efectos de la pandemia

El teletrabajo amenaza a los negocios de proximidad en Barcelona

Restaurantes y comercios de la ciudad pierden miles de clientes que todavía no acuden a sus oficinas y trabajan en casa

El Gremi de Restauració cifra en un 15% los que ya no reabrirán este otoño y estima que un 40% más podrían cerrar en próximos meses

Sala de un ’coworking’ del Poblenou, la pasada semana.

Sala de un ’coworking’ del Poblenou, la pasada semana. / MANU MITRU

Se lee en minutos

La ausencia de turistas este verano ha hecho estragos en muchos negocios del centro de Barcelona y de zonas con iconos urbanos. Llovía sobre mojado tras una primavera de confinamiento sin ingresos y muchos empresarios estaban a la expectativa de poder remontar el vuelo en otoño. Sin embargo, los rebrotes del covid-19 están llevando a numerosas empresas y oficinas a prolongar el teletrabajo las próximas semanas, de manera que decenas de miles de empleados no se desplazarán a sus puestos de trabajo, dejando así sin clientela a muchos comercios, bares, restaurantes y otros servicios que se nutren de la población flotante en sus zonas. El Gremi de Restauració alerta de que un 15% de la hostelería no volverá a levantar la persiana, y que la continuidad de otro 40% dependerá de lo que suceda en los próximos meses.

Las zonas afectadas por esa disminución de afluencia son muchas. Empezando por Ciutat Vella, donde a la ausencia de viajeros ha habido que sumar estos meses la de miles de trabajadores que no se han desplazado a sus oficinas (tanto en el sector privado como en la Administración pública), o a los cientos de negocios cerrados temporal o definitivamente en sus barrios desde la primavera.

De cafeterías a gimnasios

Le ha sucedido lo mismo a la Rambla Catalunya, cuyo público es sobre todo local y que desde la pandemia ha sufrido un gran bajón de afluencia. O a todo el eje de oficinas y despachos que se extiende por la Diagonal, desde Maria Cristina hasta Pau Claris sobre todo, alimentando normalmente a decenas de negocios que van de cafeterías a gimnasios. Similar suerte ha corrido el distrito 22@, el nuevo epicentro de la actividad económica y la innovación de Barcelona, a cuyo calor han aflorado muchos negocios de hostelería estos años y que ahora observan con temor la desertización de bloques de oficinas y de numerosos' coworkings'. 

La nueva normalidad afecta a zonas de gran actividad laboral como el 22@ o el centro de la Diagonal,  casi sin trabajadores ahora

Mientras que los negocios de proximidad de barrios residenciales están soportando la crisis mejor que el resto gracias a la menor movilidad de los vecinos que evitan transporte público o desplazamientos, los que dependen del turismo o su entorno empresarial se ven especialmente en riesgo. Estos meses, grandes edificios de oficinas con centenares de trabajadores, como la torre Mapfre, contaban con actividad mínima, relata un empleado de una multinacional, que asegura que al menos durante septiembre seguirán manteniendo el teletrabajo, lo que afectará a la oferta de hostelería del entorno, que despachaba cientos de menús cada día.

Idéntica situación viven incluso los centros comerciales. En L’Illa Diagonal, que alberga en sus plantas superiores a más de 3.000 trabajadores en oficinas, el impacto en su planta de restauración ha sido radical, y también en sus tiendas. «La facturación ha caído en picado», aseguran en la barra de un bar donde normalmente a mediodía era difícil encontrar sitio, al igual que a la hora del desayuno.

Hostelería bajo mínimos

El director general del Gremi de Restauració de Barcelona, Roger Pallarols, tiene claro que «el teletrabajo perjudica mucho a la hostelería de la ciudad, que está ya bajo mínimos». Afirma que «gran parte del consumo se vincula a desplazamientos al centro de trabajo», afectado ahora tanto por los ERTE como por personal trabajando desde casa. «Si se apuesta por la normalidad en la vuelta al colegio hay que incentivar también la de la actividad económica que hace de motor de la hostelería y el comercio», agrega.

Restaurante Koh, del 22@, donde acusan la falta de trabajadores en la zona, pero han ganado vecinos del barrio / MANU MITRU

La patronal estima que hasta ahora han cerrado definitivamente un 15% de los bares y restaurantes de la capital catalana, pero que en los próximos meses podrían despedirse hasta otro 40% que están con el agua al cuello al no poder asumir alquileres y gastos de personal con los actuales ingresos.

Desde Barcelona Oberta, su directora Nuria Paricio alerta de que en los ejes más céntricos a la pérdida de visitantes foráneos hay que sumar la inactividad de muchas empresas, que han abocado a los negocios del entorno a un otoño crucial para su viabilidad. El éxodo de población trabajadora abarca allí desde equipamientos culturales aún cerrados a trabajadores de la Generalitat y el ayuntamiento, sin ir más lejos.

La reducción de los desplazamientos se deja notar desde el desayuno al menú de mediodía, motor de muchos negocios

Eduard Solé, presidente del eje de Rambla Catalunya explica que la caída de actividad en la zona ha sido «brutal» hasta el punto de que muchos negocios siguen cerrados o con las plantillas a un tercio. «Teníamos la esperanza puesta en la reactivación de otoño, pero ahora hay miedo a lo que pueda suceder».

La problemática es común a otras grandes ciudades europeas. En Londres, por ejemplo, se trata de paliar la deserción turísica y de trabajadores del centro que ahora teletrabajan favoreciendo las conexiones en transporte público y hasta subvencionando parte de los menús de los empleados que se desplacen.

Pero en Barcleona, los operadores están viviendo momentos muy difíciles, sobre todo ante las incertidumbres del virus, que les impiden cualquier tipo de planificación. Lo relatan todo tipo de establecimientos, desde Farga en Diagonal, menos afectado por el turismo que por la ausencia de los trabajadores de la zona, hasta la Granja Elena de la Zona Franca, que relata el vacío de su público de la Fira o de empresas y cómo lo estaban relevando coyunturalmente por la fidelización de quienes acuden en familia. 

En el 22@, en espacios como La Bodegueta han sufrido «la falta de oficinas y el teletrabajo» que ha vaciado el barrio de empleados a la hora del mediodía. En el Koh, que triunda con sus platos asiáticos en Pujades con Roc Boronat, asumen una caída del 50% de la facturación (incluso más en otros casos próximos) por los clientes que ahora trabajan en casa, pero se aferran a un nuevo nicho de mercado entre los vecinos que ahora trababjan en casa y que por la noche tienen ganas de airearse y cenar fuera.

En Les Corts, en el restaurante La Llimona, explican que la nueva realidad tras el desconfinamiento y con las oficinas del entorno vacías resultó un mazazo para el negocio durante los desayunos y los menús, limitando el negocio a los clientes nocturnos.

Te puede interesar

Para más inri, son muchos los consumidores que por miedo o precaución han cambiado sus hábitos, pasando del consumo en establecimiento al casero o al socorrido 'tupper'. 

Oficinas más pequeñas y ajuste de costes

La otra  gran consecuencia del teletrabajo en la capital catalana es la reducción del tamaño de las oficinas que están planteando muchas empresas. Pese a que el sector está pendiente de alguna normativa que reduzca la densidad de personal en los espacios de trabajo, en la práctica se da por hecho que el teletrabajo ha llegado para quedarse, aunque sea parcialmente, dibujando unas necesidades de espacio más versátiles (personal itinerante) y hasta una reducción del 30% en las oficinas, según un informe de la consultora Laborde Marcet.