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Los jóvenes que duermen al raso en Barcelona se duplican en cuatro años

Se triplican los menores de 25 años en los albergues de primera acogida

El consistorio pide ayudas para los extutelados hasta que puedan encontrar un trabajo

Elisenda Colell

Menores que viven en la calle, en una plaza del Raval, el pasado verano.

Menores que viven en la calle, en una plaza del Raval, el pasado verano. / FERRAN NADEU

Aumenta de forma dramática el número de jóvenes, chicos de entre 18 a 25 años, que viven en la calle de Barcelona. En los últimos cuatro años se han duplicado los porcentajes de aquellos que duermen al raso y usan los comedores sociales. Y el aumento es tres veces mayor si nos fijamos en los que duermen en albergues municipales. Son muchas causas, pero una es muy evidente: cada vez son más los menores migrantes que, al cumplir los 18 años en los centros de protección, son abandonados a su suerte. El Ayuntamiento de Barcelona se prepara para atenderles mejor, y pide al Estado y la Generalitat que den oportunidades a todos los chicos que tutelan.

Tal y como explicaba este miércoles El Periódico, el número de jóvenes sin hogar en la ciudad de Barcelona no ha hecho más que crecer. Según los cálculos que hace el consistorio, representan uno de cada 10 -el 9,22%- de las personas  que duermen en la calle, y uno de cada cinco -el 22,5%- de los que duermen en centros de primera acogida. "El precio del alquiler, la movilidad de las personas de la Europa del este son algunos de los motivos, pero la desinternalización de las instituciones también lo es", explicó ayer en rueda de prensa la comisionada de Acción Social del Ayuntamiento de Barcelona, Sonia Fuertes, que añadió que las plazas de autonomía que ofrece el Govern a los tutelados ya adultos son "insuficientes".  

Pero estos datos podrían sobrepasar la ya colapsada red de asistencia social municipal. Según datos de la propia Generalitat, el 51,4% de los menores migrantes que ahora tutela van a cumplir 18 años en el 2020. Son 1.742 personas que podrían acabando picando a la puerta de Barcelona, más los que llegan a la ciudad tras ser tutelados por otras comunidades. El ayuntamiento ha ido preparando sus profesionales, y adecuando sus instalaciones, pero pide ayuda e implicación al resto de administraciones. 

"El Estado debería aportar recursos para lograr la transición a la vida autónoma, aunque la Generalitat debe desarrollarlo" ha señalado Fuertes, que también ha insistido en la ley de extranjería como una de las losas que dificultan el desarrollo de los chicos. Y es que muchos de ellos, una gran mayoría, acaban siendo sinpapeles que no pueden trabajar de forma legal.