26 may 2020

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Barceloneando

Tardes de sábado en Baricentro

Hernán Migoya publica una novela autobiográfica en la que remomora su infancia en el centro comercial de Barberà del Vallés

Ramón de España

Hernán Migoya, de pequeño, vistiendo un peto que se menciona en la novela

Hernán Migoya, de pequeño, vistiendo un peto que se menciona en la novela

Lo malo de publicar un libro en pleno confinamiento es que no puedes presentarlo físicamente y la promoción se resiente. Por eso Carles Puigdemont nos va a hacer esperar un poco para leer su nuevo y necesario texto 'M'explico. De la investidura a l'exili' (en vez de seguir el ejemplo de su vicario, que ha colgado gratis en la red 'El quadern suís' para que todos podamos solazarnos con las apasionantes peripecias de un agente de seguros catalán en el extranjero, un volumen en la línea de 'Las tribulaciones de un chino en China', de Julio Verne, y demás relatos de aventuras). Por el contrario, Hernán Migoya (Ponferrada, 1971) acaba de publicar una novela autobiográfica, 'Baricentro', y la presentó el viernes pasado en Instagram desde su encierro en Lima, donde adquirió hace tiempo un pisito, con Víctor Amela en Barcelona dándole conversación.

El autor publica una obra autobiográfica en la que repasa su trayectoria personal y artística

Hace años que conozco a Hernán y debo decir que no empezamos con buen pie. Como respectivos abanderados de la línea clara y la línea chunga -célebre polémica que enfrentó hace un montón de años a los lectores de 'Cairo y El Víbora', dos revistas de comics más muertas que Carracuca-, nos dedicamos a zaherirnos mutuamente en nuestros respectivos artículos hasta que nos conocimos, nos cogimos aprecio y acabamos haciéndonos amigos. Como la célebre polémica no era en el fondo nada más que una manera de entretenerse, Hernán pasó luego una época trabajando -mucho y muy bien, por cierto- para el director de 'Cairo', nuestro común amigo Joan Navarro, que estaba al frente de la filial española de la editorial de un señor de Grenoble llamado Jacques Glénat, donde Hernán resucitó como guionista las míticas 'Hazañas Bélicas' junto a un montón de dibujantes de lo mejorcito del país (quien no leyera en su momento esos cuadernos apaisados, puede hacerse con la bonita recopilación publicada en un solo tomo por Norma Editorial).

Hernán es conocido principalmente por su faceta de guionista de tebeos -lleva publicados más de veinte álbumes-, pero también dirigió una película, 'Soy un pelele' (2008) -aunque lo pasó tan mal que me aseguró que se le habían quitado para siempre las ganas de volver al maravilloso mundo del cine- y ha escrito algunos libros. El más conocido es 'Todas putas' (2003), pero no por su interés, que lo tenía, sino por la campaña de acoso y derribo en su contra y, sobre todo, en contra de su editora, Miriam Tey, que había sido nombrada directora del Instituto de la Mujer por el PP y las feministas radicales encontraron una buena manera de matar dos pájaros de un tiro. Ni Hernán era el machista despreciable que algunas veían en él ni Miriam una facha infecta, pero la ocasión la pintan calva y hubo quien la aprovechó (la reacción del autor consistió en publicar poco después 'Putas es poco', en cuya foto de la solapilla aparecía disfrazado de pelandusca).

Vuelta a los orígenes 

Con 'Baricentro'Migoya vuelve a sus orígenes, a Barberà del Vallés, donde habían emigrado años antes sus progenitores leoneses -Hernán nació en Ponferrada porque su padre obligó a su madre, a punto de dar a luz, a pegarse un largo viaje en tren para que el niño naciera en el terruño-, que ahora se enfrentan al cáncer (mamá) y el Alzheimer (papá). Como en Barberà no había gran cosa que hacer, la infancia de Hernán consistió, según él mismo explica, en pasar las tardes de los sábados en el Baricentro, primer centro comercial de España (1980) y decorado real y metafórico del libro. Luego vendrían Barcelona, los comics, la historia de amor con una peruana (que no se si se mantiene o si solo queda el pisito de Lima), los libros, las acusaciones de machista, la película que le dejó mal sabor de boca y una carrera creativa a salto de mata, pero constante y progresivamente coherente.

Nada queda de nuestras rencillas pueriles en torno a la línea clara y la línea chunga, reemplazadas por el aprecio mutuo y la solidaridad obligada entre dos sujetos que, pese a la distancia generacional, tampoco se diferenciaban tanto. A ver cuándo termina esta pesadez del coronavirus y puedo hacerme con un ejemplar dedicado de 'Baricentro'.