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conflicto

La restauración de Barcelona se revuelve contra las nuevas tasas de las terrazas

El ayuntamiento dice que estudiará una posible rebaja que rechazan cientos de operadores

La trinchera integra desde chefs como Albert Adrià o Jordi Cruz, a pequeños empresarios asiáticos, pasando por las entidades de comerciantes

Patricia Castán

Cientos de restauradores muestran una tarjeta roja contra la subida de tasas a las terrazas, en un acto celebrado en el teatro Club Capitol.

Cientos de restauradores muestran una tarjeta roja contra la subida de tasas a las terrazas, en un acto celebrado en el teatro Club Capitol. / JOAN MATEU PARRA

El aumento del presupuesto general de Barcelona para el 2020 parte de nuevas previsiones de ingresos entre las que figuran un importante aumento de las tasas que pagan los bares y restaurantes por tener terrazas. Para el gobierno municipal es una medida proporcional según los barrios, tras años sin subidas; pero para los operadores se trata de un incremento "abusivo y desproporcionado", que en distintas zonas supone quintuplicar las actuales tasas y pondrá en riesgo la continuidad de muchos pequeños negocios. El sector ha exhibido hoy pulmón en un acto de protesta en el teatro Club Capitol que dejaba clara su unidad: entre los cientos de empresarios y profesionales movilizados se alineaban desde chefs con estrella Michelin como Jordi Cruz o Albert Adrià, hasta pequeños emprendedores asiáticos de bar de barrio, pasando por las dos grandes patronales del comercio local, y los partidos de la oposición del Ayuntamiento de Barcelona. 

El montaje ha concluido con todos los asistentes mostrando una cartulina roja en señal de rechazo a las medidas fiscales impulsadas por la alcaldesa Colau, contra la que se han escuchado fuertes críticas. La propuesta de nuevas tasas anunciada en octubre se ha interpretado como "la gota que colma el vaso" en un sector que tiene una guerra abierta con los 'comuns' desde el anterior mandato, cuando se implementó la controvertida ordenanza de terrazas que obligó a recortar muchas de ellas.

Para Pere Chías, presidente del Gremi de Restauració de Barcelona, a corto plazo los restauradores lo tienen complicado, ante una coyuntura que, según él, incluye trabas burocráticas para abrir cualquier negocio en la ciudad, un contexto económico incierto, inseguridad en muchas zonas, planes de usos, reducciones de terrazas y horarios, inestabilidad política, la ley de costas, los 'lateros', colmados que favorecen el botellón, tiendas con degustación que incumplen la normativa y animadversión del ayuntamiento hacia el turismo, entre otros frentes citados.

Dificultades para trabajar

Con ese panorama, según han argumentado diversos propietarios de bares y restaurantes, "levantar la persiana es cada día más difícil" en esta ciudad. El colectivo pide al ayuntamiento que reconsidere la subida y se muestra en pie de guerra para evitar que se consume. Discrepan de los argumentos municipales, según los cuales los barrios periféricos tienen subidas leves y solo se penalizan las zonas más turísticas. Los datos presentados por la patronal hablan de unas 60 terrazas que se beneficiarían del ajuste, frente a un "99% que tendrán subidas", mantiene su director general, Roger Pallarols. Y cita "aumentos del 900% en la plaza de Salvador Seguí", o del 471% en la calle de Almirant Churruca de la Barceloneta, de la plaza del Diamant en Gràcia, o de Blai en el Poble Sec, entre otras, donde consideran que hay más clientes de la zona que viajeros.  "Es una medida propia de quien no sabe qué es un negocio", ha añadido. 

