20 feb 2020

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DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS DE BASE

El hijo del poeta exiliado

Esteban Yanischevsky, uno de los primeros en arropar a los manteros, es uno de los puntales de La Tancada Migrante en la vieja escuela Massana

Fue un habitual de las asambleas de plaza de Catalunya durante el 15M, e intenta no fallar ningún martes a los ensayos de la coral Iaioflauta en el Ateneu Roig

Helena López

Esteban Yanischevsky, hace unas semanas.

Esteban Yanischevsky, hace unas semanas. / JORDI COTRINA

Su frondosa barba blanca y sus ojos pequeños tras sus gafas grandes son un clásico en los espacios de lucha de la Barcelona rebelde. Sobre todo en la siempre más convulsa Ciutat Vella, donde vive. También es fácil verle los martes por la tarde en los ensayos de la coral Iaioflauta, en el Ateneu Roig de Gràcia. Junto al ajedrez, cantar es la gran pasión de este hombre de 69 años que combina haciendo malabares imposibles un intenso compromiso con los más vulnerables de la ciudad con su rol de abuelo. Esteban Yanischevsky, revolucionario desde la cuna, como le describieron cuando protagonizó la sección ‘Superhéroes de barrio’ en la revista ‘Masala’, es eso, un superhéroe de barrio. Nacido en Buenos Aires y de apellido polaco, es nieto de judío ucraniano por parte de padre y tiene raíces españolas e italianas por parte de madre. "En la familia había hasta un albanés", explica con una sonrisa y su voz dulce este hombre conciliador, actualmente ‘ángel de la guarda’ de la treintena de personas sin papeles ni recursos que viven en la Tancada Migrant, en la vieja Escola Massana, en el Raval.

Visitó Barcelona por primera vez en 1979. Tenía 30 años y dos hijos, y vino con su pareja y sus dos hijos. Sus padres se habían exiliado aquí dos años antes. "Mi padre era un poeta bastante conocido, amigo de varios poetas y escritores que habían desaparecido, y decidieron marcharse", recuerda. Tras un periodo corto aquí, regresaron a Buenos Aires por cuestiones familiares (sus padres estaban aquí, pero los de su pareja se habían quedado en Argentina). Tras varios viajes, es en el 2000 cuando se instala de forma definitiva en la capital catalana. "Mi hija pequeña, la tercera, quería venir a vivir a Barcelona, y vine yo primero para prepararle un poco el terreno; y una vez aquí, me fui metiendo aquí y allí, y aquí sigo", relata. 

Esteban, en el centro, en un ensayo de la coral Iaioflauta, hace unos días. / carlos de diego

Cuando inició su proceso migratorio definitivo tenía 50 años. La situación, al principio, no fue fácil. Encadenó trabajos precarios y pasó por infinitas habitaciones. Muy pronto entró en contacto con el Casal Latinoamericano La Claca -"donde había fundamentalmente argentinos y uruguayos"-, y en el 2001 dedicó el poco tiempo libre que tenía a apoyar a los inmigrantes que empezaron a ocupar iglesias para pedir papeles. También se acercó a la Casa de la Solidaridad, donde todavía participa. En aquella época trabajan la memoria histórica argentina.

Y llegó el 15M

Entonces llegó 15M, que le cogió en un momento de su vida en el que tenía ya una situación más estable, con trabajo y vivienda. "Para mí fue una sorpresa; una idealización de lo que podía ser un movimiento que transformara las cosas. Un respiro. Parecía increíble que, sin direcciones, aparecieran tantas ideas distintas, que tanta gente sacara que lo tenía dentro. Fue una maravilla", rememora. Esteban era ya entonces un referente para los movimientos sociales de la ciudad. "Viví aquellos meses muy intensamente. Me lo creí. Tenía esperanzas en que todo eso produjera algo distinto. Nadie sabía muy bien qué", se sincera.

De allí nacieron varias iniciativas, entre ellas el colectivo Iaioflautas, que en el que se metió de lleno. En esa época empezó a ser también un habitual en las convocatorias para parar desahucios. Su silla de ruedas atrancada en la puerta se convirtió en la herramienta definitiva para evitar que la comitiva judicial entrara en las viviendas a sacar a las familias. Por aquella época la artrosis severa le impedía andar. Por aquellos años se formó también la coral Iaofluata, con la idea de cantar en las manifestaciones, pero no solo eso, también de hacer conciertos, con un repertorio lleno de canciones "revolucionarias o casi revolucionarias" a las que adaptan las letras, actualizándolas.

Tras la manta

Fue en una asamblea del Espacio del Inmigrante en la rambla del Raval en la que varios hombres que se dedicaban a la venta ambulante plantearon sus problemas con la policía, cuando decidieron que tenían que hacer algo por ellos. Ahí nació Tras la manta, un grupo de apoyo que empezó a grabar las actuaciones policiales y difundirlas, a acompañarles al hospital, a asesorarles con abogados… Las asambleas se hicieron en la Casa de la Solidaridad, donde también les daban clases de castellano… Allí salió la idea de crear el sindicato mantero. "Hicimos al principio unos carnecitos, para que tuvieran algo identificativo… pero muchos cuando la policía les pedía la documentación, le entregaban aquello y se lo rompían…", señala. Fue en aquella época cuando Esteban fue el coprotagonista anónimo del mediático caso Garganté, por el que estuvo a punto de sentarse en el banquillo de los acusados por la supuesta coacción a un doctor del CAP Perecamps para que cambiara un parte médico tras la atención a un vendedor ambulante, caso por el que ambos fueron absueltos.  

Hoy por hoy ejerce casi de padre, abuelo o hermano, dependiendo del momento, de las 35 personas que viven desde hace un año y medio ocupando la antigua Escola Massana. Algunos exmenores tutelados que al cumplir la mayoría de edad perdieron la tutela y todos los derechos. Otros, refugiados sin derecho a asilo.