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HASTA FINALES DEL 2020

Las molestias por las obras del colector del Poble Sec se eternizan

La apertura de una cámara que recoge aguas fecales inunda con su hedor la calle de Vila i Vilà

La ampliación de la infraestructura persigue dar respuesta a las cada vez más frecuentes lluvias extremas

Luis Benavides

La cámara situada en el cruce de Vila i Vilà, hasta arriba de fangos, este jueves

La cámara situada en el cruce de Vila i Vilà, hasta arriba de fangos, este jueves / JOAN MATEU PARRA

La construcción del nuevo colector de aguas de la calle de Vila i Vilà, en el Poble Sec de Barcelona, trae de cabeza a vecinos y comerciantes de la zona desde finales del 2018. Al ruido y polvo habituales -y por otro lado lógicos- en este tipo de grandes obras se ha añadido una molestia mucho más desagradable: el hedor que desprende una cámara del viejo colector, ahora abierta de par en par a la altura de la calle de Palaudàries. Los vecinos del Paral·lel, a pocos metros, no pierden detalle de las actuaciones en esa calle secundaria: mientras duren, sus negocios y aparcamientos corren riesgo de inundarse nuevamente en caso de precipitación intensa.

Los malos olores en Vila i Vilà van y vienen. Cuando se acumulan las aguas fecales en el viejo colector de Vila i Vilà, de unos cuatro metros de profundidad, es necesario extraerlas con cubas. “Cada dos o tres días van sacando y entonces huele mucho, supongo que es porque se remueve la porquería”, explica el propietario del Restaurante Mombiela, José Vallverdú. Desde que tiene esa especie de pozo justo delante de su establecimiento ha bajado su facturación casi un 40%. “Es un negocio familiar y tenemos clientes que son vecinos, pero la clientela de paso la hemos perdido con estas obras”, asegura Vallverdú, molesto especialmente por las demoras. “Tendrían que haber acabado en julio del 2019 –continúa el propietario-, pero ahora en los carteles pone que será en febrero del 2020. Tal y como avanzan las obras no llegarán a tiempo”.

El director de proyectos y obras de Barcelona Cicle de l’Aigua SA (Bcasa), Alejandro Ortiz, explica a este diario que la cámara abierta en Vila i Vilà tiene una doble función: reparte el caudal hacia colectores laterales y permite a los operarios de la obra trabajar en seco entre Palaudàries y la calle de Carreras. La acumulación de fangos procedentes de aguas fecales continuará, añade, mientras sigan trabajando en esta segunda fase.  

Impacto económico

En ese tramo algunos negocios han cerrado, como la papelería de la esquina, y otros como el supermercado han tenido que luchar para que pusieran unas pasarelas y retirasen los sacos de escombros que entorpecían el paso de sus clientes. Mireia Ballesté trabaja en la Fundació Hospital Sant Pere Claver, situada en el tramo en obras, y también sufre las molestias.  “Ahora para acceder a la fundación tienes que dar mucha vuelta y los usuarios se nos quejan; llegan bastante molestos”, asegura Ballesté.

Las actuaciones en ese tramo de Vila i Vilà corresponden a la segunda de las tres que tiene un proyecto que persigue doblar la capacidad del colector actual. El gobierno municipal del entonces alcalde Xavier Trias proyectó esta nueva instalación en el 2013. Ese mismo año se construyó la primera parte, aprovechando la reforma integral del Paral·lel, y a finales del 2018 empezaron los trabajos de la segunda fase (si bien las tareas de reconocimiento comenzaron unos meses antes).  “Las obras deberían haberse ejecutado en menos tiempo, pero las dificultades constructivas que han ido apareciendo lo han impedido”, admite Ortiz, quien pone como ejemplo la colocación de unas pantallas de contención mucho más consistentes.

Obras en la calle de Vila i Vilà por la ampliación del colector de aguas / joan mateu parra

Mejoras invisibles

El año pasado una decena de establecimientos y aparcamientos sufrieron cuatro inundaciones y otras dos, en el 2019. “Lo de las inundaciones siempre han sido habituales aquí, pero antes podías tener tres en 10 años. Ahora son mucho más frecuentes”, explica Mario Masero, copropietario del Bar Borrell, un establecimiento emblemático fundado en 1909. “El parquet del bar tiene tres años y parece histórico. No vamos a cambiarlo hasta que no acaben las obras del colector”, apunta Masero. Su local está catalogado, por lo que cualquier reforma se encarece considerablemente. La propietaria del vecino Bar Paddock, Lidia Miranda, también ha sufrido los estragos de la lluvia extrema. “Se cuela en los establecimientos y aparcamientos y por mucho que lo pueda cubrir el seguro nunca es suficiente. Para empezar, no te cubre lo que dejas de ganar porque no puedes trabajar”, explica Miranda.

Uno de los negocios más afectados por la falta de un colector con alta capacidad en el Paral·lel fue la empresa de cajas de seguridad Soler, situado en la calle de Aldana. “Fue un siniestro total y estuvimos a punto de perder nuestros trabajos”, recuerda Carolina Martínez, una de las siete personas que trabaja en este negocio regentado por la tercera generación. Sucedió en agosto del 2017. Casi dos metros de agua fecal anegó totalmente la planta subterránea, donde tiene piezas y maquinaria.  “Nos sentimos totalmente abandonados. La administración decía que ya teníamos seguro y el seguro, después de un año reclamando, apenas nos pagaron la mitad de los desperfectos,  con un peritaje totalmente a la baja”, asegura Martínez.  

Hasta que no finalicen las actuaciones de la tercera y última fase, la más compleja, las obras realizadas durante la primera fase en la avenida del Paral·lel sirven más bien de poco. O mejor dicho, suponen una “mejora inapreciable” a ojos del vecindario, en palabras del director de de proyectos y obras de Bcasa: “La mejora se apreciará cuando esté acabado el proyecto de manera integral.

Cambio de tendencia

El Paral·lel, ahora mismo, se puede transformar en cualquier momento en un río por la falta de un colector con mayor capacidad para absorber el agua que baja desde la montaña de Montjuïc y desde el Eixample. “Es uno de los puntos más vulnerables de la ciudad, y en los últimos años las precipitaciones se han cebado en esta parte de la ciudad”, explica Ortiz, quien relaciona los últimos “episodios extraordinarios” con un cambio de tendencia, consecuencia a su vez del cambio climático con casi toda probabilidad.

El nuevo colector no está diseñado pensando en el peor de los escenarios porque, en palabras del director de proyectos y obras del ciclo del agua del ayuntamiento, porque ese caso no existe o tiende al infinito. “El criterio es encontrar un punto de equilibrio entre el coste de la obra y el beneficio que reporta”. Con todo, el plan director que recoge la ampliación del colector concebida como “medida mitigadora” a nivel de ciudad también incluye otras medidas como la ampliación de los colectores de Riera Blanca, de la Diagonal –entre Francesc Macià y el paseo de Sant Joan- y del depósito de Rambla Prim. Ortiz confía que el último pueda ser proyectado en este mismo mandato.