31 oct 2020

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REALIDADES INVISIBLES EN EL CORAZÓN DE LA CIUDAD

Una oportunidad para América

Aplazado el desalojo de La Caracola, el refugio para mujeres mayores inmigrantes sin red del Raval

El Ayuntamiento de Barcelona media con la propiedad, que accede a suspenderlo y sentarse a negociar

Helena López

Virginia, América y Alma en La Caracola Migrante, la semana pasada.

Virginia, América y Alma en La Caracola Migrante, la semana pasada. / ELISENDA PONS

América no acostumbra a levantar la voz, pero tenía claro que, si iban a echarlas, pensaba plantarse. Esta vez sí. A sus 68 años, no estaba dispuesta a perderlo todo de nuevo. Estas semanas de convivencia en La Caracola, refugio para mujeres mayores inmigrantes, sin recursos ni red, abierto por el Espacio del Inmigrante, la ha llenado de fuerza. La ha empoderado, en terminología muy siglo XXI. Finalmente no ha tenido que hacerlo. "¡La Caracola Migrante se queda!", celebraban en las redes sociales los distintos colectivos de Ciutat Vella la noche del miércoles, horas antes de la fecha y hora previstas para el lanzamiento. 

El desalojo programado para este jueves se paró la tarde antes. Lo hacía público el concejal de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, en un tuit a las seis de la tarde: "Mañana no se desalojará La Caracola. Hemos contactado con la propiedad, La Caixa, para pedirle la suspensión ha accedido. Hay que iniciar una negociación que de salida a los proyectos, a las familias vulnerables y garantizar que el espacio no quede vacío", señalaba en el breve comunicado el responsable político del distrito.

Antes de acoger este espacio, la gran nave justo detrás del instituto Milà i Fontanals, en el corazón del Raval, había sido okupado por un grupo de narcotraficantes para pesadilla de los vecinos. "Convertimos en un espacio de vida un espacio de muerte", presenta siempre el proyecto Alma, una de las activistas del Espacio del Imnigrante que imaginó la iniciativa, en un primer momento como un espacio seguro para mujeres inmigrantes víctimas de violencia machista.

Algunas de las mujeres de La Caracola celebran la suspensión del desalojo. / césar zúñiga

"Fue una vez abierto el espacio cuando nos dimos cuenta de la necesidad de estas mujeres mayores inmigrantes que se han pasado toda la vida cuidando de los demás y que, al llegar a una edad en la que ya no sirven para esos trabajos domésticos quedan excluidas del sistema", resume la activista. También del residencial, ya que muchas de ellas estaban internas. Es el caso de América, quien dejó Bolivia cumplidos los 50 para trabajar en Catalunya como canguro. 

Además de encontrar un lugar donde vivir -han limpiado y adaptado el espacio como lo más parecido a un hogar- las mujeres de La Caracola tienen varios proyectos en marcha para crear una red de apoyo para las mujeres inmigrantes del barrio. Uno de ellos es la 'guardería rebelde', un espacio en el que mujeres con poca red y recursos puedan dejar a sus pequeños para ir a hacer gestiones, a trabajar o a buscar trabajo. En una de las salas de la nave, tienen ya a punto una alfombra de juegos y una pequeña moto de plástico, y están recogiendo materiales didácticos para terminar de adaptar su pequeña ludoteca.