07 ago 2020

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ÉRASE UNA VEZ EN... SANT MARTÍ DE PROVENÇALS (30)

El barrio que entendió que poder bailar también es un derecho

La asociación de vecinos cede las llaves de sus locales a grupos de danzas populares de distintos orígenes para que puedan ensayar en sus complejos horarios

La Asociación Uruguayo Catalana Los Botijas hace cinco años que forma parte de la Junta de la asociación, que entiende la necesidad de ser un espacio para todos

Helena López

Adalberto y Toni se miran con complicidad este jueves en Sant Martí.

Adalberto y Toni se miran con complicidad este jueves en Sant Martí. / LAURA GUERRERO

Venían de una experiencia migratoria previa en Argentina, país que también dejaron atrás a causa de la crisis del corralito, para probar finalmente suerte en Catalunya. En esa primera etapa argentina ya trabajaron en programas de convivencia vecinal, una de sus razones de ser, cuyos aprendizajes les fueron de gran ayuda en su aterrizaje en Europa y sirvieron de base para desarrollar los primeros proyectos aquí. Primero en Rubí, ciudad en la que se constituyeron como Asociación Uruguayo Catalana Los Botijas, y después en Sant Martí de Provençals, donde hoy por hoy no solo tienen su sede, en el local de la asociación de vecinos (detalle en absoluto menor), sino donde son una entidad muy arraigada al rico y activo tejido asociativo de este barrio popular. 

Desde el año 2015 Los Botijas (como llaman a los niños en Uruguay) forman parte de la Junta de la asociación de vecinos de Sant Martí de Provençals, siendo los responsables de la Vocalía de Convivencia, Diversidad Cultural e Inmigración, algo de lo que Adalberto Bentancor Berrutti, uno de los fundadores y portavoz de entidad, está especialmente orgulloso. No por el trabajo de Los Botijas, que por supuesto también, sino por el papel jugado por la asociación vecinal. "A muchas personas migrantes les cuesta entrar en las asociaciones de vecinos de sus barrios, por muchos motivos, y en eso en Sant Martí ha sido ejemplo. Abrimos camino", subraya Bentancor desde el discreto local en la calle de Andrade, entre Agricultura y Treball.

Encuentro de Convivim Sant MArtí, antes del covid. / archivo

Aunque Los Botijas nacen en diciembre del 2001 Rubí tienen desde sus inicios miembros de varias ciudades catalanas y en el 2009 deciden tener doble sede, mantener la de Rubí y abrir otra en Barcelona, en Sant Martí, distrito en el que ya estaban implicados en un millón de historias tanto culturales -uno de sus ejes- como sociales y comunitarias- el otro. "Hemos estado siempre vinculados al movimiento vecinal, sino como algo natural. Porque somos vecinos; y es que una asociación de vecinos no solo tiene que dedicarse a denunciar si está sucia la calle o a organizar la fiesta mayor, que también. Eso aquí lo tenemos claro todos, como tenemos claro que vecinos somos todos, tanto los migrantes como la sociedad de acogida, y es necesario recoger todas las miradas, todas las culturas que conforman y dan riqueza a los barrios", resume Bentancor.

Contra la discriminación

Empezaron formando parte del debate de forma activa, fomentando actividades para visibilizar la diversidad cultural del barrio y contra la discriminación y en el 2015 hicieron el salto a formar parte de la junta, sin abandonar la organización de encuentros y talleres de cultura popular (cuando el dichoso virus les dejaba). Uno de sus proyectos estrella en esta línea es el Taller de Danzas Tradicionales del Grupo El Ceibo; sus ritmos y sus coloridos trajes son famosos en todo el barrio, y no es una forma de hablar. Lo son, famosos, y es que procuran estar en todas partes. Nada más llegar al distrito de Sant Martí, hace ya una década, se implicaron en el Pla Comunitari del Besòs, en el comedor social Gregal... además de formar parte de Fedelatina y del Consell d’Inmigració de Barcelona. 

Son también parte activa de Convivim Sant Martí, espacio de convivencia intercultural en el que participan grupos, entidades y personas a título individual de distintos orígenes y junto a la asociación Arep impulsaron el proyecto Welcome, iniciativa para fomentar el bienestar emocional y mejorar la calidad de vida de los migrantes en el barrio. En estos días Bentancor no para de darle vueltas a "como el covid ha sido un revés muy duro, especialmente para el colectivo migrante; y como la mujer migrante ha sido más golpeada aún...". 

Exhibición artística de Los Botijas, en Sant Martí, antes del covid. / Archivo

Comparte la misma preocupación Toni Santos, presidente de la asociación de vecinos, cuyo nombramiento en el cargo y renovación de la Junta supuso la pequeña revolución expuesta por Bentancor. "Teníamos claro que la asociación tenía que ser un espacio par todos los activistas del barrio, para las personas que se organizaran; que no podía ser que las trabas burocráticas impidieran que la gente que hacía cosas en el barrio las hiciera, y que la asociación tenía que servir también acoger y facilitar todas esas actividades", recuerda Santos, quien añade que en aquel momento todavía quedaba en el barrio gente del 15-M. Fue así como Los Botijas entraron en la asociación y como nace Convivim Sant Martí. "Nos encontramos con colectivos de varios orígenes que no tenían dónde ensayar, y que no podían usar los espacios municipales como centros cívicos o 'casals' por la rigidez de los horarios de estos. Hablamos de personas que trabajan muchísimo y que quizá solo pueden reunirse para bailar los domingos y que se veían obligados a hacerlo debajo de un puente por la falta de facilidades", prosigue Santos.

¿Qué hicieron? Darles las llaves de la asociación de vecinos. Y funcionó. Y se creó red. Y estas personas que pisaban la asociación por primera vez para ensayar, allí conocían otros proyectos y se implicaban en otras historias.

Aquí se baila y se teje red; se hace barrio.