18 sep 2020

Ir a contenido

BARCELONEANDO

El bar chino por excelencia

Wenkui Huang ha decorado por dentro y por fuera el bar familiar en el barrio de casas baratas de Can Peguera y lo ha convertido en un lugar único

Mauricio Bernal

Wenkui Huang en el interior del bar.

Wenkui Huang en el interior del bar. / JORDI COTRINA

Lo único que suelen tener de chino los bares chinos es que están regentados por chinos: es con arreglo a la denominación de origen de los propietarios que se ha popularizado esa expresión, "bar chino", o a veces "bar de chinos", y no a cuestiones como la comida, la bebida o la decoración, que es al fin y al cabo lo que importa en un bar. En realidad, un bar chino es un bar de toda la vida antes regentado por aborígenes y después regentado por personas de ojos rasgados. Como paisaje no suele deparar grandes sorpresas, más bien al contrario, salvo cuando se trata del bar chino de Can Peguera, el barrio de casas baratas de Nou Barris. Este bar chino es un bar chino único en Barcelona, en Catalunya y en España. El bar chino por excelencia.

Wenkui Huang es un hombre afable con un aire al Señor Miyagi de los 'Karate Kid'

Wenkui Huang es un hombre afable con un aire al solemne Señor Miyagi de los 'Karate Kid'. Pero Huang no es solemne. Sonríe siempre, y a pesar de su español precario hace extraordinarios esfuerzos gestuales para hacerse entender. Es pintor: en Canarias se ganó la vida como profesor de pintura, en Barcelona redondea sus economías pintando paisajes en la Rambla y siempre tiene a mano un bloc de hojas blancas donde dibuja retratos a bolígrafo. No es imposible que alguien que lo conozca diga cosas como que el señor Huang siempre que ve una superficie en blanco piensa en pintar. Hay gente así: gente como el señor Huang y gente que siempre tiene la lengua presta a decir esas cosas. El señor Huang es un señor mayor de edad indeterminada. Podría tener 50 o podría tener 60. Su hija y su ex viven en Canarias.

Huang, en el exterior del bar; al fondo, la casa de los López Torralba, que también pintó. / JORDI COTRINA

Familia 1929, antes Salvadora

Sito en el número 29 de la calle de Vila-Seca, en medio del paisaje agradablemente chato de las casas baratas, el bar Familia 1929 perteneció en su día a la señora Salvadora Torralba Pérez y a su marido, el señor Víctor López Montesinos. Entonces se llamaba Bar Salvadora. Los López Torralba vivían en la casa que se levanta cruzando la pequeñita plaza de Darnius, en el número 27, a 10 metros del bar, y de esa magnitud eran sus desplazamientos de la casa al trabajo y del trabajo a casa. Poseyeron y regentaron el bar hasta finales del siglo pasado, y entonces lo traspasaron. Durante algo más de 15 años el local cambió de manos un par de veces, no se sabe bien al albur de qué, hasta que hace tres pasó a las de la familia Wenkui. Huang y su madre.

La hija de los antiguos dueños trabajó para los Wenkui al principio y ahora les echa una mano con el idioma

Víctor López y Salvadora Torralba tuvieron una hija, María Luisa, que es ahora la vecina del 27. Cuando conoció a Huang hace tres años, le pareció un buen tipo, así que le dijo que era la hija de los que habían regentado el local hacía muchos años y que si quería le echaba una mano. Acabó trabajando para ellos, pero tuvo que dejarlo cuando su marido enfermó. "Tengo a mi marido así hace muchos años, pero ahora ha pegado el bajón". No obstante, es consciente de las limitaciones de Huang con el idioma y de vez en cuando cruza la placita para ayudarle con alguna llamada, algún documento, para hacer de traductora. Se llevan bien. Cuando Huang pintó el exterior del bar, le dijo que si quería le pintaba la casa igual. María Luisa dijo que sí.

Huang, trabajando en la Rambla. / ELISENDA PONS

Jinetes, músicos, pagodas

Si no es el único, el Familia 1929 debe ser de los pocos bares chinos que hacen un dadivoso honor a su nombre. Huang ha hecho del local un lugar especial. Pintó los muros y la tapia del antejardín con motivos chinos que copió de libros antiguos de su país: escenas de jinetes, de músicos, un hombre empujando una carreta, una mujer caminando con un balde en la cabeza. Pequeñas barcas, puentes, pagodas, pescadores, recolectores de agua, bandadas de pájaros, una madre pájaro alimentando a sus polluelos. Todo el que pasa por la calle se detiene a mirar. "La gente que hace excursiones por los barrios siempre se para aquí", dice María Luisa. Como pasa con todas las cosas buenas, el exterior es un anuncio del interior. El interior es mejor.

Dentro, el visitante puede tener la impresión de no estar en Can Peguera sino en China

Puede que la medida más expresiva de lo que inspira el bar por dentro es que por momentos el visitante puede tener la impresión de que no está en el barrio de casas baratas de Can Peguera sino en China. Hay pequeños dibujos enmarcados rústicamente por todas partes, y lámparas chinas, y sábanas pintadas con motivos chinos, y ruedas de carruaje y persianas de bambú colgadas del techo. Incluso la nevera está pintada con caracteres chinos. Es lunes por la tarde y hay media docena de personas en el bar. "Ponme una cerveza", dice alguien. "Ponme un café con leche". A veces tienen que decirlo dos veces, y con gestos, para que Huang entienda.

Los días padres, Huang trabaja en la Rambla. Los días impares ayuda a su madre en el bar.