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OPERACIÓN URBANÍSTICA EN GRÀCIA

Susto en Encarnació

El ayuntamiento estudia sancionar a los dueños de la finca tras el derribo accidental de un muro

El consistorio aspira a pactar la expropiación para construir una guardería antes de terminar el año

Carlos Márquez Daniel

Las vigas caídas tras el derribo del muro que las mantenía en pie, en la finca de Emancipació. 

Las vigas caídas tras el derribo del muro que las mantenía en pie, en la finca de Emancipació.  / JORDI COTRINA

Distinguieron a un tipo entrando con un martillo de esos industriales, como los que usaban los berlineses para derribar el muro hace ahora 30 años. Y claro, como aquello llevaba meses sin movimiento, se alertaron. Los vecinos de las casas de la calle de Encarnació vieron pasar al fantasma del proyecto inmobiliario que creían y querían enterrado. Y avisaron a las autoridades. El hombre de la enorme herramienta supuestamente intentaba abrir camino para retirar de la finca un montón de material de construcción abandonado, y no tuvo en cuenta que las vigas se sostenían en el vértice de la pared que aleccionaba. Cedió un pedazo de tabique. Con suerte, sin daños personales. Enésimo episodio de la historia de este rincón de la Vila de Gràcia, con el plus de que el ayuntamiento ha abierto un expediente que podría terminar en sanción para la propiedad de la finca. 

Cuenta Teresa Roig, miembro de la plataforma Salvem l’Alzina, que al sospechoso sujeto entrando en la finca lo avistaron el miércoles. Esta asociación debe el nombre al enorme árbol sito en el interior de la hacienda que también intentan proteger, junto con las dos casas que, dicen, son muy representativas de la arquitectura del barrio. Sucedió sobre las 13.30 horas. Les llamó la atención que alguien entrara porque nadie había franqueado la puerta desde que los vecinos fueron desalojados el día de san Valentín. No dormían ahí, pero se turnaban mañana y tarde desde noviembre del 2018 para evitar que la familia propietaria tirara adelante su plan de 28 pisos con aparcamiento, lo que requería derribar tanto las viviendas como la imponente encina bicentenaria. La administradora de la empresa promotora, para más inri, se apellida Alsina. 

Retirar escombros

Un portavoz del ayuntamiento detalla la respuesta que el mismo día obtuvo de los dueños. La razón de ser tenía que ver con el deseo de limpiar el interior del jardín: material de obra (escombros y amianto), ramas, malas hierbas... Al parecer, la propiedad habría actuado empujada por una petición de la Agència Catalana de Residus, según detalla Betevé. Para ello era necesario facilitar el paso, pero el operario no cayó en que estaba abriendo camino en un tabique que aguantaba las vigas del aparcamiento. Como resultado, parte del muro cedió, las vigas cayeron y algunos cascotes fueron a parar a la calle. Guardia Urbana, bomberos, vecinos, técnicos municipales..., la clásica estampa de cualquier bronca urbana que en este caso no fue a mayores. Aunque sí se ha abierto un expediente informativo por parte del departamento de licencias y obras del distrito que podría derivar en una sanción. Todo dependerá de las explicaciones del casero. Y de la verificación de las mismas. 

La familia tenía todos los permisos en regla para levantar  los pisos el año pasado. Como habría hecho cualquier promotor, procedieron a limpiar la parcela para empezar a construir. Con toda la ley en el bolsillo. Pero no contaban con la oposición vecinal, que se hizo carne en el conocido como jardín mágico para evitarlo. De aquella presión emanó la inquietud política que derivó en la protección de la encina. La decisión, aprobada en el pleno de marzo, revocaba el permiso de obra e iniciaba un nuevo proceso, el de la expropiación que la plataforma defiende. Asegura el portavoz municipal que la idea es alcanzar un acuerdo por las buenas, sin necesidad de ir a juicio y justicar el interés público. Sería coser y cantar: nadie le tose a una guardería y a un bloque de vivienda protegida.