26 feb 2020

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Los nuevos títulos del transporte público

La tarjeta de plástico T-Mobilitat sustituirá a todas las actuales de cartón en un año

Los usuarios de la T-Usual probarán los documentos tipo tarjeta de crédito a partir del próximo abril

Óscar Hernández

Un usuario compra un billete de transporte en la estación de Ferrocarrils de la Generalitat en Sant Cugat del Vallès. 

Un usuario compra un billete de transporte en la estación de Ferrocarrils de la Generalitat en Sant Cugat del Vallès.  / Juan Camilo Moreno

Después de muchos años de retraso y del temor de las diferentes administraciones competentes en el transporte público (Ayuntamiento de Barcelona, Generalitat y Aréa Metropolitana) por los continuos parones en el proyecto de una única tarjeta permanente de transporte, ya hay fecha para el flamante estreno de la T-Mobilitat. Será el 1 de enero del 2021, según ha afirmado hoy el 'conseller' de Territori, Damià Calvet, en la presentación de las tarifas para el próximo año. "Pero además a lo largo del 2020 habrá novedades de las que iremos informando puntualmente", aseguran fuentes de su departamento, que no quieren soltar más detalles. La Autoritat Metropolitana del Transport también ha rehusado facilitar más información.

La noticia de la fecha de lanzamiento es importante. Primero porque se acabará el calvario del uso de la tarjeta actual de cartón, mucho más vulnerable físicamente. Muchísimos usuarios deben cambiarla a menudo porque se doblan, se desgastan por el uso y si, por ejemplo, se mojan quedan inservibles. El problema se agrava si son de uso mensual y hay que introducirlas un centenar de veces en las validadoras. O peor aún cuando se trata de un abono trimestral, como ocurre con la T-Jove. El error fundamental es que se diseñó el mismo tipo de carnet de cartón  para un abono de 10 viajes (T-10), y por tanto de una vida útil muy corta, que para uno trimestral, cuyo desgaste es infinitamente superior.

Detrás de otras ciudades

Otras ciudades han solucionado este problema utilizando abonos en tarjetas plásticas, tipo formato de tarjeta de crédito, resistente a todo. como será la T-Mobilitat, en una de sus versiones (habrá otra para teléfonos móviles). Y no hace falta irse a Londres, donde desde hace años funciona con éxito la tarjeta Oyster, que permite pagar con recargas de dinero o directamente pagando el importe a través de la cuenta corriente del usuario. Estas experiencia está muchísimo más cerca. Lleida, Tarragona y Girona disponen de un sistema similar de tarjeta sólida permanente para pagar el transporte público. 

Barcelona y su área metropolitana parecen haberse puesto por fin las pilas para solucionar esta carencia. Y entre las "novedades" que prometen para este 2020, y que no desvelan oficialmente, figura la emisión antes del próximo mes de abril de las primeras tarjetas rígidas para pagar los viajes frecuentes en la red pública de transporte, como los que permite la T-Usual. De hecho, ya hay máquinas preparadas por ejemplo en Ferrocarrils de la Generalitat y Renfe para registrar el paso de estas tarjetas tipo 'contact less', que no se tienen que introducir en ranura alguna, sino solo acercarlas a la validadora. Cuando todos los medios de transporte y en todas sus entradas, o vehículos en el caso de los autobuses, tengan instaladas las validadoras por contacto, ya se podrán distribuir las tarjetas. Así empezará la prueba de fuego del nuevo sistema.

Más uso, menos precio

¿Qué ventajas traerá además la T-Mobilitat? Al margen del tema físico y de la durabilidad del documento, destaca su tarificación más inteligente. Con este nuevo título desaparecerán las zonas de transporte, es decir, las coronas en las que se divide la zona metropolitana. La facturación se hará en base a dos criterios, la distancia recorrida, y la recurrencia. El objetivo es que el viajero frecuente pague menos. Es decir, se trata de incentivar el uso del transporte público en detrimento del privado. Además, el sistema proporcionará millones de datos sobre el movimiento de pasajeros de forma colectiva e individual, algo que Administración y empresas podrán aprovechar como mínimo en aras a una mayor eficiencia.

Los municipios de Zona 2 que pagan como Zona 1 reciben el nuevo impuesto metropolitano

Cuando el pasado 1 de enero entró en vigor el paso de la Zona 2 a la Zona 1 para 18 municipios del área metropolitana, como Sant Cugat y Cerdanyola del Vallès, sus vecinos los celebraron. Era una vieja reivindicación que suponía, de entrada, dejar de pagar unos dos euros por viaje con la T-10 para ir a Barcelona a abonar justo la mitad. Pero la alegría ha durado poco. Los vecinos de Sant Cugat, por ejemplo, recibieron hace tres semanas en sus buzones el recibo del nuevo Impuesto Metropolitano de unos 120 euros de media por vivienda para compensar lo que deja de recaudar la Autoritat del Transport Metropolità por esa bajada de de precios. Aun así, un usuario que realice dos viajes diarios desde estos municipios de la antigua zona 2 a Barcelona (uno de ida y otro de vuelta) sale ganando con la diferencia. Es decir, ahora paga menos.  Sin embargo, el impuesto grava a todos los vecinos propietarios de viviendas, independientemente de si usan o no el transporte público. El Impuesto Metropolitano ha generado ya protestas ciudadanas y el anuncio de numerosos recursos en contra.