27 oct 2020

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crisis sin precedentes

Barcelona tiembla ante el efecto económico de un verano sin turistas

Afronta la crisis de la pandemia con las ventas al 50% en media ciudad y apenas un 20% de hoteles abiertos

El comercio y la hostelería prevén nuevos cierres en otoño y temen miles de pérdidas de empleo

Patricia Castán

La plaza de la Catedral, casi desierta, esta semana.

La plaza de la Catedral, casi desierta, esta semana. / FERRAN NADEU

Apenas tres veranos separan la Barcelona con pancartas proclamando «turistas go home» (iros a vuestra casa)  en pleno centro, de la Barcelona que esta semana fue escenario de un capítulo (de autobombo) del programa 'Masterchef' con presencia activa de la alcaldesa Ada Colau. O de la que está a punto de lanzar una intensa campaña de promoción para recuperar un turismo español que compense al internacional que este año apenas viajará. La bofetada de realidad, al pasar la ciudad de la masificación en algunos puntos a casi la deserción, ha evidenciado la importancia vital del turismo (acaso excesiva) en la economía local. Por eso, este verano con apenas un 20% de hoteles abiertos y en baja ocupación, con un desplome de facturación de hasta la mitad en los comercios y restaurantes más céntricos, y miles de empleos en jaque (la mitad de los trabajadores del turismo siguen en ERTE) , pondrá a prueba la capacidad de remontada local.

De cómo transcurran los próximos meses y el arranque del otoño dependerá un segundo semestre que la patronal Foment Comerç vaticina de posiblemente «devastador» en cifras. Se basan en que algunos barrios, como el Born, presentan ya una cuarta parte de establecimientos cerrados, como confirman en Born Comerç. Pero son muchos los establecimientos que han abierto para eliminar estocs durante las rebajas y posiblemente no continúen en otoño.

El comercio genera unos 96.000 empleos en la ciudad, una cuarta parte de los cuales están en riesgo

Nuria Paricio, directora de la asociación de ejes más turísticos Barcelona Oberta, estima que hay en juego unos 10.000 puestos de trabajo, mientras que la cifra podría crecer hasta 25.000 si se contabiliza el llamado «gran centro» que va del Eixample izquierdo al derecho, coge parte de Gràcia y Ciutat Vella, mantiene Roger Gaspa, presidente de Foment Comerç. Los gastos fijos están ahogando a muchos empresarios, cuya continuidad pasará por la negociación de alquileres, los créditos ICO y políticas institucionales que favorezcan el consumo, defiende.

Las ventas en el comercio han caído de un 40% a un 50% en muchas de esas zonas, enfatiza tras encuestar al sector, mientras que los barrios más periféricos muestran descensos más suaves e incluso estabilidad gracias a la fidelidad del cliente de proximidad. El conjunto del comercio emplea a 96.000 personas en la ciudad, según datos municipales.

Seis de cada diez, de fuera de la ciudad

La singular coyuntura se basa en que el 57% de compradores del gran centro son turistas o residentes de fuera de Barcelona, muchas veces del área metropolitana. Los primeros han dejado de llegar hasta ver cómo evoluciona la pandemia, y los segundos cada vez vienen menos, según las diversas patronales, por culpa de las restricciones de movilidad en coche que ha impuesto el Ayuntamiento de Barcelona, y que ahora se han suavizado, pero volverán en octubre, se quejan las entidades. Defienden otras políticas ecológicas y un plan consensuado para el futuro. En el conjunto de la ciudad, el turismo suma un 19% de las ventas del comercio, aunque la proporción es muy dispar según las zonas.

