14 ago 2020

Ir a contenido

Los 10 proyectos que en 3 años transformarán el Port Vell

El espacio público del puerto hará un 'esprint' en grandes obras pendientes que abarcan desde el Moll d'Espanya a la nueva Marina Vela

Van del derribo de los Cinesa y posiblemente del Imax, a la nueva lonja pescadores y el mirador de Marina Vela

Patricia Castán

Vista de El Maremàgnum de Barcelona desde el World Trade Center de la capital catalana.

Vista de El Maremàgnum de Barcelona desde el World Trade Center de la capital catalana. / Ferran Nadeu

Desde el Moll de Espanya a la nueva tribuna sobre el mar que dibuja Marina Vela, pasando por el Moll de la Fusta, la lonja de pescadores, el Aquàrium o el Maremagnum, el privilegiado territorio que enlaza el Mediterráneo con Barcelona suma una decena de obras pendientes por distintas circunstancias que por fin se activarán y encadenarán a partir del 2020 para culminar en un plazo de unos tres años en un Port Vell del siglo XXI mucho más funcional e integrado en la ciudad y el vecino distrito de Ciutat Vella. Abarcan sus distintos muelles, pasan por renovar edificios o construirlos, ganar espacios urbanizados y reinventar otros que con el paso del tiempo han quedado obsoletos desde los sueños preolímpicos de finales de los años 80.

Con 700.000 metros cuadrados (56 hectáreas previas más las 14 ganadas con la Nova Bocana), el Port Vell engloba muchos más espacios de lo que creen la mayoría de los ciudadanos, que lo vinculan solo a la parte más próxima del paseo de Colón. Este universo portuario conocido como puerto ciudad, que abarca espacios públicos del Port de Barcelona y gestiona la gerencia urbanistica Port Vell -antes Port 2000-, no solo es territorio de ocio, marinas y vistas, sino que aglutina la friolera de más de 320 empresas, una facturación de al menos 1.811 millones de euros al año (según un informe del 2017) y más de 12.600 puestos de trabajo. Por no hablar de los 16 millones de usuarios anuales estimados.

El director de Port Vell, Joan Colldecarrera, asume que la histórica zona, que se convirtió en símbolo de la nueva apertura de la ciudad al mar hace tres décadas, tiene ahora otras necesidades, tanto en edificios patrimoniales que han perdido funcionalidad, como en otros que han quedado desfasados. En el primer bloque figuran obras que suman largos retrasos y por fin se desencallan. Por ejemplo, la antigua sede de la Autoritat Portuària de Barcelona, cuya obra se detuvo por diversos problemas con la UTE que se adjudicó la obra y ahora debe volver a licitarse para rematar los trabajos pendientes. Estará listo en el 2023 con la misión prevista de ser un centro de interpretación del puerto, con salas de exposiciones y gran sala de actos ciudadanos, pero también innovadoras pantallas que permitan descubrir el desconocido mundo de la actividad portuaria a lo largo de una jornada.

Nuevos reclamos

La lonja de pescadores lleva tiempo en la recámara, para desespero de la Confraria de Pescadors, y por fin se licitará este 2020, con obras previstas para el 2021 inauguración de cara a principios del siguiente. El nuevo y moderno espacio permitirá a los barceloneses acercarse a la subasta diaria de pescado de Barcelona, y contar con espacio de degustación a la par que divulgativo de la actividad marinera local. En el caso del colegio oficial de Pesadores, un bloque feo y que no aporta ya nada a la zona, las obras de demolición comenzarán el próximo febrero y posteriormente se reurbanizará la zona para convertirla en un espacio más amable y oxigenado.

Los cambios ya ejecutados y menos visibles al ciudadano incluyen el traslado del 'shiplift' del dique seco de Marina 92, con instalaciones mejoradas que la consolidan como la industria de reparación de barcos más importante de Europa, un ámbito marino que refuerza el Institut de la Nàutica ya ubicado en el edificio del Far. Pero ante esos avances, restan el traslado de algunos ferrys y de las tres terminales de cruceros del Port Vell al muelle Adossat, en un proceso que comenzará en el 2022, como estaba pactado con el ayuntamiento, que forma parte del consejo de administración esta gerencia gestora, cuyo socio único es el Port de Barcelona.

