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Convivir con los malos humos

Un agujero negro en el Eixample

La desconocida plaza de Enriqueta Gallinat, en Urgell con avenida de Roma, registra la peor calidad del aire

Vecinos de la zona se quejan del ruido del tráfico, sirenas incluidas, pero celebran su céntrica ubicación

Óscar Hernández

La plaza de Enriqueta Gallinat, con la estación de contaminación atmosférica al fondo, entre las calles de Urgell, València y avenida de Roma. 

La plaza de Enriqueta Gallinat, con la estación de contaminación atmosférica al fondo, entre las calles de Urgell, València y avenida de Roma.  / JOAN CORTADELLAS

En el punto de mayor contaminación del aire de Barcelona hay una pequeña y rara plaza que muy poca gente conoce por su nombre. Se llama Enriqueta Gallinat, en homenaje a esta política republicana. Ahí se ubica la estación de la Red de Vigilacia y Previsión de la Contaminación Atmosférica del Eixample, en un contenedor blanco y azul del que sobresalen antenas y equipos de medición y donde se registran los índices más altos de partículas y de óxido de nitrógemo (NO2) de la ciudad. Pero si en lugar de referirse a la plaza se indica la confluencia de la avenida de Roma con Comte d'Urgell y València, cualquier barcelonés la ubica al instante. Sobre todo si se le recuerda que está en aquel tramo de la avenida de Roma en el que esta se corta al tráfico para obligar a los conductores a subir por Urgell.

¿Y cómo lo llevan los peatones de la zona? Albert Cuetos vive desde hace tres años en el edificio de la avenida de Roma que hace esquina con Urgell en el lado mar-Llobregat. "Aunque el corte del tráfico en la avenida fue positivo, yo cuando salgo a pasear evito a hacerlo por Urgell, por donde suben todos los coches, y me voy por Comte Borrell para respirar mejor", explica, a la vez que afirma estar encantado de vivir ahí, "aunque hay mucho ruido".

Acostumbrarse al ruido

A apenas unos metros de su portal está la tienda de audífonos Auditus. "Siempre he vivido en este barrio y estoy acostumbrado al ruido, aunque no entiendo porque no cerraron todo la avenida", explica el propietario, Sergi Locatelli. A apenas 20 metros de su puerta, se cruzan Urgell y una saturada Aragó. El israelí Jack Cohen entra en su escalera. "Llevo tres años aquí. Me gustó mucho el apartamento y me quedé porque además estoy cerca del centro pero sin estar en la Rambla. Si cierro las ventanas estoy bien, aunque busco algo en una zona con menos tráfico", cuenta mientras espera el ascensor junto a su perro.

Más indignado está Esteban Luque, conserje de un bloque de avenida de Roma, frente a la plaza de Enriqueta Gallinat. "Aquí tenemos un puticlub, patinetes y skates, bicicletas que van a toda prisa y hasta ratas, que a veces se meten en la portería", denuncia. "Dos vecinos ya se han ido y una que acaba de llegar me ha dicho que no aguanta el ruido", lamenta.