12 ago 2020

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ÉRASE UNA VEZ EN EL BARRIO (27)

Barrios de Barcelona: el segundo origen del Turó

La barriada de la Font de la Guatlla que se extiende entre el Poble Espanyol y la Gran Via se salvó en diciembre de la piqueta tras una larga lucha vecinal

Tras la amnistía de las 51 casas que quedaban en pie después de cuatro décadas de abandono municipal, los vecinos piden ahora una reforma integral del enclave

Helena López

Jóvenes en la calle de Hortensia de la Font de la Guatlla, este miércoles.

Jóvenes en la calle de Hortensia de la Font de la Guatlla, este miércoles. / RICARD CUGAT

Mes de julio; hora de la siesta; sol plomizo. El contexto ayuda a dar al recóndito enclave un aire todavía más de pueblo arrasado. De pueblo precioso y en una ubicación absolutamente privilegiada, pero arrasado. La maleza domina los numerosos solares vacíos, custodiados por medianeras semidesnudas, esqueletos que son testigo de tiempos remotos. Levantando la vista al cielo, el horizonte regala poco usuales postales de prácticamente todos los iconos de la ciudad: el imponente MNAC, justo sobre sus cabezas, pero también la Sagrada Família, la torre Agbar, el Tibidabo, o el Hotel Arts y la Torre Mapfre. Majestuosos edificios que contrastan con la soledad y el abandono urbanístico del enclave, en el que dos niños juegan solos en un parque infantil desierto, casi como si fueran los protagonistas del ‘Mecanoscrit del segon origen’. Pero no, estos niños no son Alba y Dídac, esto no es el escenario de la más célebre novela juvenil de Manuel de Pedrolo y la humanidad, por suerte, no ha sido extinguida, pese a la tenaz pandemia que no cesa.

Este particular rincón de la ciudad, cuya entrada norte está a los pies del Poble Espanyol y, la sur, en la transitada Gran Via, es el Turó de la Font de la Guatlla, barriada que, lejos de estar a punto de desaparecer, acaba de ser amnistiada. La firma definitiva de la salvación de las cincuenta casitas que conforman el lugar fue aprobada de forma definitiva por la Generalitat el pasado mes de diciembre, tras años de lucha vecinal y la aprobación inicial de la de la modificación del PGM por la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona en noviembre del 2018, por unanimidad.

Uno de los rincones del Turó de la Font de la Guatlla, este miércoles / ricard cugat

Una modificación que pretende reordenar los 17.400 metros cuadrados en los que aún se levantan las 51 casitas en pie y los mucho solares que se abrieron cuando, hace una década, empezaron las expropiaciones y los derribos para ejecutar el plan ahora modificado. Un cambio celebrado por la Associació d'Afectats pel PERI del Turó de la Font de la Guatlla, creado persiguiendo esa meta, y que incluye el derecho de tanteo de estos inmuebles, para evitar la especulación inmobiliaria. Las cláusulas antigentrificación introducidas por el ayuntamiento son controvertidas para algunos propietarios -obviamente, bajan el valor económico de las viviendas-, pero desde la asociación las defienden.

"Nuestro objetivo era proteger de la piqueta el tejido del barrio, y desafectar las casas, pero dejar la puerta abierta a la especulación era otra manera de destruirlo"

Álex Casero

Associació d'Afectats pel PERI del Turó de la Font de la Guatlla

"Nuestro objetivo fundacional era proteger de la piqueta el poco tejido del barrio que quedaba, y desafectar las casas, pero dejar la puerta abierta a la especulación era otra manera de destruirlo", señala Álex Casero, portavoz de la entidad vecinal, quien tiene claro que el futuro del barrio dependerá de la fuerza que sean capaces de ejercer. "Igual que la desafectación no estaba en la agenda política y logramos ponerla encima de la mesa, ahora es el momento de presionar para que el plan no quede solo en el plano de lo burocrático y se ejecute la necesaria transformación urbanística pendiente", prosigue el activista vecinal, quien hace autocrítica. "Tras la euforia de la victoria nos relajamos y ahora vemos que no tendríamos que haber parado ya que queda mucho trabajo por hacer aquí para que el espacio público de nuestras calles se parezca más al de Barcelona", resume.

Compleja accesibilidad en la calle de Crisantem, en la Font de la Guatlla /RICARD CUGAT

El mobiliario de terraza de bar que se ve en las calles del Turó -no poco- no es precisamente de bar, sino informal mobiliario de jardín, ubicado en las puertas de las casitas, muchas de ellas con fachadas rebozadas con un gaudiniano mosaico casero. Junto a las sillas de plástico o metal, espectaculares plantas, higueras y un gato negro estirándose. Una tranquilidad de pueblo que los vecinos reivindican, pero que podría ser compatible con una mejor urbanización de los accesos. Hay calles 'asfaltadas' de cemento, escaleras estrechas, con peldaños desiguales y llenos de maleza...  

#TuróOff

En el hastag #TuróOff, la asociación documenta cada vez que hay un apagón en el alumbrado público, algo que sucede con frecuencia. Cada vez que llueve fuerte. "Entre 10 y 15 veces al año pasa. Se va y no sabemos cuándo volverá", denuncia Casero. Los palos de la luz del barrio son de madera, casi una reliquia de la Barcelona de antaño. 

Las actuaciones vinculadas al plan aprobado definitivamente en diciembre incluyen también la construcción de un edificio nuevo con 15 viviendas de protección oficial y de otro destinado a equipamientos.