25 oct 2020

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Un referente en declive

Los Encants reabren a medio gas y con las nuevas tasas como lastre

Las subastas matinales, savia indispensable para este equipamiento, se mantienen en suspenso por el covid-19

Carles Cols

La Torre Agbar, reflejada en un espejo de un lote de subasta matinal. 

La Torre Agbar, reflejada en un espejo de un lote de subasta matinal.  / FERRAN NADEU

A mediados de febrero fue noticia que el mercado de los Encants, al menos tal y como lo veían entonces quienes allí cada día levantaban la persiana para trabajar, se aproximaba a pasos agigantados hacia la extinción. Aunque reformado en el 2013 sin reparar en gastos y diseño, los ‘paradistas’ denunciaban hace cuatro meses una subida injustificada de las tasas que pagan al Ayuntamiento de Barcelona (de hasta el 40,9%, según decían) tras sufrir las interminables obras de Glòries, la crisis económica, la competencia creciente de Wallapop y el embrutecimiento de su imagen con ese llamado mercado de la miseria que se instalaba a su lado. El número de visitantes, añadían, caía ante esas dificultades y, sin embargo, la presión fiscal crecía. Los Encants reabren sus puertas este viernes con notables limitaciones (sin subasta matinal, por ejemplo, savia esencial de este equipamiento) y con la decisión municipal de cobrar ya las tasas del primer trimestre, a las que se les restarán 12 días de marzo en que ya no hubo actividad. La carrera hacia la extinción no cesa.

Este es un mercado insólito. No solo porque por algunas de sus características tiene pocos equivalentes en el mundo, sino porque administrativamente el Ayuntamiento de Barcelona lo clasifica en la misma carpeta que el resto de mercados de la ciudad, como los de productos frescos de alimentación, algo contraproducente en estos momentos, porque estos últimos (así lo confiesan en privado muchos ‘paradistas’) han aumentado sustancialmente sus ventas durante las semanas más estrictas de la pandemia. Con los restaurantes y las grandes superficies cerrados, los mercados municipales de alimentación han sido una de las principales vías de abastecimiento doméstico. Sin embargo, a la hora de desescalar fiscalmente la ciudad, el ayuntamiento no ha hecho distinción entre unos y otros mercados, denuncian desde los Encants. El aplazamiento en el pago de las tasas del primer trimestre ha sido igual para todos. La diferencia es que unos afrontan ese primer recibo con la caja registradora llena y, los otros, tras casi 80 días de absoluta inactividad.

Un lote, en la subasta matinal, el pasado febrero. / Ferran nadeu

La delicada situación de los Encants no la discute el Institut Municipal de Mercats de Barcelona (IMMB). Afirman desde esta sociedad pública que a los comerciantes se le ofrecerá la posibilidad de escalonar los próximos recibos para que no se solapen. Pero, con todo, ese no es el peor de los problemas de este equipamiento. Por razones de seguridad sanitaria, las subastas matinales no tienen fecha de retorno. A poco que se conozcan, resulta indiscutible que son el combustible con el que funciona ese mercado. Los ‘paradistas’ han propuesto que, como mínimo, se celebren un tercio de las subastas los lunes, miércoles y viernes, días habituales, y que se añada el sábado a esa frecuencia, lo cual permitiría mantener las distancias entre los participantes, pero esa fórmula no ha sido aceptada.

La mala cabeza de la Boqueria

Para revertir ese avance hacia la extinción, el IMMB (así se sugirió por parte de la concejala Montserrat Ballarín en la última comisión municipal celebrada sobre esta materia) tiene previsto destinar una partida de unos 250.000 euros a todos aquellos mercados que por una razón u otra se han visto perjudicados por el covid-19. No es el caso, en general, de los establecimientos de producto fresco. Sí lo es, en cambio, de los bares de los mercados, de las tiendas adyacentes (ropa, utensilios de cocina, libros en Sant Antoni), por supuesto los Encants y, paradójicamente, la Boqueria, buque insignia del IMMB y capítulo aparte, sin duda. La Boqueria ha funcionado a un cuarto de gas durante la pandemia porque buena parte de los ‘paradistas’ han cultivado estos últimos años el monocultivo turístico y, llegado el momento, han desdeñado voluntariamente abrir para el cliente barcelonés.

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