Adiós cines

Más trabajo queda por delante para dar funcionalidad al Moll d'Espanya. En ese entorno, Colldecarrera avanza la próxima demolición de los cines de Cinesa, que llevan años cerrados, bajo dos posibles escenarios. Uno sería para la ampliación del recinto comercial del Maremàgnum si así lo quisieran sus concesionarios actuales, y el otro para urbanizar "humanizándola" con una gran plaza central. Por contra, el desfasado cine Imax, también en desuso desde el 2014, y difícilmente readaptable por su morfología, verá despejado su futuro en el plazo de dos o tres meses, ya que se está negociando la resolución de su concesión. A partir de ese momento se estudiarán las posibles actuaciones, detalla, con la opción de la demolición sobre la mesa.

La zona que concentra más intervenciones es la de la Nova Bocana. Empezando por los viejos tinglados (con licitación el 2020 y obras confirmadas el siguiente), donde habrá un espacio polivalente que incluye usos para el vecindario y se integrará una nueva estación marítima para el 'vaporetto' o bus náutico que debe mejorar las conexiones de la ciudad con este apartado espacio. Enlazará el Portal de la Pau con el muelle de Llevant y el port avanza que probablemente se licite el próximo año.La otra guinda del pastel en la zona debe ser el mirador al final de la Rambla Nova, en lo que fue el Rompeolas, cuyas obras empiezan el próximo otoño y deben estar listas antes de dos años.

La anunciada renovación del Moll de la Fusta, planteada hace unos meses por el ayuntamiento como una gran balconada sobre el mar y distribuida en varios espacios para deporte, vegetación y usos ciudadanos, tiene suspendida su tramitación porque el gobierno municipal "quiere introducir mejoras técnicas en la pérgola revista en su espacio superior". No obstante, garantizan su ejecución y su nueva tramitación "lo antes posible", destacan fuentes municipales, como la zona clave de expansión y disfrute que será sobre todo para Ciutat Vella. 

Imán panorámico y gastronómico a falta de la decisión sobre el Hermitage

La nueva joya del Port Vell, Marina Vela, situada más allá del Hotel W sigue desarrollándose pero con la vista puesta en el solar anexo que teóricamente debía acoger el futuro museo Hermitage. A día de hoy, el puerto sigue defendiendo esta opción, que cuenta con el apoyo de parte del vecindario y entidades de la Barceloneta, mientras que el ayuntamiento sigue sin ver claro la solidez y financiación de este equipamiento cultural, al que se opone otra parte del vecindario que no quiere más imanes turísticos. Los amarres ya se han contratado en un 70% en un año, explica a este diario Salvador Segura, responsable de Marina Vela Barcelona, que gestiona y comercializa los espacios.

La impresionante rambla Nova que parece adentrarse en el mar todavía es una desconocida para muchos barceloneses. De momento, la excusa de muchos para visitarla han sido sus nuevos restaurantes: un local de tapas, el Cámping Mar del grupo En Compañía de Lobos, que ofrece arroces que el comensal se puede comer en una terraza de autoservicio; y el Velíssima, un espectacular italiano del grupo propietario de Carpe Diem e Ikibana, que hace unos días puso la zona en el mapa de muchos barceloneses al organizar una sonada inauguración para más de mil personas. Estos reclamos gastronómicos o para tomar una copa con vistas al mejor atardecer de Barcelona han ejercido de pequeño motor la de la nueva zona (que también cuenta con más oferta junto al Hotel W), aunque el Cámping Mar ha cerrado hasta principios de marzo, cuando espera que haya mejorado el paisajismo del entorno, así como la movilidad. Estos dos últimos operadores reclaman mejoras en los accesos, y facilidades para llegar y márketing para dar a conocer el enclave. El bus náutico es una de las prioridades, pero también piden una mejor señalización de la zona.

Desde el Port Vell informan que las nuevas señales para vehiculos (con fondo oscuro) se acaban de renovar y actualizar, mientras que las de peatones, con grandes tótems, se instalarán entre finales de año y principios del que viene.

La gran pregunta que planea ahora es qué alternativa se contempla si el Hermitage -que fue el señuelo para que los operadores desembarcaran en una zona aún poco integrada en la ciudad- no prospera. Las instalaciones vinculadas a la Náutica previstas en ese ámbito no bastarán como imán popular y menos si los buses, taxis o el mencionado vaporetto no ejercen de plataforma, o si no se dota de actividades a un terreno llamado a ser un nuevo referente del litoral local.

.