VIDA(S) MÁS ALLÁ DE TIENDAS DE SUVENIRES Y TERRAZAS

Maite, la mohicana de la Rambla SA

El juzgado suspende en el último momento y a petición municipal el desahucio programado para este lunes de una de las últimas vecinas del explotado paseo

La mujer, de 58 años y en este piso desde hace 33, vive sola, rodeada de apartamentos turísticos, a la espera del piso de la mesa de emergencia que le pertoca

Maite, este viernes en el comedor de su piso, en el 75 de la Rambla.

Maite, este viernes en el comedor de su piso, en el 75 de la Rambla. / RICARD CUGAT

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Maite Mendivil habla sentada en la mesita de madera de su minúscula y acogedora cocina-comedor, desde la que repasa algunas escenas de su vida de película. Y es que a eso, al cine, al teatro y a la televisión, ha dedicado gran parte de su vida esta caracterizadora (mucho más que maquilladora y peluquera) de 58 años, vecina del 75 de la Rambla desde hace 33. Mientras comparte anécdotas sobre su historia y la de la ciudad –ha vivido tres décadas en un privilegiado mirador en el epicentro de todas las Barcelonas imaginables–, recibe la noticia que rescribe el hasta ahora último capítulo: el desahucio previsto para este lunes había sido parado (casi) en el último momento en los juzgados, a petición del Ayuntamiento de Barcelona "dada su situación de vulnerabilidad". Maite vive sola, con su gata, con una discapacidad que le impide trabajar desde hace algunos años, tras un grave accidente, con una pensión no contributiva que sobra decir no le daría para un alquiler a precio de mercado.

Cuando Maite se se instaló en este cuarto piso de 50 metros cuadrados sin ascensor –con aspecto de palomar o de cuartito para la portera– a mediados de los años 80 del siglo pasado  –"cuando se podía fumar en los bares"–, el edificio no tenía nada que ver con lo que ahora es. "Subía las escaleras escuchando el piano de cola de la vecina", recuerda. Ahora lo hace abriéndose paso entre los turistas que ocupan los pisos turísticos legales o no que llenan el edificio, en cuyo principal hay un centro de masajes.

"En uno de los pisos vivía un mayordomo que había hecho fortuna cuidando a dos actores de Hollywood y en otro la mujer del doctor del Liceu", rememora. Ella llegó a este hoy por hoy un bombón inmobiliario a través de una compañera de la peluquería en la que trabajaba por aquel entonces, la mítica 'La pelu' ("fuimos las primeras que pusimos extensiones a las trans, por una compañera africana que controlaba el tema").

Una vida por 300 euros

El primer contrato indefinido que conserva, a nombre de su expareja, es del año 1986, contrato que ella subrogó en 1998. "Pagué siempre. Siempre. Ingresaba el dinero el día 1. Pero el impago de un mes, que yo sí pagué, pero él asegura no haber recibido, un error informático, dicen, veremos, empezó el proceso de desahucio", asegura. "No me puedo creer que me vayan a echar de mi casa por 300 euros. Que haya perdido mi contrato indefinido, que era mi tesoro, por  300 euros", repite incrédula.

Desde su agradable terrado, [incluso una mañana lluviosa como la de este viernes], justo encima del mosaico de Miró de la Rambla, se ve prácticamente todo (del hotel W a la torre Abgar, de la Sagrada Família a la torre Maphre). "Este es el único tramo de la Rambla sin árboles", señala mirando hacia abajo. Desde esta terraza fue también testigo de todo lo que sucedió tras el atentado de la Rambla, hechos de los que todavía no se ha recuperado. 

Cuando llegó, en los años 80, escuchaba el piano de la vecina de abajo; hoy solo se oye a los turistas gritar

El concejal de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, confirma que Maite está en la mesa de emergencia  a la espera de un piso social –es una de las más de 600 familias en esa situación, según la PAH– y apunta que el objetivo de la mediación municipal es convencer a la propiedad –una SL– de que retire la demanda (por ahora el desahucio solo se ha aplazado), hasta que Maite tenga el piso.

"El certificado de pobre"

Aunque le bailan algunas cifras y años –"tengo que sacarme el certificado de pobre, con todo esto; yo soy artista, no tenía ni idea toda esta maquinaria demoledora", confiesa– Maite conserva todos sus documentos en un robusto carpesano. De él saca sus recibidos pagados y su contrato. "Gracias a tener todo esto guardado gané un primer juicio, en el que me denunciaban por okupa en el piso por el que llevo pagando el alquiler 30 años", prosigue la mujer, quien llegó a Barcelona desde su Bilbao natal, muy joven, con 20 años recién cumplidos. 

"Vine de vacaciones, pero jamás regresé. Me instalé primero en una pensión de Escudellers, donde me pasó todo lo que mi madre mi dijo que me pasaría. Era la pensión en la que descuartizaron a una mujer en los 80. Lo descubrieron porque encontraron trozos de su cuerpo en bolsas de basura en la calle. Al poco entraron en mi habitación y me lo robaron todo y recibí una llamada diciéndome que mi jefe se había matado. Ahí fue cuando decidí no volver", recuerda en otro de los episodios de su vida novelesca vida.

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-¿Seguro que está parado? - le pregunta a Martí Cusó, el activista de Resistim al Gòtic que la arropa durante la entrevista.

-Seguro - le responde antes de recibir su abrazo.