Desde ERC, Miquel Puig, afirma que la subida es "un disparate", pero que para aprobar los presupuestos habrá que asumir más incrementos de los que querrían

Entre los operadores que han salido a la palestra figuraba el empresario Ignasi Torralba, al frente del histórico restaurante Amaya, en la Rambla, quien acusó al equipo de gobierno de "voracidad recaudatoria para paliar su incompetencia". "Si te quintuplican un alquiler se dice que te están echando del negocio, pero si te suben así los impuestos nos están echando a la calle, aunque nosotros no quemaremos contenedores", ha rugido. Y continuó: "Cuando ellos llegaron (en alusión a Colau) nosotros estábamos en nuestro sitio, y cuando les echen nosotros seguiremos en nuestro sitio". La empresaria Ana Matamala ha explicado el difícil "juego de equilibrios" que supone llegar a fin de mes en la hostelería familiar (la más común en la ciudad) y cómo una gran subida de impuestos puede afectar a su planificación o las pequeñas plantillas. Incluso Ada Parellada, que no cuenta con terraza, se ha sumado a la causa a sabiendas de lo que se sufre en un negocio sin terraza en el Eixample en pleno verano, y ha puesto en valor el poder "reinsertador e integrador de la hostelería" en el ámbito laboral, como motor de ciudad.

Los jefes de fila del JxCat, ERC, Ciutadans, PP y Barcelona pel Canvi han arremetido sin titubear contra la subida de impuestos -que Elsa Artadi y Miquel Puig han llegado a considerar "la peor medida de los presupuestos de Barcelona"- y se han alineado con la restauración y el comercio. No obstante, en el aire han quedado las últimas palabras de Puig, desde las filas de ERC, recordando que tienen "vocación de gobierno" y que aguardan un "acuerdo" definitivo de cara a los presupuestos de Barcelona, que implicará recuncias. "Intentaremos mejorar la propuesta, aunque no sea tanto como querríamos", ha prometido, en un ejercicio de realismo, asumiendo que el aumento propuesto ahora es "un disparate".

  

El gobierno municipal dice que puede haber ajustes a la baja

La concejala de Comercio, Montserrat Ballarín (PSC), ha replicado esta mañana que el acuerdo final aún se está negociando. Desde el gobierno municipal que comparte con Barcelona en Comú, considera lógicas las demandas del sector, pero defiende que las tarifas actuales de poco más de un euro al día por un mesa en plena Rambla Catalunya tienen margen de subida. Lo ha comparado con lo que se paga por aparcar un coche en la vía pública, muy por encima.  "Al ayuntamiento le preocupa tenir un presupuesto fuerte para dar respuesta a las necesidad de Barcelona, estamos trabajando con diferentes impuestos" para nutrirlo, ha enfatizado. Asegura que puede haber alteraciones "a la baja en algunas tasas", incluida esta. 

En el ayuntamiento barcelonés insisten en que la revisión de las tasas es fruto de un profundo análisis y de una comparativa con otras ciudades europeas. Consideran que al flexibilizar la ordenanza de terraza hay una mayor ocupación de la vía pública y una proliferación de terrazas en detrimento del espacio para paseantes. También se han tenido en cuenta los precios de los locales y su incremento cuando tienen terrazas, recordando que estos impuestos estaban congelados desde el 2010. "Las zonas deprimidas no se aumentan, se propone subir precios donde hay congestión del espacio público", destacan en su argumentario. Tras dividir el territorio en seis tipos de zona, se establece que las más céntricas pasen a pagar de los actuales 31,38 euros mensuales por una mesa y cuatro sillas, a 131,62. Y así sucesivamente, hasta llegar a las más periféricas, que pasarían de pagar 5,2 euros al mes a 6,75. En el Eixample, por ejemplo, hay muchas calles donde se pasaría también de 31,38 a 87,75 euros. De esta forma, las tasas serían similares o incluso superiores a las de urbes como Venecia, Milán o Roma. 

Citando ejemplos más concretos, el consistorio destaca que algunas calles que pasarán a pagar casi 132 euros al mes por mesa serían la parte baja de la Rambla, el paseo de Gràcia y la Sagrada Família. En la Rambla del Raval se pasaría de 5,2  a casi 52, lo que supone multiplicar por 10; en Enric Granados se pasaría de 16,58 a 87,5 por mesa al mes. En la Rambla de Fabra i Puig, de esa misma suma a 14,85 euros; mientras que en casos puntuales, como la Via Júlia o Cristóbal de Moura hay una leve reducción impositiva.