04 jul 2020

Ir a contenido

La movilidad tras el covid-19

El Bicing va como una moto

La pandemia dispara el número de usuarios y crece el número de estaciones disponibles hasta 519

Carles Cols

Usuarios de bicicletas en el paseo marítimo de la Barceloneta, esta mañana.

Usuarios de bicicletas en el paseo marítimo de la Barceloneta, esta mañana. / JORDI COTRINA

Crece el número de abonados al Bicing. Crece también el número de estaciones disponibles. Este lunes han entrado en servicio otras 67, con lo cual la cifra total supera el medio millar. Crece también el número de bicicletas disponibles. Mil más. El covid-19, que una inexplicada decisión gubernamental prohibió durante las primeras semanas de la pandemia el uso de la bicicleta como medio de transporte y dejó el metro y el bus como alternativas, a todas luces menos sanas, está acrecentando el peso del gremio del pedal en Barcelona. Buena noticia, sin duda, incluso para los cardiólogos. Quien mueve las piernas, mueve el corazón. Pero la gestión por el espacio público, escaso como el coltán en esta ciudad, promete ser un rompecabezas en breve para los responsables locales de movilidad.

Las cifras las ha anunciado muy ufano el Ayuntamiento de Barcelona. Desde que hace un mes se restituyó el servicio, se han abonado al Bicing 6.718 usuarios. Con estas altas, el total de abonados a 1 de junio es de 118.935 usuarios. A este ritmo, pronto uno de cada 10 barceloneses tendrá el carnet de este servicio público, al que le sentó la mar de bien la decisión de electrificar parte de las bicicletas. La orografía de la ciudad era antes un freno. Ya no.

El trasiego de bicicletas, con todo, no ha recuperado aún las cotas de antes de la pandemia. Sin embargo, en una ciudad aún a medio gas, el Bicing funciona ya al 69% de lo que era su vida cotidiana antes de la crisis sanitaria. No está mal para un servicio que, a diferencia de otros medios de transporte, públicos y privados, fue totalmente clausurado. Como compensación, a los antiguos usuarios se les ha ampliado 70 días gratis el abono. Así, con estas cifras sobre la mesa, no es difícil prever que más pronto que tarde el Bicing batirá sus anteriores plusmarcas de uso diario. Estos últimos días han entrado y salido de las estaciones unas 35.000 bicicletas cada 24 horas.

Nuevos barrios

Esa es la otra causa del incremento del número de abonados. Las estaciones disponibles no solo son más, sino que se han extendido además a barrios que hasta ahora carecían de ellas, como la Marina del Prat Vermell, Trinitat Nova, Vall d’Hebron y Canyelles. Se trata, en algunos casos, de barrios de montaña. Allí,  las unidades eléctricas del Bicing son imprescindibles. Son, además, el futuro. El parón económico mundial causado por el coronavirus ha frenado momentáneamente la producción de este tipo de bicicletas, pero, según Rosa Alarcón, concejala responsable de Movilidad, laa eléctricas no solo son muy aconsejables en Barcelona, sino que, además, por sus características, reducen el tráfico de furgonetas encargadas de abastecer las estaciones. Lo común hasta ahora era que las bicicletas del Bicing 'cayeran' de los barrios de montaña hacia los de mar. Ahora sucede menos.

A mitad de la pandemia, el Ayuntamiento de Barcelona aceleró un plan para peatonalizar calzadas de la ciudad y para incrementar en 21 kilómetros la red de carriles bici. En ese plan se incluía también un potente subapartado dedicado al Bicing. Se prometieron 97 nuevas estaciones. Un primer paquete entró en servicio días atrás. Esta semana son 67 más los aparcamientos operativos. Queda media docena solo por instalar. Cuando finalice el despliegue, en total habrá 519.

La ecuación de la movilidad

Las bicicletas del Bicing, con todo, son solo una parte de la movilidad a pedales de la ciudad. No hay un censo fiable de cuántas bicicletas tienen los barceloneses. Las hay, seguro, en las que las arañas habrán podido tejer telarañas. Pero su presencia en la calle va visiblemente en aumento. Los carriles bici de la ciudad han sufrido estas últimas dos semanas sus primeros atascos. Ver para creer. La cuestión es hasta qué punto, cuando la nueva normalidad ya sea estable, las bicicletas serán un actor de la ecuación de la movilidad. Hay matriculados en Barcelona unos 590.000 coches, 230.000 motos, 56.000 ciclomotores, 47.000 furgonetas y 20.000 camiones. No es fácil resolver la ecuación si ante no se despeja la incógnita del número de bicicletas, cifra a la que, sea la que sea, hay que sumar también el parque de unidades de bicicletas de alquiler.

El problema parece evidente. La sospecha, que con meses y estadísticas se podrá confirmar, es que las nuevas altas de usuarios del Bicing y, en general, de las dos ruedas a pedales o en patinete, se están produciendo en detrimento del uso del metro como medio de transporte, no del coche. Las distancias que recomiendan las autoridades sanitarias son a menudo imposibles en los vagones del suburbano. Si las bicicletas no crecen a costa del coche, la arcadia del pedal que pretende el equipo de Ada Colau no solo no está más al alcance de la mano, sino que lo que se intuye en el horizonte es una agria lucha por cada centímetro de asfalto. Nada nuevo bajo el sol de Barcelona, por otra parte.

"Evitar los carriles bidireccionales...

Lavarse las manos antes y después de cada viaje. Usar guantes desechables. Pedalear con mascarilla y mantener siempre dos metros de distancias con el resto de los ciclistas, sobre todo en los semáforos, que es donde menos se respeta esa norma. No tocarse la cara. El Ayuntamiento de Barcelona, de paso que daba a conocer las nuevas cifras del servicio, ha refrescado las ya conocidas recomendaciones que hace a los usuarios del Bicing con motivo de la pandemia de covid-19, y, entre ellas, ha incluido una muy llamativa, “procurar evitar el uso de carriles bidireccionales”. Algunos de ellos (eso es lo llamativo) son de los más intensamente utilizados, como los de las calles de Provença, Girona y paseo de Sant Joan. Ya estaban ahí antes de la pandemia, recuerda la concejala de Movilidad, Rosa Alarcon. Por eso, la nueva red de carriles bici creada durante la crisis sanitaria son unidireccionales y, en muchos casos, alternativas cercanas a los existentes. Es evidente, por ejemplo, con las nuevas rutas para ciclistas de las calles de Roger de Llúria y Pau Claris.