LA CONTRA

De la H-16 al tren de la bruja

Estos son 5 de los golpes ocultos de la red ortogonal, el tranvía, el metro y el ferrocarril

Un bus de la H-16 pasa junto al Arc de Triomf.

Un bus de la H-16 pasa junto al Arc de Triomf. / JORDI COTRINA

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Bernat Gasulla
Bernat Gasulla

Subdirector

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El transporte público está plagado de golpes ocultos. Estos son solo cinco de ellos:

1. LA H-16, ‘COAST TO COAST’ La línea de autobús H-16 presta un servicio 'coast to coast'. Desde el  Campus Diagonal Besòs hasta la Zona Franca. Casi 70 minutos para recorrer toda Barcelona y entrar en Sant Adrià de Besòs, junto al nuevo campus universitario al que casi nadie quería ir. La H-16 es uno de los más destacados ejemplos de las virtudes y las carencias del servicio ortogonal de autobuses. Sobre el papel suena bien, pero en la práctica saltan las costuras. Esperas no siempre razonables, excesivas paradas, falta de sincronización con los semáforos… Como consecuencia de todo ello, una velocidad de crucero lamentable: 12 km/h, una de las más bajas de Europa.

2. TRAMBESÒS, EL TREN DE LA BRUJA El tranvía sirve como metáfora del transporte público de Barcelona. Falta de conectividad, lentitud…  El Trambesòs, que podía haber sido un nuevo servicio de punta a punta del tramado urbano metropolitano, ha quedado a medias, en una especie de tren de la bruja: poca capacidad de transporte masivo de viajeros y poca comodidad en los enlaces (el menos complicado, el de Glòries).

3. CICATRICES DEL TREN Dicen que el tren vertebra territorios. Pero hay excepciones, y graves. La línea que parte L’Hospitalet de Llobregat en dos mitades es una de ellas. Uno lleva oyendo que el tren se soterrará en la segunda ciudad de Catalunya desde los años 80. Han pasado alcaldes, concejales, ministros y presidentes, pero las vías siguen ahí, apartando del resto de la ciudad a barrios como Can Serra o Pubilla Casas.

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4. LA MARATÓN DE LA PLAYA La integración tarifaria permite enlazar El Masnou con la playa de Castelldefels con un solo billete de la primera corona metropolitana. Casi una maratón (unos 40 kilómetros) en cerca de hora y media. Esta maravilla tuvo un efecto secundario, bautizado como el efecto T-10. Viviendas situadas a unos 20 kilómetros del centro de Barcelona se venden a precio de oro. Ahora no hay T-10, pero no tardaremos en rebautizar el fenómeno.

5. METRO SIN MANOS La L-9 significó un hito en la automatización del metro. No solo los convoyes van sin conductor, sino que la apertura de las puertas de los andenes es también totalmente automática. Pero el metro sin conductor tiene casi medio siglo de vida en Barcelona. Un hábil sistema de células fotovoltaicas permitió que los convoyes pudieran circular 'sin manos’. La broma duró poco. El pasajero se sentía inseguro, y los responsables del servicio esperaron a tiempos mejores.