04 ago 2020

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BARCELONEANDO

Para el alma y el bolsillo

En las vitrinas de Aixelá, tienda y sala de exposiciones, convivían Català-Roca, Armstrong, Stravinsky y radios y televisiones a la venta

El local, mención obligada en la historiografía de la fotografía catalana, supuso en los 60 y 70 una ventana a la modernidad cultural

Natàlia Farré

Reproducción de uno de los escaparates de la tienda Aixelá, en la exposición que La Virreina dedica al local. 

Reproducción de uno de los escaparates de la tienda Aixelá, en la exposición que La Virreina dedica al local.  / RICARD CUGAT

Las referencias a la Sala Aixelá son constantes en el mundo de la fotografía. O, por lo menos, lo son en el mundo de la fotografía más cercano. ¿Que Colita recibe un homenaje del FAD? Ahí está la reproducción de la muestra que la sala le organizó en 1971, 'La gauche qui rit', y que la policía, disgustada por eso de la gauche, prohibió a las 24 horas de su inauguración. ¿Que hay que hablar de los grandes de la cámara? Se antoja imprescindible la cita a la exposición seminal de la Nova avantguarda, 'Terré-Miserachs-Masats', que en 1959 organizó Aixelá. Y si el tema es Joan Colom, también es obligada la mención del local, no en vano 'El carrer',  su trabajo más famoso (y polémico, a la par que escandaloso en la época), se presentó ahí por primera vez en 1961. Así que la pregunta sale casi sola: ¿Qué era la Sala Aixelá? Y la respuesta la da Laura Terré en La Virriena, en la primera exposición dedicada al espacio. Una muestra necesaria "no solo por lo que expuso el local sino también por lo que supuso de apertura en tiempos del franquismo".

Así de entrada, fue una tienda de fotografía y de sonido. Pero no cualquier comercio, sino uno puntero. Uno en el que se encontraban las últimas novedades. Uno en el que las marcas eran extranjeras, vanguardistas e innovadoras. Uno en el que incluso había clientes que compraban televisores antes de que Televisión Española empezara a emitir. Y uno que acabó convertido en un espacio para la cultura en el que arte, música, cine y fotografía gozaban de una libertad impropia en tiempos de dictadura. Incluso había actos a los que solo se podía acceder a escondidas, por recomendación y fuera del horario comercial. Cosas del limitado derecho de reunión del momento. De las cosas de la globalización habla el espacio físico que ocupaba la tienda, en la Rambla de Catalunya. Donde antes se apostó por la cultura, la exclusividad y el diseño ahora se sirven paellas, papas y grill a los turistas.

La entrada de la tienda Aixelá, ubicada hasta 1983 en la Rambla de Catalunya. 

Sótano precursor

La historia, la buena, empieza en 1958, cuando Francisco Aixelá subió la persiana de lo que quería que fuera un local único. Así que no escatimó en recursos: arquitectura de Nilo Tusquets e interiorismo de M. Paglia y B. Planas. El diseño gráfico fue a cargo de Alexandre Cirici i Pellicer; la publicidad tenía como faro a Josep Maria Casademont. Y los escaparates,  enormes y rompedores. Vitrinas en las que las fotografías de Francesc Català-Roca del concierto barcelonés de Louis Armstrong podían convivir con un homenaje a Igor Stravinsky y aparatos de radio y televisión a la venta. Así era la tienda Aixelá en los 60. Aparadores que lo mismo servían de reclamo para llenar la caja que de atracción para alimentar el espíritu. Lo dicho más arriba: de entrada fue comercio; pero de salida fue, también, "el local donde se experimentó una tercera vía para la fotografía, entre la práctica creativa 'amateur' y la fotografía aplicada de los profesionales". No solo eso, además fue precursor de lo que luego se convirtió en Sonimag y origen de la Escola de Barcelona de cine. Que no es poco.    

El hambre de cultura se saciaba en el sótano. Y tenía a un maestro de ceremonias excepcional: al ya citado Casademont, abogado reconvertido en dinamizador cultural con una obsesión: normalizar la fotografía, rescatarla del conservadurismo y la técnica de la academia para acercarla a nuevos públicos y a la modernidad. O sea, consolidarla como lenguaje comunicativo y ensortijarla con el resto de actividades culturales. De ahí, la importancia que la disciplina tuvo en la Sala Aixelá.

Primera oportunidad

La muestra de La Virreina repasa una selección de 29 exposiciones que se celebraron en la Sala Aixelá entre 1959 y 1975, fecha final del local cultural pero no de la tienda que continuó hasta 1983. Están todos los nombres importantes de ese periodo: Ricard Terré, Ramon Masats, Xavier Miserachs, Oriol Maspons, Julio Ubiña, Ramon Dimas, Joan Colom, Colita, Gabriel Cualladó, Paco Ontañón, Eugeni Forcano, Manel Esclusa, Toni Catany, Francesc Català-Roca... Y algunos  autores por descubrir, como Morgan, un joven y prometedor fotógrafo con una muerte prematura y un archivo desaparecido. Ergo, fotógrafos que ahora son muy potentes y reconocidos tuvieron su primera oportunidad en la Sala Aixelá.

Y la tuvieron por la generosidad cultural de sus promotores: Aixelá y Casademont. Hasta el 16 de febrero.