CONFLICTO INTERNO

El PP vive atrapado en la telaraña de Josep Bou

La relación del partido con el concejal de Barcelona es pésima, pero no puede romper con él para no perder dinero y personal

Tras prescindir de dos asesores de los populares en el ayuntamiento, el edil despide al jefe de prensa

Josep Bou se sube a un andamio.

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Toni Sust

En el vídeo, se ven las llamas reflejadas. Está ardiendo la pizzeria Il Commendatore, situada en la calle de Urgell, puerta por puerta con la sede del PP en Barcelona. Josep Bou toma una decisión: entrega las gafas a alguien que no aparece en la imagen y, con visible arrojo, sube a una bastida. Se intuye en su trepar la experiencia de alpinista. Una vez subido, le indica a un hombre que está abajo: "Dame la manguera. Dame la manguera. ¡Dame la manguera, joder!".

El interpelado se la da y él apaga el fuego mientras desde abajo le piden que vaya con cuidado. Se mueve con autoridad, no en vano le atribuyen en el partido una frase rotunda: "Yo estoy acostumbrado a mandar y a mi no me ha mandado nunca nadie". Es empresario, dueño de panaderías. Y adinerado: no está en política por el salario.

Un vídeo que vale dos escaños

“Ese vídeo del incendio nos hizo ganar el 1% que era necesario para que el PP entrara en el Ayuntamiento de Barcelona”, afirma un dirigente popular. Así de decisiva fue la pizzeria para un partido que estaba en un serio aprieto, con escasa representación en el Parlament, y que veía con pavor la posibilidad de quedarse fuera del consistorio. El desierto.  

Las encuestas indicaban que las opciones estaban al límite, y Bou, que provenía del mundo unionista, o del mundo que rechaza el independentismo, como se prefiera, que hasta entonces era presidente de Empresaris de Catalunya, se convirtió en el alcaldable sorpresa de los populares, elegido por el líder del partido, Pablo Casado, como relevo del histórico Alberto Fernández Díaz.

"El vídeo del incendio nos hizo ganar los votos para entrar en el ayuntamiento", dice un dirigente el PP

Bou apagó el incendio de la pizzería el 8 de mayo, 18 días antes de las municipales, y salvó los muebles del partido. Alcanzó, por los pelos, el 5% necesario para entrar en el consistorio: estuvo a 45 votos de quedarse fuera. Y hasta aquí esa historia de amor, que en seguida se tornó amarga. De los primeros enfados se pasó a un distanciamiento que no tiene vuelta atrás. Todos dan por hecho que Bou no repetirá como candidato en el 2023. Y que las tensiones arreciarán cuando, entre el 2021 y 2022, toque iniciar el proceso de elección de su sucesor.

Josep Bou presume de apellidos catalanes. / YOUTUBE

"Yo me llamo Josep Bou"

El vídeo del incendio no es el más conocido de Bou. Su acto de presentación resultó inolvidable. El hombre gritaba exaltado sus apellidos catalanes, explicaba que Catalunya estaba en ese acto, que en Navidad los populares catalanes ponen el pesebre, 'caganer' incluido. Que cantan 'El noi de la mare'. Mientras se desarrollaba su actuación, en primera fila, Casado ponía cara de no creerse lo que veía: sonreía levemente. Andrea Levy estaba en trance. La mayoría, con Alejandro Fernández, el presidente del PP catalán, al frente, reían como posesos ante los estrambotes del candidato. Pero ahora ya no ríe nadie.

Fuentes del partido subrayan que la relación con su edil, que sigue sin militar en el partido, está totalmente rota. La comunicación es inexistente u hostil. Incluso con el otro concejal del PP, Óscar Ramírez (al que Bou se ha referido a menudo como Óscar Martínez), que es presidente provincial del partido. Lo que por ahora se descarta es la ruptura. Que el PP rompa con Bou supondría que tanto él como Ramírez se convertirían en concejales no adscritos. Perderían recursos económicos y el personal con el que cuentan. Es una carta que solo se jugaría si la situación se tensa al máximo. Por lo tanto, son tres años, y pico, los que le quedan a esta matrimonio extraordinariamente mal avenido.

En el partido se da por hecho que Bou no repetirá y que la elección de su sustituto aumentará la distancia con él

A Bou se le reprocha de todo: que va por libre, que no tiene en cuenta para nada al PP y que, dicen sus detractores, pese a presentarse como un adalid de sus ideas, apoya iniciativas de otros partidos solo porque tiende a empatizar con sus rivales. De algún modo, no deja de ser otro caso en el que un fichaje independiente acaba colisionando con las viejas estructuras de los partidos: sucedió con Baltasar Garzón y el PSOE, y en el propio PP, con Montserrat Nebrera.

Los despidos

Entre lo que más ha molestado destacan sus decisiones sobre el personal. Primero despidió a dos asesores que compartían una plaza entera de asesor. Uno era Alfredo Bergua, que trabajaba en el grupo desde el 2007 Era responsable de Seguridad, Deportes y Cultura y es vicesecretario de Comunicación del PP de Barcelona. El otro, Miguel Raposo, presidente del PP de Gràcia y coordinador de distritos del partido. Mucho más reciente es el caso de Joan Castelló, jefe de comunicación del PP en el ayuntamiento desde 2007. Trabajaba allí desde el 2004. Lo echó a principios de marzo.

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Consultado por este diario, Bou prefirió no comentar la situación. Argumentó que considera que en estas fechas no son estas cuestiones las que interesan a los españoles. En el archivo quedan algunos de los conflictos en los que el edil se ha visto inmerso. Fue condenado por agarrar por el cuello a un hombre, se dio a conocer que alquila un local a una asociación cannábica. Quizá lo más dolió al PP fue que criticara la designación de Cayetana Álvarez de Toledo como cabeza de lista al Congreso por Barcelona.

La calificó de "error" y consideró que el partido debería optar en Catalunya por líderes "que sean catalanes, tengan apellidos catalanes y hablen catalán". sean catalanes, tengan apellidos catalanes y hablen catalán". "Los catalanes queremos gente de casa”, agregó. “Tenemos que convencer y vender el producto y ella no era la mejor persona para hacer esto", remachó sobre Álvarez de Toledo.