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BARCELONEANDO

Lo que queda de la movida

Foto Colectania acoge una muestra que ofrece una idea bastante aproximada de aquellos años en Madrid

Ramón de España

Miguel Trillo (izquierda) y Alberto García-Alix, dos de los fotógrafos que exponen sus imágenes de la movida en Foto Colectania, el 17 de octubre.

Miguel Trillo (izquierda) y Alberto García-Alix, dos de los fotógrafos que exponen sus imágenes de la movida en Foto Colectania, el 17 de octubre. / LAURA GUERRERO

Quienes no vivieron los años de la movida madrileña pueden hacerse una idea bastante aproximada de lo que fue visitando Foto Colectania (Paseo Picasso, 14) y echando un vistazo a las imágenes que allí se exhiben de Alberto García- Alix, Ouka Leele, Miguel Trillo y el difunto Pablo Pérez Mínguez, que nos dejó en el 2012 tras hacernos reír mucho a todos. Para los que sí estuvimos allí -aunque fuese de visita-, la muestra tiene un punto a lo magdalena de Proust: las fotos nos traen recuerdos, casi todos buenos. En aquellos años, cuando uno iba a Madrid, no tenía ni que llamar a sus amigos para que lo sacaran a pasear; bastaba con dejarse caer por el Rockola para encontrárselos a todos, menos a Fernando Márquez, 'el Zurdo', que era abstemio y dado a recogerse pronto en casa de sus tíos, donde vivía (Fernando era falangista, del sector Bryan Ferry, y no le iban la juerga ni el desmelene).

Cuatro fotógrafos recogen sus memorias de La Movida madrileña en Foto Colectania de Barcelona. / MÒNICA TUDELA / VÍDEO: EFE

Por motivos que no alcanzo a explicarme, nunca he cruzado ni una palabra con Bárbara Allende, en arte Ouka Leele, pese a habérmela cruzado en muchas ocasiones, aunque sí conocí y aprecié a su pareja, José María Morera, alias 'el Hortelano', que en paz descanse. Miguel Trillo es un tipo extremadamente simpático que lleva toda la vida retratando a tribus urbanas: su archivo de excéntricos debe ser impresionante, pues es un genuino enamorado de la moda juvenil, como el protagonista de la canción de Radio Futura.

Continuación del 'undreground' barcelonés

Cuando me presentaron a Alberto García-Alix, me entró un cierto canguelo, pues era de esa gente que, si te la cruzabas de noche por un callejón oscuro, te entraban ganas de salir corriendo: la chupa de cuero, las patillas de impresión, la Harley Davidson, los tatuajes, la expresión de quinqui, la voz de cazalla que empeoraba cada año a causa del abuso de sustancias ilegales… Luego resultaba que era un tipo encantador y de buena familia al que le había dado por caminar, como diría Albert Pla, por el lado más bestia de la vida. En casa de Pablo Pérez-Mínguez, cada día era Nochevieja y aquello estaba siempre lleno de gente. Hasta yo estuve en ese piso y me entretuve echando una partidilla en la máquina de millón que tenía el hombre, uno de los tipos más acelerados que haya conocido jamás.

Alberto dijo en TV-3 que la movida solo había sido la continuación del 'underground' barcelonés. Tenía más razón que un santo, pero hubo quién se lo tomó por un intento de hacernos la pelota por parte del artista. Yo aún recuerdo los años en que por mi ciudad aparecían con frecuencia mis iguales de Madrid, que solían trabajar para revistas alternativas de Barcelona ya fallecidas. Necesitaríamos una exposición sobre esa hermandad marginal, pero dudo mucho que se haga alguna vez. Cuando yo intenté montar una muestra sobre el 'underground' barcelonés en el CCCB, sus responsables se me torearon con una habilidad digna del malogrado Manolete, y sé de algunos amigos que intentaron algo semejante en otros sitios y obtuvieron el mismo resultado que yo: cero patatero.

En Barcelona, las autoridades competentes no se han tomado en serio la actividad alternativa que hubo tras la muerte de Franco 

Mientras en Madrid celebran la movida hasta los del PP, en Barcelona no ha habido manera de que la autoridad competente se tome en serio la actividad alternativa que se llevó a cabo desde poco antes de la muerte de Franco hasta la consagración de Jordi Pujol. Es como si les diera asco. O como si no la considerasen lo suficientemente catalana, que viene a ser lo mismo. Aquí la transición solo la pueden explicar los psuqueros, en especial los que se han pasado al nacionalismo por convicción o para medrar.

Son los mismos que dicen que la movida madrileña fue un fuego de artificio del que no ha quedado nada -como si las películas de Almodóvar Zulueta o los discos de La Mode Radio Futura fuesen sendas birrias para paletos deslumbrados por la modernidad-, cuando basta con acercarse a Foto Colectania para comprobar que sí, de acuerdo, en la movida hubo mucho zoquete y mucho aprovechado, pero también mucha gente que se puso el franquismo por montera y decidió empezar a vivir a su manera: si se tomaran la molestia, encontrarían a algunos de ellos en las fotos de Alberto, Bárbara, Miguel y Pablo.

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