09 ago 2020

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AGLOMERACIÓN FRENTE AL MAR

Barcelona vuelve a cerrar playas por exceso de aforo

El ayuntamiento se ve obligado a vetar el acceso al Bogatell, al alcanzar el 80% de ocupación

Los vigilantes lo tienen complicado para frenar a los bañistas, en su mayoría sin mascarilla

Toni Sust

La playa el Bogatell, el a princioios de julio.

La playa el Bogatell, el a princioios de julio. / JORDI COTRINA

La jornada empezó sin aglomeraciones frente al mar, pero al final la gente se fue presentando en el litoral y ha vuelto a suceder: el Ayuntamiento de Barcelona ha tenido que cerrar playas este domingo por exceso de aforo, otra vez. En concreto, se ha tenido que clausurar la del Bogatell. Pasó el fin de semana del 13 y el 14 de junio. Pasó el 21 de junio. El 27 la cosa fue más allá y hubo desalojo en la playa de la Barceloneta. También sucedió con motivo de la verbena de Sant Joan, pero en ese caso se evitó el acceso de manera preventiva.

Ni el ejemplo de Lleida ni el hecho de que muchos ciudadanos hayan abandonado la capital catalana ha evitado que  el aforo de las playas de la ciudad haya superado el 80% de ocupación, el límite previsto por el consistorio para evitar contagios de coronavirus desde que estableció un regulación de acceso a los bañistas, el pasado 8 de junio. Y no será porque no haya gente que intenta evitarlo.

La vigilante abnegada

La vigilante se emplea a fondo en su labor. Son las dos de la tarde de un domingo caluroso y esto es la playa de Nova Icària, donde ella es uno de las ocho personas que controlan los accesos. Según los casos, asumen jornadas de ocho horas y media o diez horas y media. “Tenéis una playa cerca con menos gente y además sin medusas: el Somorrostro. Aquí dejamos entrar cuando se va gente, pero la ocupación es alta”. Se lo cuenta a cuatro jóvenes, más adolescentes que jóvenes. Ellos la miran, la escuchan sin mucho interés y entran. Uno lleva música a todo trapo. “¿La puedes bajar un poco?”. En eso, hace caso. Unos minutos después, un grupo reducido de franceses acude al mismo acceso, escucha las recomendaciones y obedece: se dirigen a otra playa.

A las dos de la tarde de ayer, tan solo una de las playas de la capital catalana, Nova Icària, registraba una ocupación alta, esto es, el tercer nivel de cuatro posibles: el verde, ocupación baja; el amarillo, ocupación normal; naranja, ocupación alta, y rojo, ocupación muy alta. Cuando llega el rojo, no se deja entrar a nadie, aunque eso es a veces imposible en la práctica.

El domingo, caluroso en Barcelona, empezó con una afluencia moderada y creciente a las playas, como atestigua la web que el ayuntamiento abrió para que la ciudadanía se informara y pudiera elegir destino sabiendo cuánta gente hay en cada una. A las 11.00, en la dirección https://www.barcelona.cat/ca/que-pots-fer-a-bcn/banys-i-platges  el mapa es rotundo: todas las playas presentan una ocupación baja y en todas ondea la bandera verde –baño libre- menos en la del Fòrum, donde hay obras, y la Nova Mar Bella y el Bogatell, ambas con  bandera amarilla, que indica que hay que tomar precauciones. En este caso, porque hay medusas en ambas playas.

Las medusas se trasladan

A las 11.30, ya son tres, también la Mar Bella, las playas con bandera amarilla por medusas. Y todas menos Nova Icària y el Fòrum presentan una ocupación normal. A las 12.30, ya solo el Somorrostro sigue libre de medusas y con bandera verde. En el resto de playas ondea el amarillo y en Nova Icària aparece ya el indicativo de ocupación alta.

Son las horas previas a la escena de la vigilante abnegada, que convive con varias amenazas difíciles de afrontar. Porque mientras ella alecciona a los bañistas, a unos 20 metros hay un acceso grande protegido por ocho vallas enlazadas en los que una pancarta indica que la playa está cerrada. Entre la última valla y un murete de cemento queda un espacio de un metro por el que entra todo aquel que lo desee: aquí no hay vigilante.

La Guardia Urbana

“De hecho, nosotros no podemos impedir que la gente entre. Eso lo puede hacer la Guardia Urbana. Nosotros podemos avisar”, dice otro vigilante, en un punto también de Nova Icària. Otro controlador abnegado cuya labor contrasta con el hecho de a unos 20 metros en dirección Badalona, al igual que sucedía en dirección Montjuïc, hay accesos sin vigilancia.

Hay que decir que la playa no se ve abarrotada. ¿Ha aprendido la ciudadanía del ejemplo de Lleida? Podría ser, pero existen indicios que invitan a descartarlo. De entrada, la evidencia visual de que casi nadie lleva mascarilla. Otro signo distintivo de estos tiempos es que se ha reducido mucho el número de vendedores ambulantes. Se ve alguno, con tejidos, a otro, con mojitos. Junto a la parada de metro de Barceloneta, un grupo de manteros parece aguardar acontecimientos, como si esperar la aparición de una patrulla policial en cualquier momento.

Al color naranja de la Nova Icària se suma  la que tiene al lado en sentido sur: el Bogatell. Poco antes de las cinco ya son cuatro: también la playa de Sant Sebastià y la de la Barceloneta ascienden al color naranja.Y la quinta en tornarse naranja, de un total de 10 playas, es la Mar Bella, a las 17.30. Las tardes invitan más al llenazo.

Y pasadas las seis de la tarde, llega el color rojo a la playa del Bogatell. Toca vetar la entrada de bañistas. El vigilante lo explica, pero agrega que él no tiene potestad para echar a nadie o impedir su entrada. El coordinador de los vigilantes es más vehemente. La Guardia Urbana es la que debe acudir a echar el cerrojo. Pero pasan 20 minutos y no llega nadie. Pasan agentes en un coche molón adaptado para la playa, pero no se detienen. Luego llegan dos parejas de agentes, pero no se detienen en el acceso, siguen caminando. La playa está cerrada, pero no tanto.