28 feb 2020

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INICIATIVA PIONERA EN BARCELONA

Lección de vida en dariya

El proyecto Prollema forma a jóvenes extutelados sin red como profesores de su lengua materna oral

Hamza, quien salió de su casa, en Fez, a los 11 años; nunca imaginó que algún día sería él, el maestro

Helena López

Hamza, exniño tutelado que hace de profesor de dariya.

Hamza, exniño tutelado que hace de profesor de dariya. / ELISENDA PONS

El aula está prácticamente desnuda. Solo un viejo pupitre de profesor y una pizarra blanca. En la pared opuesta, un ventanal regala unas vistas privilegiadas de la Barcelona por venir. La que se definirá cuando termine la transformación de La Sagrera. Quizá también se esté dibujando otra ciudad, un poquito mejor, dentro de este espacio, en el coworking de la Nau Bostik. Hamza, el jovencísimo profesor, no necesita demasiada pirotecnia para su clase. Lo importante en este proyecto de nombre difícil de recordar -Prollema- son las personas. La lengua. Lo que se dicen y cómo. En este caso, en dariya, la lengua materna de este joven nacido en Fez hace 20 años, quien empezó, solo, su salto a la fortificada Europa hace cuatro.

La imagen de Hamza de pie, impartiendo una clase, no puede resultar más empoderante para este chaval, poco acostumbrado a que le miren como alguien de quien aprenden, y demasiado a que lo hagan con los prejuicios con los que esta sociedad suele mirar a los inmigrantes extutelados, colectivo al que pertenece. Uno de los varios objetivos de Prollema, proyecto dirigido a chicos de origen extranjero en situación de exclusión severa, es ese, cuidar la frágil autoestima de estos jóvenes, en una edad y situación difícil. "Trabajamos con chicos de 17 a 23 años. Personas muy potentes que alcanzan la mayoría de edad sin garantía de nada y corren el riesgo de descolgarse; de perder lo todo. Se trata de intentar que eso no pase", resume David García, ideólogo del proyecto, creado en el 2013.

Revertir el asistencialismo

Otro de los objetivos es revertir el asistencialismo con el que, a ojos de García, se suele trabajar con estos chavales. "Cuando trabajaba como educador era muy crítico con el sistema, con los profesionales y con los propios jóvenes. Aquí de lo que se trata es de que estos jóvenes, ya fuera del sistema de protección, empiecen a tejer una red de confianzas", prosigue el impulsor de la iniciativa, que forma a estos chicos como profesores de su lengua materna. 

Aunque ese no es su principal objetivo, ofrecer estas clases también sirve de (pequeña) fuente de ingresos para estos expertos en su lengua materna oral, ya que los alumnos les pagan las directamente.

García destaca también la mirada decolonial de la iniciativa: "No va solo de enseñar la lengua, también se trata de mirar hacia el sur, aprender de sus culturas…". Los alumnos de estos pioneros cursos lo que buscan es aprender de estos jóvenes supervivientes. Son una médica que quiere entender y hacerse entender con sus pacientes o un maestro que busca derribar la frontera que le separa de las familias de sus estudiantes

Historias comunes

Pese a su juventud, Hamza lleva casi media vida fuera de su casa. Salió de Fez con 11 años y medio. "Fui poquísimo al colegio. Me fui muy pronto a Casablanca, a trabajar con mi primos", recuerda el chico, quien llegó a Europa debajo de un camión con 15 años. Ingresó entonces en un centro de menores de Melilla. De allí le fueron llevando de centro en centro. Motril, Granada y Córdoba, de donde se escapó para dirigirse, por su cuenta, a San Sebastián, donde le habían contado que había más oportunidades. Siguiendo la misma lógica saltó a Francia, pasó por Bélgica y llegó hasta Alemania. "Hice un curso de mecánico y aprendí algo de alemán, pero me di cuenta de que conseguir los papeles allí era muy difícil y, como aún me quedaba un tiempo para ser mayor de edad, bajé a Barcelona, donde me habían explicado que era más fácil", prosigue. No le salió bien. No llegó a tiempo para regularizar su situación. "Ahora me arrepiento de haberme ido. Si mi hubiera quedado aquí tendría papeles", lamenta el joven, quien no se rinde.

Una educadora le puso en contacto con Prollema, proyecto en el que ha puesto sus esperanzas. "No me había imaginado nunca haciendo de profesor, pero me gusta. Enseñas tu lengua, pero tú también aprendes de tus alumnas", concluye el joven, quien sueña en trabajar de sastre, oficio que aprendió con sus primos en Casablanca.