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BARCELONEANDO

'Amici Miei' a la barcelonesa

Joan y Josep se conocieron con los 90 años ya cumplidos y se han convertido en amigos íntimos e inseparables

Viven en un centro residencial de Vall d'Hebron y se encargan de bajar al videoclub para las sesiones de cine

Carlos Márquez Daniel

Joan y Josep, unos pocos días atrás, en uno de los pasillos del Video Instan, en la calle Viladomat. 

Joan y Josep, unos pocos días atrás, en uno de los pasillos del Video Instan, en la calle Viladomat.  / MANU MITRU

El director italiano Mario Monicelli dejó una oda a la amistad que debería ser de obligado visionado en todas partes. 'Amici miei' explica las desventuras de cinco amigos ya veteranos que se pasan el día gastando bromas. Mítica es la escena en la que se van a la estación de trenes a abofetear a cuantos pasajeros sacan la cabeza por la ventanilla del vagón para despedirse de sus seres queridos en el momento en el que el convoy echa a andar. Cada personaje de la película arrastra un cierto poso de tristeza personal, pero se imponen la gamberrada, la complicidad y la alegría. Es un canto a la vida. Esa es precisamente la esencia que destilan Juan y Josep, dos nonagenarios de Barcelona que se conocieron hace un año y que se han vuelto inseparables.  

Aurora Depares, propietaria del renacido Video Instan, uno de los siete vídeoclubs que sobreviven en Barcelona, se puso a buscar la cámara oculta cuando los dos abuelos se presentaron en su negocio para hacerse socios. Le contaron que viven en unos apartamentos tutelados (con servicios comunitarios) en Vall d'Hebron y que ahora son los encargados de elegir las películas que los aficionados al cine ven en el salón todos los sábados y los domingos. Se conoce que hasta ahora se encargaba Lolita, de 102 años, dueña de una nutrida colección de filmes, pero sea porque ya los han visto todos o porque esta dama ha querido ceder el testigo a la juventud, ahora se encargan ellos. Y tan a gusto.

Quién es quién

Joan Sagarra (Barcelona, 1927) trabajó durante 50 años en el Cercle Artístic. Empezó cuando estaba en la plaza de Catalunya, en la esquina con Fontanella, donde también estaban "la empresa de Galletas Montes, la agencia de bolsa Negre, el Casino Militar, el salón de fiestas Rigat, el Hotel Victoria y el 'drugstore' Vicente Ferrer". Todo eso lo ocupa desde 1962 ese Corte Inglés que parece que vaya a sumergirse en cualquier momento. También trabajó en la Diputación de Barcelona en el servicio de presidencia y bajo el mando de Joaquín Buxó-Dulce de Abaigar, marqués de Castell-Florite; Josep Maria de Muller, marqués de Muller, y Juan Antonio Samaranch, del que solo tiene buenas palabras: "Una persona muy trabajadora y generosa". Joan se separó el año pasado de su señora, Mercè, tras 65 años de matrimonio. No es habitual que una pareja se rompa a estas alturas del guión, pero convinieron que era lo mejor para todos. Dice que ahora los dos son muy felices e incluso le planteó a ella que se viniera a vivir a la residencia. En pisos distintos, por supuesto. Son padres de tres hijas y está encantado: "Si tienes niñas acabas ganando tres hijos, y si tienes hijos, se los acaban llevando". 

Joan y Josep echan una ojeada a la videoteca del Video Instan / manu mitru

Josep Vila (Sabadell, 1928), vive con su esposa en uno de los pisos de este centro residencial situado a los pies de Collserola. Como nació un jueves santo, se decía de él que podía curar con la saliva. "Dame un besito en la boca", le corta Joan. Empezó trabajando como administrativo con un mayorista de confección. luego pasó a la banca y de ahí a la IBM, donde se jubiló. "El cambio se lo debo a mi mujer. Ella me animó a salir del banco", dice Josep, un tipo mucho más calmado que el fogoso Joan, que durante el café lanza una batería de piropos 'tomahawk' a la camarera. "O lo aceptas tal y como es, o chocarías con él todo el rato. Discutimos, pero cuando vemos que la cosa se nos escapa, paramos. No vale la pena", comparte Josep. Se conocieron el 7 de noviembre del 2018. Se acuerdan porque ese fue el primer día de Joan en el edificio tras abandonar su piso de la Meridiana. Sucedió un poco como en las películas: el nuevo comía solo y el veterano se le acercó y le dijo que el café solían tomarlo todos juntos un poco más para allá. Por si le apetecía. "Josep ha sido el mejor amigo que podía encontrar en mi vida, desde ese momento nos hemos vuelto inseparables".

Joan todavía se baña en el mar, "sin neopreno ni nada, con la sardinita al aire"

Al videoclub bajan cada 15 días. "Una amiga nos dijo que aquí había una casa de películas y lo buscamos en internet". Vienen en el pequeño utilitario que Josep pilota con destreza. "Pensaba que no me renovarían el carnet porque en la máquina de la bolita estuve mucho más fuera que dentro de la línea, pero mira...". Lo han aparcado en la esquina, en zona de carga y descarga. Pero no hay problema: han colocado la placa de persona con discapacidad que le entregaron por la salud algo delicada de su mujer. "Cuando nos vayamos me haré un poco el cojo, no te preocupes", bromea Joan.  Aurora les prepara un poco de todo. Hubo alguna queja de la última selección, sobre todo por parte de las mujeres, que han pedido títulos "más modernos y cosas que hagan reir". La jefa del negocio se lo toma como un desafío. "Cuando me contaron su historia me pareció increíble, nos encanta que vengan, son sin lugar a dudas los socios más veteranos que tenemos".

Cazados de medusas  

Ambos llevan tres décadas de retiro. "La idea es acumular más años como jubilados que trabajando para acabar tumbando el sistema". Se ríen a carcajadas mientras se toman un café. Sobre la vida recomiendan "escuchar siempre a la mujer". "Pero tápate un poco las orejas", remata Joan, que dice que hace años un fotógrado de EL PERIÓDICO le hizo unas fotos en un playa del Maresme mientras sacaba medusas del agua. "¡A ver si la encuentras!". Era el bueno de Albert Bertran y aquello sucedió en el 2008. En la hora y media de conversación no se quejan ni una sola vez de los achaques de la vejez, ni de tener que tomar pastillas como si no hubiera un mañana. Joan es socio del Club Natació Atlètic Barceloneta y todavía acude de vez en cuando a darse en chapuzón, pero sin neopreno ni nada: "A pelo, con la sardinita al aire, que es donde tiene que estar". "En la vida es importante descarrilar un poco", coinciden. Menudo vigor; dan ganas de comprobar si en esa residencia tienen una piscina como la de la película 'Cocoon'. 

La foto del 2008 en la que Joan sostiene una medusa / Albert bertran

Se marchan con las películas bajo el brazo después de besar con locura a Aurora. Joan sale cojeando. Se meten en el coche y antes de ir a casa pasarán a comprar fruta. Es martes, y por la tarde toca jugar al remigio.