02 dic 2020

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BARCELONEANDO

Nuestro primer argentino

Quien se acerque al Palau Robert sin saber quién es América Sánchez, disfrutará de su mirada inocente, y verá que ha marcado durante décadas la vida visual de su ciudad

Ramón de España

Nazario, izquierda, y América Sánchez, en la exposición ’Clásico, moderno, jazz y tropical’ del palau Robert.  

Nazario, izquierda, y América Sánchez, en la exposición ’Clásico, moderno, jazz y tropical’ del palau Robert.   / RICARD CUGAT

Juan Carlos Pérez Sánchez (Buenos Aires, 1939) llegó a Barcelona en 1965 y aquí sigue, disfrutando en estos momentos de una estupenda exposición en el Palau Robert que pone de relieve, por si alguien aún no se había dado cuenta, que es un grafista sensacional, un diseñador cargado de ideas nuevas, un fotógrafo que encuentra en las pequeñas cosas de una ciudad la explicación a las grandes y un dibujante notable. La cosa lleva por título 'Clásico, moderno, jazz y tropical' y procede del archivo Lafuente de Santander, benéfica institución obsesionada por la Barcelona de la transición que se dedica a almacenar todo ese material, underground o no tanto, que al departamento de cultura de la Generalitat se la sopla que da gusto: la especialidad del gobierno autónomo -y también del ayuntamiento- consiste en esperar a que se muera un artista local para enviar deprisa y corriendo a un propio a los Encants cuando su obra aparece desperdigada sobre una manta.

La tarde de la inauguración, el pasado jueves, nos congregamos en el Palau Robert -que se saltó por una vez su especialidad en acoger exclusivamente a artistas del régimen- un montón de amigos del señor Pérez Sánchez, que adoptó hace años el nombre que ahora ostenta para rendir homenaje a su madre, que se llamaba América, y, sobre todo, para que no lo confundieran con los Pérez Sánchez, dos artistas a los que nuestro hombre no tenía en mucha consideración. Allí se amontonaban los supervivientes del 'underground'. Ya en la puerta, me topé con mi jefe en el 'Star', Juan José Fernández, y con el trío del 'Ajoblanco': Pepe Ribas, Toni Puig y Fernando Mir. Nos habíamos quedado atorados en la entrada a causa del gentío, pero nos salvó una funcionaria de las que funcionan, una señora muy amable que nos aconsejó que tomáramos el ascensor y subiéramos a la planta segunda, que desde allí lo veríamos todo muy bien. Estaba en lo cierto y nos dejó a todos conmovidos: no estamos acostumbrados a que un funcionario nos facilite las cosas y nos alegre la vida.

Mirada inocente

Llegué a tiempo de escuchar el parlamento de José María Lafuente, jefe de ese archivo que lleva su nombre y que le está solucionando la vejez a bastantes personajes de la Barcelona alternativa anterior a Pujol. Luego me lo presentaron y pude comprobar que, además de ser un tío muy simpático, tiene muy claras las cosas con respecto a esa época (también le interesa mucho todo lo concerniente a la movida madrileña, como demuestra su adquisición al por mayor de obras del difunto Ceesepe). También las tenía muy claras el comisario de la muestra, Juan Riancho, que ha hecho una gran labor ordenando el material para la muestra. La 'consellera' de Cultura puede seguir dormitando tranquila y sacando brillo a diario al lacito amarillo, que hay unos mendas en Santander que le están haciendo el trabajo no solo gratis, sino gastándose su propio dinero.

El artista recibía sentado en una silla que iba cambiando de sitio cada poco tiempo -o esa impresión tuve- y tenía palabras cariñosas para todos los que nos acercábamos a felicitarle. En las paredes, un montón de muestras de su prolífica actividad en nuestra querida ciudad a lo largo del último medio siglo, que le granjeó el Premio Nacional de Diseño en 1992. No pude preguntarle si seguía enganchado a la salsa -hubo una época en la que no te hablaba de otra cosa, convertido en una enciclopedia del género- o si habían mejorado los estudiantes de Eina, que en su momento llegaron a desesperarle por su dependencia de la tecnología y su incapacidad para llegar a alguna parte con lápiz y papel. Se le veía contento en su papel de barcelonés vocacional. De hecho, fue nuestro primer argentino con fundamento: sobre los muchos cantamañanas que llegaron después, él mismo se encargó de mantener una prudente distancia.

Quien se acerque al Palau Robert sin saber quién es el homenajeado, disfrutará de su mirada inocente. Verá que, aunque él no se haya dando cuenta, América Sánchez ha marcado durante décadas la vida visual de su ciudad, y algo le sonará entre todo el material expuesto. Ha habido otros diseñadores en Barcelona, pero solo Juan Carlos ha patentado su identidad visual.