28 sep 2020

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BARCELONEANDO

De hiyabs y tostadoras

El Museu del Disseny trae al presente la figura de Victor Papanek, precursor del llamado diseño social

Natàlia Farré

Uno de los rincones de la exposición que el Museu del Disseny dedica a Victor Papanek y sus postulados. 

Uno de los rincones de la exposición que el Museu del Disseny dedica a Victor Papanek y sus postulados.  / JOAN MATEU PARRA

Victor Papanek (1923-1998) fue una suerte de 'enfant terrible' del diseño. Y activista. En los 60 hizo suyos los postulados de la inclusión, la sostenibilidad y la justicia social. También se erigió en un feroz detractor del consumismo. Y fue expulsado de múltiples asociaciones estadounidenses por su crítica constante. A su estudio de trabajo lo bautizó como Design Clinic, no en vano su obsesión era convertir el diseño en algo útil para la sociedad. Aunque en esta afirmación no hay nada de la Bauhaus, pues lo suyo no era la conjunción de la estética y la funcionalidad sino más bien resolver los males sanitarios y sociales del mundo. De hecho, de su taller salió lo que él llamaba ‘mobiliario nómada’. Un Ikea ‘avant la lettre’. Muebles baratos y fáciles de montar. Diseño para los que no se podían costear el diseño.

Pero su obra clave no tiene forma de silla sino de libro: ‘Diseñar para el mundo real’ (Pol·len Edicions). Y afirmaciones así de contundentes: “Hoy, el diseño industrial ha colocado el asesinato en las bases de la producción en serie. Al diseñar automóviles criminalmente inseguros que matan o mutilan […], al crear nuevas especies completas de basura permanente que abarrotan el paisaje y al elegir materiales y procesos que contaminan el aire que respiramos, los diseñadores se han convertido en una raza peligrosa”. Publicado en 1970 y traducido a 22 idiomas, hoy en día sigue siendo el libro sobre diseño más leído y aclamado del mundo. Ha alcanzado la categoría de manifiesto.

¿Positivo o negativo?

Pero Papanek es tan reconocido por su colegas como desconocido por el gran público, así que el Museu del Disseny se ha propuesto recuperarlo. Pero que nadie se equivoque: “Esta no es una exposición más sobre otro diseñador hombre y blanco del siglo XX”, avisa Alison Ckarke, una de sus comisarias. La muestra evoca la figura de Papanek, sí, pero su obra es la excusa perfecta para hablar de diseño social, de la política del diseño y de cómo hacer un diseño diferente para un mundo socialmente diferente.

Otro aviso para navegantes: “El diseño es una profesión política aunque muchos diseñadores no son conscientes”. Palabra de Amelie Klein, la otra comisaria de la exposición. Y es que no es lo mismo trabajar para Google que hacerlo con una compañía abierta y transparente. Vamos, que el diseño no es inocuo, tiene implicaciones morales y éticas, incluye y excluye. Aunque no siempre es fácil darse cuenta. Ahí está el ejemplo del ‘Nike Pro Hijab’. Una pieza de ropa que permite hacer deporte a las mujeres que quieren llevar el hiyab sin tenerse que cubrir la cabeza con telas pesadas, poco transpirables y engorrosas. ¿Es positivo o negativo? Depende. “Si respondemos desde la perspectiva de una mujer, blanca y con pasaporte europeo, estamos limitando la visión del tema. A menudo, cuando el diseño social intenta hacer un mundo mejor, lo hace sin tener en cuenta para quién es mejor”, defiende Klein. 

Ahí va otro ejemplo que invita a pensar. Thomas Thwaites decidió poner en práctica el ‘do it your self’, otro de los postulados defendidos por Papanek. Compró la tostadora más barata que encontró en el mercado (3,99 libras) y la diseccionó: 400 piezas y 100 materiales. A partir de aquí intentó hacer la suya. El resultado: un año de trabajo, 1.187 libras y una tostadora quemada. Y la evidencia de todo ello fue el coste de la fabricación en serie. Alguien paga la rebaja de precio de esta producción ya sea económica, social o medioambientalmente.

Ni héroe ni gurú

La tostadora y el hiyab son dos de las 20 piezas contemporáneas que luce la muestra con la intención de demostrar la actualidad de las ideas de Papanek y la voluntad de plantear un montón de preguntas que no resuelve. Tampoco lo pretende. La principal: ¿Cómo debe ser el diseño del siglo XXI? A saber, pero dos cosas están fuera de duda: no basta con dar forma a un objeto; y el diseño tiene una incuestionable función como herramienta política con mirada social y ética sobre temas como la inmigración, la crisis climática o las identidades de género. Que nadie se asuste. La exposición tiene diferentes niveles de lectura y sus correspondientes guías de sala.    

Y finalmente, el último aviso (o súplica) de las comisarias: “Es muy peligroso presentar a Papanek como a un gurú, como a un héroe”. Y es que el personaje, como todo hijo de vecino, tenía sus contradicciones. Las suyas, escribir una manifiesto sobre diseño social e ingresar subvenciones del Ejército de EEUU, institución que no destaca por tener el tema en cuestión en su agenda de prioridades.