En el ámbito del alojamiento, esta semana, Barcelona se acercará a una quinta parte de sus hoteles abiertos, en muchos casos con ocupaciones de apenas el 25%, como informó este diario el viernes. La mayoría están cerrados en un paseo de Gràcia sin clientes foráneos, aunque las grandes marcas de la moda que tienen allí sus rutilantes escaparates «resistirán» en la zona porque tienen suficiente estructura y pueden aguardar a la recuperación, señala Luis Sans, su presidente. Menos resiliencia muestran los barrios de Ciutat Vella, con negocios menores y altas rentas. Basta con recorrer el Gòtic para comprobarlo.

Se estima que de los 11.000 millones de euros que deja el comercio minorista, unos 3.000 dependen del comprador no residente en Barcelona, al que se atribuye la supervivencia de muchos negocios. El turismo, con un 16% del PIB local si incluye empleos indirectos (proveedores y servicios), se la juega si en septiembre no recupera al viajero de negocios, en un horizonte de incertidumbres que dependerá de cómo evolucione el coronavirus. Pero los planes de promoción turística y las expectativas de recuperación, tanto sectoriales como en el plan de acción del ayuntamiento, no enfocan la luz al fina del túnel hasta la primavera del 2021.  

El Periódico ha recogido el testimonio de algunos barceloneses cuya actividad se ha visto afectada de pleno por el impacto de la pandemia en la actividad turística y económica:


ADIÓS AL BORN TRAS 19 AÑOS EN UN COMERCIO PIONERO

Olga Menchén fue una pionera en ese barrio histórico algo degradado que un buen día se puso tan de moda que murió de éxito. Llegó a la calle del Rec hace casi dos décadas a su fantástica tienda Menchén Tomàs, a la que el covid-19 ha dado la estocada final en esa ubicación.

"Intenté renegociar el alquiler y no hubo manera", dice una empresaria que se ha marchado del Born 

Porque no es que su marca no funcionara, al contrario. Fue el entorno el que fue perdiendo pistonada. Recuerda el principio, cuando se estaba forjando un eje que pensó que sería como el Soho neoyorquino o Le Marais parisino y sin rastro de multinacionales. Pero llegaron los disparatados alquileres que obligaron a migrar a muchos artesanos y creadores ubicados en pequeñas tiendas y que habían dado carácter a la zona. Luego, la pérdida del cliente barcelonés al que empezó a dar pereza bajar a una Ciutat Vella invadida de turistas. Y finalmente, la huída del viajero adinerado en los últimos años a causa del alud de robos violentos en sus pequeñas callejuelas. «La cosa había ido a peor, era una ciudad sin ley, la han dejado morir y eso ya me desgastó». El colofón ha sido la pandemia, que aún mantiene la zona semidesierta de compradores y muchas tiendas cerradas.

«En esta situación intenté negociar el alquiler y no hubo manera», se queja desde su otro mostrador, en la Riera de Sant Miquel, en Gràcia, donde está encantada. «Si el Born hubiera sido como hace años, habría hecho el esfuerzo de seguir, pero se pagan alquileres VIP por una  zona donde no llega gente». 

La empresaria invita a la reflexión sobre el futuro del Born, donde el local que ella dejó lleva dos meses vacío porque nadie quiere arriesgarse a abrir un negocio en estos momentos. Otros muchos se hallan en la misma situación por falta de entendimiento entre propietarios y arrendadores en una zona en plena crisis de identidad. 

Una boquería a medio gas

Los mercados de Barcelona han salido airosos de la parálisis económica: la comida era un bien esencial y muchos barceloneses se han reconciliado con sus cocinas y con los alimentos frescos. Pero en el núcleo turístico de la ciudad las cosas son bien distintas. La Boqueria bebe desde hace años de un turismo que ha alterado la fisonomía de muchos puestos, adaptados a esas nuevas demandas, y que ahora parece extinguido, con el resultado de un 25% de paradas cerradas. A la par, se ubica en un barrio con cada vez menos vecinos, y despacha a barceloneses de toda la ciudad en busca de especialidades pero que en los últimos meses no se habían podido apenas desplazar. Y para más inri, entre sus principales clientes tienen a muchos restaurantes y hoteles que con el parón dejaron de hacer pedidos y ahora se están reactivando con lentitud.

