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BARCELONEANDO

He visto mi propia muerte

Un 'escape room' de Barcelona explota el morbo de vivir el propio funeral y el miedo atávico a ser enterrado vivo

Mauricio Bernal

Imagen promocional de ’Catalepsia’.

Imagen promocional de ’Catalepsia’. / CORTESÍA DE HORROR BOX

Existe una fantasía recurrente que consiste en imaginar el funeral de uno mismo. La gente proclive a este ejercicio –macabro, morboso– fantasea con asuntos varios como quiénes asistirán a la ceremonia, si se presentará aquella ex novia o aquel ex novio, qué viejos amigos cogerán el coche, el tren o el avión para estar presentes; qué dirán y quién lo dirá, quién llorará desconsolado y quién estará allí solo por compromiso. Tiene una parte de solazarse en el dolor que causará la propia partida, otra parte de imaginar algo imposible y una parte de disfrutar por anticipado del protagonismo mortuorio; para la mayoría, el único protagonismo público del que disfrutarán jamás. Signifique lo que signifique en este contexto algo como "jamás".

El terror a ser enterrado vivo ha permeado el cine, la literatura y la industria funeraria

Aparte de fantasía colectiva, es un tema literario. Edgar Allan Poe escribió 'El entierro prematuro' en 1844, cuando las estadísticas indicaban que en el 2% de los entierros celebrados en Estados Unidos el muerto no estaba muerto. El cuento abunda en el miedo que sentían los estadounidenses de la época a ser enterrados con vida, auténtico terror que dio lugar a una floreciente industria, la de los ataúdes de seguridad, elaborados con sistemas de aviso para que los muertos que no lo estaban pudieran dar señales de vida cuando se despertaban –sacudidos con qué espasmos de terror, es imposible imaginarlo– en el interior de un féretro. Los más populares tenían mecanismos que o bien hacían sonar una campana en la superficie o bien izaban una pequeña bandera. Despertar en el ataúd era malo, pero la espera era aterradora. Al fin y al cabo, eran las horas, seguramente interminables, en que el vivo era plenamente consciente de estar bajo tierra, enterrado vivo y por error. ¿Y si no acudía nadie?

Un método de ejecución

El cine ha entendido bien el calibre de este terror: no por nada Tarantino entierra viva a Uma Thurman en el segundo 'Kill Bill', y no por menos hay una película reciente, 'Buried' ('Enterrado'), que transcurre en el interior de una artesanal caja donde el protagonista despierta sabiendo que se encuentra bajo tierra. Es un miedo atávico: las vírgenes vestales eran enterradas con vida cuando violaban los votos de celibato, y en Rusia, algunos países árabes y la Italia medieval llegó a ser en tiempos un método de ejecución común. Los avances médicos han erradicado la posibilidad de que entierren a la gente viva, y llevado a la quiebra el negocio de los ataúdes de seguridad, pero ese miedo permanece, más expresivo en unos que en otros, a saber por qué. Vanessa, la hija de Manolo Escobar, explicó que el cantante insistía mucho en que se comprobara que estaba muerto antes de que lo llevaran al cementerio.

Poe escribió 'El entierro prematuro' en 1844, cuando el 2% de los enterrados en EEUU eran vivos

Todo lo cual viene a cuento porque en el hoy floreciente negocio de los 'escape rooms', especialmente dinámico en Barcelona, a alguien se le ha ocurrido la idea de explotar el atávico miedo. No deja de ser una señal de progreso: quiere decir que el terror que en su día dio lugar a féretros con campana y a estremecimientos nocturnos y miedos confesables e inconfesables hoy produce algo tan terrenal como el morbo, y que hay gente dispuesta a meterse voluntariamente en un cajón para vivir la experiencia. Se llama 'Catalepsia', lo cual no es sino un guiño al cuento de Poe: es de catalepsia de lo que sufre el personaje, ese trastorno del sistema nervioso que lo paraliza como si estuviera muerto. "Queríamos hacer el 'escape room' más pequeño del mundo", dice David Moreno, director de Horror Box, la empresa con un surtido de experiencias espeluznantes que tiene esta entre sus más recientes propuestas.

"Abres los ojos, todo está oscuro, te cuesta respirar, apenas puedes moverte. Estás encerrado en un ataúd", reza el eslogan promocional. Que tamaña pesadilla tenga el estatus de divertida no tiene que ver solo con el juego de estar muerto, con el gusto por lo desagradable o con el reto 'escapístico' en sí, sino con la posibilidad de dar satisfacción a la fantasía del propio funeral, pues la experiencia incluye traslado en coche fúnebre y exequias a medida. En la órbita de tánatos, lo que para muchos es un trío, un cuarteto o un quinteto en la órbita de eros. A Poe le habría horrorizado. 

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