amenazado de excomunión cuando reveló su relación con el aborto de una joven. No haberla ayudado hubiera sido poner la salud de la chica en riesgo. Algo que jamás habría hecho el pare Manel. “Tenía una gran libertad de espíritu, era un gran sacerdote pero entendía la Iglesia a su manera”, que no era otra que la de “estar siempre con los pobres y marginados”, sostiene Molins. Y si esto significaba entrar tabaco a escondidas en la cárcel, lo hacía, como casaba a homosexuales porque el amor no era patrimonio de nadie.

“Estaba por encima de las criticas y las interpretaciones que se podía hacer de sus acciones”, continúa Molins. Vamos, que las normas se la traían al pairo. De ahí también que viviera en pareja. Con una amiga, que no una amante. Porque el pare Manel quizá no fuera muy ortodoxo, pero no dudaba lo más mínimo de su condición de capellán. Repetía que de volver a nacer, volvería a ser cura. Pues no entendía el mundo sin estar al lado de quienes más lo necesitaban. “Si todos hiciéramos un 1% de lo que él hacia, el mundo sería mucho mejor”. Palabra de José Corbacho. Tampoco entendía el mundo sin agradecimiento: ”La palabra que siempre tenía en la boca era gracias, lo agradecía todo, cuando el que más daba era él”, reconoce Fuentes.  

Rubianes y Flavià

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Sardà, al igual que el resto de amigos descreídos del pare Manel, explica que querría tener más fe para poder imaginar que se ha ido al cielo con sus grandes compañeros Pepe Rubianes y Carles Flavià. Inseparables desde décadas, con el segundo estudiaron juntos, y con el primero tuvieron un flechazo solo verse años ha. Ambos le ayudaron a reclutar creadores para sus galas. Y el trío disfrutaba tanto del día, en el Club Natació Barcelona, como de la noche, en los bares. Porque el pare Manel tenía la generosidad y la solidaridad en el norte de su brújula, pero ello no le impedía divertirse. “Corría maratones y bailaba muy bien el rock, no negaba ningún baile a todas  las mujeres que se lo pedían”. Lo cuenta Agustí Brugués, presidente de la Federació Catalana de Pilota y vecino de taquilla en el club, además de testigo de que el pare Manel era capaz de resistir y participar en todas las chanzas que se dan en un vestuario de hombres. “Se hacía querer” sentencia.

Todos coinciden: era un hombre bueno, generoso, agradecido y entrañable. Y era, sobre todo, un HOMBRE, en mayúsculas.