28 mar 2020

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ÉRASE UNA VEZ EN EL BARRIO (1)

Can Peguera, la aldea gala de Nou Barris

Helena López

Vista general de Can Peguera, este martes.

Vista general de Can Peguera, este martes. / MARTÍ FRADERA

El característico 'clonc, clonc, clonc' del butanero anunciando su presencia resuena en las calles vacías. Aún no son las diez de la mañana y el día amanece especialmente frío en la tranquila calle de Vilaseca, que cruza esta pequeña aldea gala llamada Can Peguera. En el interior de una de las casitas bajas de colores que definen el lugar -el único grupo de las conocidas como 'casas baratas' que sigue en pie en la ciudad- Núria Chavarria le da vueltas a cómo llamar al Comité de Bienvenida. "La idea es esa, pero no nos acaba de convencer el nombre", cuenta la mujer, conocida por las mayores del lugar como "la nieta del bombero" (una de las cifras en las que el barrio está bastante por encima de la media barcelonesa es en el índice de sobreenvejecimiento, es decir, los mayores de 75 años entre los mayores de 65). En vez de llamar a su puerta con un pastel recién horneado, como en las películas, el Comité de Bienvenida creado por la asociación de vecinos de Can Peguera, de la que Núria es vocal, se planta en la casa de los nuevos vecinos con un tríptico en el que presentan los recursos y las entidades del singular barrio. Una especificidad de este pueblecito en el corazón de Nou Barris es que sus 614 viviendas son propiedad del Institut Municipal de l'Habitatge i la Rehabilitació. Así, cada vez que un inquilino fallece -"tienen ese manía", saca hierro al asunto Pep Ortiz, nieto del Francisquito y presidente de la asociación- una brigada municipal le hace un lavado de cara y la casa pasa a formar parte del pírrico parque de vivienda pública de la cidad, aportando algo de oxígeno a una saturada Mesa de Emergencia.

Uno de los proyectos que el entrañable Comité de Bienvenida presenta a los nuevos vecinos es un espacio para familias con niños menores de tres años impulsado por el implicado tejido asociativo para dar respuesta a una realidad que les preocupa, la de las madres jóvenes, colectivo al que les es difícil llegar (de ahí también los esfuerzos en la creación del comité). Pep apunta que el espacio funciona muy bien, pero "precisamente a las madres más jóvenes, algunas de menos de 18, que fueron el motor que nos llevó a crearlo, aún les cuesta venir".

Una de las características 'casas baratas' de Can Peguera, esta semana. / MARTÍ FRADERA

A ese "les cuesta venir" se refiere también Núria, quien no nació en el barrio, pero pasó allí todas las Navidades y veranos de su infancia -en casa de su abuelo el bombero-, estancias en las que se pegaba con los niños locales -recuerda entre risas-, lo que da categoría de autóctona entre los veteranos, hijos y nietos de los primeros de este barrio de tejados rústicos levantado por el entonces conocido como Patronato de la Vivienda entre 1929 1946 para reubicar a los trabajadores que vivían en barracas en Montjuïc. "A mí me hubiera gustado estudiar Sociología. Me encanta conocer a las personas y siempre he creído que si no les tendemos la mano, difícilmente vendrán a la 'asoci'. A muchos les da vergüenza llamar a la puerta del vecino porque lo primero que te preguntarán, sin maldad, es de dónde vienes, y a nadie le gusta decir que vienes de la calle", relata esta implicada vecina haciendo referencia a los procedentes de la Mesa de Emergencia. 

Puertas de hierro

Un simple paseo por el pequeño barrio de poco más de 2.200 habitantes es suficiente para darse cuenta de hay varias casas vacías. Las puertas de hierro soldadas con adhesivos que alertan de la instalación de alarmas no dejan lugar a dudas. La imagen se antoja chocante tratándose de viviendas públicas en plena crisis habitacional. "Los desesperantes ritmos del engranaje de la administración provocan situaciones como esta", explica Josep Maria Clariana Rosa, vicepresidente de la asociación (marido de la nieta del bombero, para las mayores), frente a una de esas construcciones sin vida.

El barrio empezó a levantarse en 1929 para realojar a trabajadores que vivían en barracas en Montjuïc. / martí fradera

Can Peguera ha sido siempre un barrio acostumbrado a acoger equipamientos de aquellos que las plataformas 'nimby' expulsan del resto de la ciudad; equipamientos que desde la 'asoci' no solo "aceptan", sino que abrazan. "Sus usuarios son también nuestros vecinos, nuestra gente, igual que cada nueva familia; cuando luchamos por el barrio luchamos por todos", reivindica Pep con el orgullo que caracteriza a este barrio de raíces anarquistas mientras levanta otro tríptico, en este caso de la Associació Sociocultural Matisssos, cuya sede social es el local de la asociación de vecinos.

Plan de futuro urgente

El barrio estuvo condenado a la piqueta hasta el 2014 cuando, tras una larguísima lucha vecinal, el consistorio accedió a modificar el PGM para desafectar sus casas. Una vez salvado, el compromiso municipal era redactar un Plan de futuro para ejecutar una imprescindible reforma integral. Las casas fueron levantadas hace casi un siglo con el objetivo de ser construcciones efímeras y allí siguen, con las humedades y deficiencias estructurales que eso comporta. "En los últimos cuatro años el ayuntamiento ha hecho cuatro estudios que no solo confirman nuestras denuncias, sino que muestran que la situación es aún peor de lo que decíamos", explican desde la asociación, quienes llaman a la nueva concejala del distrito a que se aplique. 

Mientras llega la reforma -la lentitud del engranaje, ya se sabe- reclaman entrar en la nueva remesa de planes de barrios.