Berta Capdevila, en su puesto de Avinova de la Boqueria / JORDI COTRINA

Lo relata Salvador Capdevila, que habla en doble calidad de tendero y presidente del mercado. En su tienda, Avinova, mantienen las ventas con sus clientes particulares, pero están facturando apenas un 15% de lo que despachaban a la hostelería, que era la mayor parte de su negocio. Con los establecimientos del entorno cerrados o que apenas sirven menús, han dejado de ejercer de proveedores y observan la situación con preocupación, al pie de una Rambla casi desierta y con el 40% del comercio aún cerrado.

Berta Capdevila, su sobrina, atiende estos días a una clientela muy local. Apenas se ven viajeros comprando sus foies. Y aún gracias que los restaurantes del mercado han vuelto a abrir y tratan de recobrar el pulso. 

Sin nadie a quien guiar en BCN

En 30 años como guía profesional (habilitado por la Generalitat), Abel Roca jamás había vivido cuatro meses seguidos de parón, sin nadie a quien guiar por esa Barcelona monumental que conoce como la palma de su mano.
Tiene grabado a fuego en la memoria su último día de trabajo, un 14 de marzo, recorriendo la Sagrada Família con unos turistas. «Fue llegar a casa, poner las noticias y escuchar que la cerraban», relata desde su domicilio. Ha cobrado ayudas estatales, pero las del Govern se le antojan «imposibles».

Abel Roca, junto a un MNAC sin visitantes / JORDI COTRINA

Para este autónomo que  trabaja para Barcelona Guide Bureau (BGB), se abrió un pozo laboral del que aún no ha salido, porque para más inri su mujer también es guía. Eso sí, no se han hundido en el sillón de casa, sino que han activado neuronas para adaptarse al escenario de una ciudad vacía durante semanas. «Ideamos unas rutas virtuales, con ayuda de Google y material de los espacios que mostrábamos», explica. Primero entre familia y amigos, porque no hay que olvidar quemuchos barceloneses ignoran los secretos del propio patrimonio local. Luego ya, de la mano de BGB, ofreciendo reservas al mundo.

«La gente quedaba contenta», asegura. Tanto los que sueñan con ver algún día esas joyas en directo, como antiguos viajeros que las pasaron por alto.

En el largo currículo de Abel no hay precedentes comparables. En el 2001, con el atentado de Nueva York el turismo de EEUU se extinguió un tiempo, pero el europeo creció sin tregua. Con la crisis del 2008, lo único que siguió hacia arriba fue el turismo internacional. ¿Y ahora? 

Un taxi sin apenas pasajeros

De sus largas horas peinando las calles vacías en busca de pasajeros, José Antón Pachón recuerda la imagen de «una Barcelona fantasma, en la que parecía que solo había policía, ambulancias, taxis y camiones de la basura». Porque como servicio esencial, los taxistas siguieron trabajando un día por semana (algunas veces dos días, según licencias), como testimonios itinerantes de ese mundo al revés.

José Antón Pachón, en su taxi / ANNA MAS

«Con la gente en sus casas apenas había trabajo, pero era muy importante llevar a los hijos que transportaban la compra a sus padres mayores confinados, o a los sanitarios que salían de trabajar de un hospital reventados tras muchas horas y necesitaban llegar a sus casas». Rememora un domingo en el que, siendo segundo de la cola, pasó cuatro horas ante la estación de Sants esperando pasaje.

"No hay cruceristas, los hoteles están vacíos, no hay ferias ni congresos, está siendo díficil", dice un taxista

Pasado lo peor, llegó el legado de la pandemia en forma de una metrópolis con su actividad económica amputada y el agravente de la ausencia de turistas que en estos momentos del año podrían suponer hasta el 60% de sus ingresos.
«No hay cruceristas, los hoteles están vacíos, no hay ferias, no hay congresos.., para nosotros está siendo difícil trabajar, detalla, ahora con tres días libres por semana en lugar de los dos habituales. Y como dato apunta a la facturación de la tarde noche del jueves, exactamente la mitad de lo que habría registrado otro julio.

