ÉRASE UNA VEZ EN... LA SAGRERA

Un plan para salvar la Nau Bostik

El arquitecto Xavier Basiana, impulsor también del centro Ivanov, lidera una campaña para convertir el último vestigio industrial del barrio en un equipamiento municipal

Imagen de archivo del interior de una de las salas de la Nau Bostik

Imagen de archivo del interior de una de las salas de la Nau Bostik / ALVARO MONGE

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Las obras de construcción del polideportivo Camp del Ferro, en La Sagrera, acabaron hace semanas. La inauguración de este imponente edificio anaranjado, programada para el pasado 14 de marzo, fue pospuesto sine die debido a la creciente propagación del coronavirus en la capital catalana. Los ladrillos exteriores y cerámicas del interior del polideportivo guiñan un ojo al pasado industrial del barrio, una historia que conoce muy bien el vecino Xavier Basiana. Este arquitecto celebra la llegada de un nuevo equipamiento pero está más preocupado por el futuro de la Nau Bostik. Según el plan urbanístico Sant Andreu-Sagrera, allí deberían ir pisos.

La transformación de la Sagrera y Basiana, que llegó al barrio hace 50 años de su Manresa natal, han ido prácticamente de la mano en las últimas décadas. Él fue uno de los primeros en imaginar el AVE en la Sagrera y proyectar un parque lineal. Eso fue en los inicios de los noventa. Parecía una idea descabellada pero un colega de la reputación internacional de Norman Foster le brindó todo su apoyo. Finalmente algunos partidos políticos hicieron suya la propuesta. 

“Creíamos que daría mucha vida al barrio, entonces desconocido, pero no éramos los propietarios de los terrenos ni la llegada del tren dependía de nosotros. En cierto modo, fue un gran fiasco y me sentí mal, sobre todo por las expectativas que generé en el vecindario”, explica el también fotógrafo, que justo entonces sufrió en sus carnes la compleja relación entre los gobiernos central y autonómico. También comprendió que “las guerras políticas” no le interesaban. 

Su manera de compensar a los vecinos de este barrio por ese desengaño colectivo, que de alguna manera continúa con unas obras en ralentí, fue abrir la Nau Ivanov. Compró el edificio en 1997 para convertirlo en un espacio de creación y cultura; una década después la donó al Ayuntamiento de Barcelona, con el entonces alcalde Jordi Hereu al frente. “Ahora es una fábrica de creación dedicada a las artes escénicas, con compañías residentes, y ha perdido un poco su esencia original, su esencia de barrio”, admite Basiana. “Por suerte los vecinos y entidades del barrio -puntualiza- sí gestionan el Espai 30 en las naves anexas”.

Proyecto comunitario

Este ilustre vecino, Medalla de Honor de Barcelona en el 2009, es una mezcla de activista y filántropo cultural. El historiador Pau Vinyes, que conoce bien su trayectoria, sostiene que es un “loco con ‘seny’, un personaje en peligro de extinción”. “Poca gente apuesta su patrimonio en proyectos culturales que luego comparte –continúa-, con esa idea de participación, de comunidad”.

El arquitecto Xavier Basiana, junto al nuevo polideportivo Camp del Ferro, a mediados de febrero / sergi conesa

Ahora casi nadie se acuerda de la Nau Ivanov, asegura Vinyes,que considera primordial salvaguardar el espíritu comunitario de la Nau Bostik para que no pase lo mismo. Se trata de aprender de los errores. En esa línea, Basiana desea que la Nau Bostik, que él gestiona desde el 2015, también pase a ser pública y siga los pasos de su hermana mayor, la Nau Ivanov. Mayor en edad, que no en superficie. Y aprendiendo de algunos errores, claro.

Aunque el consistorio siempre tendrá la última palabra, los vecinos pueden decir la suya en la plataforma Decidim Barcelona, donde se están recogiendo apoyos e ideas para su futuro más próximo. La Comunidad Bostik, de la que Basiana es la cara más visible, ya ha consensuado unas propuestas que consideran realistas. “Hemos presentado un proyecto para todo el recinto y la reforma, incluyendo cubiertas verdes y placas solares para que sea lo más eficiente y sostenible posible, costaría como mucho unos 10 millones de euros”, explica Basiana, que considera vital una gestión comunitaria del espacio, abierta y participativa, para que no pierda su “mirada vecinal”.

El AVE que pasa de largo

El proceso participativo está abierto. “Al lado de la futura estación del AVE dará el factor cultural y humano que la zona requiere”, ha escrito uno de los participantes en la plataforma del ayuntamiento. “La Nau Bostik es una maravillosa burbujita de oxígen que debemos ayudar y cuidar pues no existen espacios así”, comenta otra persona. “La ciudad necesita más espacios como éste”, añade una tercera. Y así más de un centenar de mensajes a favor de una inversión en este espacio de creación durante esta legislatura. El sentir es unánime, explica el presidente de la federación de entidades que alberga el Espai 30, Quim Terré.

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“La Nau Bostik ofrece actividades muy diversas y ha conseguido atraer a muchos públicos”, explica Terré, también miembro fundador de la asociación de vecinos, que reclama proteger este espacio, más si cabe cuando la lista de equipamientos del barrio es tirando a insuficiente. “Se dice que al barrio, con los pisos que se están construyendo, podrían llegar unas 4.500 personas personas cuando tenemos un ambulatorio en Garcilaso desbordado”, explica el vecino, que espera se pueda blindar el espacio de creación y lleguen más equipamientos esenciales.

Una docena de naves

Hasta el 2006 la Nau Bostik fue una de las 50 fábricas que tenía una multinacional especializada en la fabricación de cola para el calzando. Una vez cerró, el recinto acogió unos pocos talleres. El complejo formado por 12 naves con tejados altos suma unos 5.000 metros cuadrados fue transformado a partir del 2015 en un espacio cultural de creación apto para desarrollar actividades, talleres y actos al aire libre. Los gestores de la Nau Bostik tienen un acuerdo con los propietarios, Llave de Oro, para desarrollar su proyecto cultural como uso provisional.