13 ago 2020

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ciencia en casa

El Museu de Ciències Naturals se lleva sus charlas científicas a la red

Las reuniones del Club dels Llunàtics i les Llunàtiques, nacidas en el 2005, se mantienen pese al coronavirus pero en formato virtual

Las tertulias, inspiradas en la Sociedad Lunar del siglo XVIII, reivindican la importancia de la ciencia para el progreso de la humanidad

Anna Rocasalva

Una sesión del Club dels Llunàtics i les Llunàtiques en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona.

Una sesión del Club dels Llunàtics i les Llunàtiques en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona. / Museu de Ciències Naturals de Barcelona

“Destruir la naturaleza debería ser considerado un crimen contra la humanidad y los hombres somos los causantes de este gran desequilibrio natural”, lamenta el escritor Gabi Martínez. “Se confirma la teoría de Lovelock, que explica que la Tierra es infinitamente inteligente y ahora nos está ‘atacando’ para sobrevivir”, contesta el arqueólogo Jordi Serrallonga, en referencia al COVID-19. 

Los dos científicos, a medio camino entre Phileas Fogg el uno e Indiana Jones el otro, charlan sobre el coronavirus, la importancia de tomar consciencia de los poderes invisibles de la naturaleza, la fragilidad humana y nuestra condición animal. Bien podría tratarse de una reunión de caballeros de la Inglaterra victoriana pero esta tertulia tuvo lugar el pasado jueves a través de Instagram Live. Son las charlas del Club dels Llunàtics i les Llunàtiques del Museu de Ciències Naturals de Barcelona que, durante el confinamiento, se han trasladado al mundo digital.

Inspirado en una antigua sociedad

El Club dels Llunàtics i les Llunàtiques se fundó en el 2005, en la biblioteca modernista del Castillo de los Tres Dragones del parque de la Ciutadella, para acercar la ciencia a la sociedad. “Quisimos recuperar la idea de las tertulias científicas donde todo el mundo pudiese participar”, explica el arqueólogo y moderador de las charlas, Jordi Serrallonga.

Captura de pantalla de la última sesión del club, con el moderador Jordi Serrallonga (arriba) y el escritor Gabi Martínez (abajo) / Anna rocasalva

Serrallonga se inspiró en la antigua Sociedad Lunar de Birmingham (Inglaterra), cuyos miembros se reunían mensualmente las noches de luna llena para “iluminar la mente de los hombres”. De ahí lo de “lunáticos” y “lunáticas”. 

En la actualidad, las sesiones del club tienen lugar en el Museu de Ciències Naturals del Forum, un jueves al mes, cuando el edificio cierra sus puertas. “Un poco como en la película Una noche en el museo”, bromea el moderador. “La pandemia nos pilló celebrando las tertulias entre primates, gracias al éxito de la exposición ‘Micos’; pero desde el principio del confinamiento tuvimos claro que el club debía continuar, y hemos encontrado la solución en Instagram”, explica Serrallonga.

Tertulias nocturnas

La premisa del Club dels Llunàtics i les Llunàtiques es siempre la misma: un formato pequeño para unas 30 personas y la comparecencia de ponentes con una vertiente científica y social. Para asistir hay que reservar previamente en la web del museo.

Desde sus inicios estas reuniones “lunáticas” han rebasado el aforo. Ingenieros, naturalistas aficionados, astrónomos amateurs, estudiantes universitarios, jubilados y familias enteras han podido charlar cara a cara con científicos de la talla de Josefina Castellví, que dirigió la base española de la Antártida, el primatólogo Jordi Galbany, que estudió los gorilas de Ruanda, o el Doctor en geoquímica, Ignasi Casanova, experto en exploración espacial, entre muchos otros.

Antes de empezar, Serrallonga lee un decálogo de cosecha propia, sobre las virtudes y requisitos que debe reunir todo miembro del club como “promover la amistad y la pasión por la ciencia”, “compartir el conocimiento” o “ser tolerante ante cualquier idea”. “Esto hace que los asistentes pierdan el miedo a preguntar y que los ponentes se lo pasen bomba y recuperen el contacto directo con la gente”, comenta Serrallonga.

El decálogo sobre las virtudes y requisitos que debe reunir todo miembro del club / jordi serrallonga

Nuevas tecnologías

Durante el confinamiento el Club dels Llunàtics i les Llunàtiques se ha tenido que adaptar y, para no perder fuelle, el Museu de Ciències Naturals ha organizado tres sesiones telemàticas consecutivas durante los tres últimos jueves, en las que se ha tratado diversos aspectos de la pandemia.

La última de ellas ha sido con el escritor Gabi Martínez, considerado uno de los representantes españoles de la literatura de viajes, con obras como ‘Los mares de Wang’, ‘En la Barrera’ o ‘Voy’. 

Durante el directo de Instagram, al que se sumaron una sesentena de oyentes, Martínez y Serrallonga exploraron la situación actual que nos recuerda nuestra propia fragilidad y la condición de animales. Para el escritor la respuesta es clara: debemos asociarnos entre todos, más allá de ideologías políticas, como lo hacen los musgos con los árboles, y poner la ciencia al centro de la sociedad. Pero “nos atreveremos a ser verdaderos activistas de la revolución ecológica?”, se preguntan ambos científicos antes de colgar.

La importancia de observar

Desde pequeño, el arqueólogo y profesor universitario Jordi Serrallonga se sintió fascinado por Charles Darwin, el padre de la Teoría de la Evolución. Ello le llevó a África a buscar los orígenes de la humanidad y a hacer de la exploración y la divulgación científica su modus vivendi

Desde hace años colabora con el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, donde impulsó el Club dels Llunàtics i les Llunàtiques, basado en la antigua Sociedad Lunar del siglo XVIII, fundada por el propio abuelo de Darwin, Erasmus Darwin. Y, desde este humilde plataforma, Serrallonga reivindica la figura del naturalista.

“Pocos saben que Charles Darwin, cuando empezó su famosa expedición a bordo del Beagle, no era científico, era estudiante de teología. Pero fue su asombrosa capacidad de observar y cuestionarlo todo lo que dio lugar a El origen de las especies”, explica Serrallonga. “Suplió su falta de conocimientos por su aptitud”, añade.

“Los gobiernos deberían apoyar las ciencias naturales porque si no aprendemos a querer lo que tenemos, lo destruiremos”, afirma. “Por eso siempre animo a fascinarnos por todo lo que nos rodea porque si observamos, conocemos; si conocemos, amamos; y si amamos, conservamos”, concluye.