Con una mámpara trasera y fuerte sentido solidario, Pachón dejó enseguida el miedo atrás. Otra cosa es la inquietud por compañeros que aún estén pagando su licencia  este verano negro. 

La barra que Catalina ya no puede pagar

ByKate ha sido el (posiblemente efímero) sueño de Catalina Barbero, una encantadora cafetería con la que quiso hacer un cambio de vida radical sin imaginar que en pocos meses una pandemia lo iba a poner  todo p atas abajo. En el 379 de Còrsega, estratégicamente ubicada ante un macro albergue juvenil, abrió el pasado noviembre un establecimiento donde sucumbir a su deliciosa patelería artesanal y sus brunch. Con esfuerzo logró despegar y funcionar tan bien que tuvo que fichar personal, hasta que en marzo llegó el crack.

Catalina Barberlo, en su cafetería ByKate / jordi cotrina

Catalina simboliza la situación que están viviendo miles de pequeños emprendedores que apostaron recientemente por un negocio vocacional pero un fragilidad financiera inicial que no permite traspiés en los primeros meses de rodaje.

«No puedo hacerlo todo sola porque tengo sala y cocina, pero con esta facturación del 40% es imposible pagar a dos trabajadores y el 100% del alquiler», desgrana. Tras intentar negociar en vano con el propietario del espacio, confiesa haber  tenido que optar por el impago de la renta mensual como única alternativa al cierre fulminante.
Para esta mujer que dejó a trás su empleo en una multinacional, la única alernativa podría ser reformular su negocio para trabajar sola. O tirar la toalla. Mientras, espera que el hostel Generator de 740 camas (ya reabierto pero sin apenas huéspedes)  vuelva a inyectarle jóvenes comensales hambrientos. 

Espectáculo amenazado por falta de público

La copropietaria del Tablao Cordobés de Barcelona, María Rosa Adame,  todavía no sabe si podrá abrirá no las puertas. Las distancias de seguridad que se exigen en el mundo del espectáculo tampoco van a favor de este histórico local de pequeñas dimensiones ubicado en La Rambla.

María Rosa Adame, en su tablao, sin reservas este verano / JORDI COTRINA

 El confinamiento en marzo coincidió con el inicio de temporada. "Estamos a cero. Los touroperadores lo han cancelado todo hasta el año próximo y en nuestra página web de momento hay solo cuatro reservas para julio", explica Maria Rosa Adame. "Así no podemos abrir". La poca afición de los barceloneses a acudir a este tipo de local tampoco ayuda.  El flamenco, patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco desde el 2010, lo tiene crudo sin turismo.

Hace un año por esta época solían hacer tres sesiones al día para 100 personas con una decena de intérpretes en escena. "Los artistas estás en una situación dramática. Por nuestro escenario pasan unos 200 al año. Y en el tablao trabaja mucha más gente. Tenemos 40 empleados entre camareros, gente de cocina... Son muchas familias".     

Han solicitado un crédito del gobierno para poder aguantar. "Nos acogimos a los del sector turístico que salieron antes que los de cultura. Pero no es solución porque el dinero hay que devolverlo. La única salida es poder volver a trabajar". Aunque no ganara dinero, "abriría si tuviera al menos 25 o 30 personas de público de media en las funciones". Explica que en Madrid han permitido a los tablaos abrir terrazas, algo que les gustaría replicar. Ella confiaba en recuperar la actividad en verano y otoño pero el termómetro de las reservas indica que probablemente perderán toda la temporada. "El panorama está negro y los nuevos brotes del virus no ayudan", informa Marta Cervera.