26 oct 2020

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Omella, el cardenal del puente aéreo eclesiástico

El presidente de la Conferencia Episcopal, primer arzobispo barcelonés en dirigir la cúpula de la Iglesia, apuesta por el diálogo

Óscar Hernández

Juan José Omella.

Juan José Omella. / EFE / QUIQUE GARCÍA

Joan Josep Omella Omella es el primer presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que da el salto desde un obispado catalán al máximo cargo de la cúpula episcopal y la Iglesia católica en España. Y el primer catalanoparlante desde Vicente Enrique y Tarancón. No en vano nació el 21 de abril de 1946 en Cretes (Teruel), municipio de 600 habitantes de la comarca Matarranya, del que el torero Nicanor Villalta y el mismo obispo Omella son sus dos únicos hijos ilustres. En la franja aragonesa de habla catalana y a medio camino entre Calaceit y Vall de Roures. 

Arzobispo de Barcelona desde el 26 de diciembre del 2015 (un mes después de ser nombrado por el actual papa Francisco, cuando desde Catalunya se reclamaba que un prelado catalán sucediese al barcelonés Lluís Martínez Sistach), empezó su carrera en la Iglesia en el Seminario de Zaragoza y en centros de formación de los Padres Blancos -sociedad misionera que inició a finales del siglo XIX la evangelización de África- en Lovaina y Jerusalén. De hecho, él mismo ejerció de misionero en Zaire.

Juan Pablo II lo nombró obispo  auxiliar de Zaragoza en 1996. Tres años después accedió al obispado de Barbastro-Monzón (Huesca): un antecedente que explica que, incluso ya en Barcelona, se haya mostrado favorable a la devolución a Aragón de las obras de arte de la diócesis de Lleida. Tras ejercer de administrador apostólico de las diócesis de Jaca y Huesca desde el 2001, en el 2004 fue designado arzobispo de Calahorra y La Calzada-Logroño. 

El contacto con Francisco

En la Conferencia Episcopal  Española, constituida por 70 diócesis y archidiócesis, presidió la Comisión de Pastoral Social desde el 2003. En febrero del 2014 Omella realizó un visita 'ad limina' al Vaticano, un viaje que los obispos deben realizar cada cinco años para informar al Papa de la situación de sus diócesis. Y fue entonces cuando se reunió con Francisco quien ocho meses después le nombró miembro de la Congregación para los Obispos, que selecciona los nuevos candidatos antes de la aprobación por el pontífice, además de organizar las visitas 'ad limina'. Solo un año después el Papa lo nombró arzobispo de Barcelona.

Omella fue creado cardenal por el mismo Francisco en el 2017. Abundan los que le identifican con el actual pontífice, con su estilo más progresista, muy distanciado del carácter conservador de anteriores presidentes de la CEE como Ángel Suquía y Antonio María Rouco. Aunque el arzobispo de Barcelona siempre huye de la dicotomía de izquierdas o de derechas, progresista o conservador. "Yo no entro en esas disquisiciones. Se trata de vivir el Evangelio o no, ser más o menos evangélico", dijo en una entrevista el año de su estreno como purpurado.

Además de esa sencillez tan acorde con el estilo del actual papado –Omella se desplazaba hasta ahora en metro a su despacho en el arzobispado–, el nuevo presidente de los obispos españoles destaca por su carácter dialogante. De hecho, en las semanas previas al 1-O intentó mediar entre los gobiernos de España y Catalunya para buscar una salida al conflicto independentista. Mantuvo reuniones por separado con los dos presidentes enfrentados, Rajoy y Puigdemont. Y mantuvo contactos con los políticos presos a través de terceras personas. El martes, recién elegido presidente de la CEE, dijo sobre al 'procès', aunque sin citarlo: "Hay que buscar fraternidades y puentes. Si existe la voluntad de caminar juntos se puede conseguir".