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BARCELONEANDO

Nostalgia del loco auténtico

La locura ha perdido el monopolio sobre el gesto de hablar solos por la calle

Mauricio Bernal

Un hombre con auriculares en las orejas, por las calles de Barcelona.

Un hombre con auriculares en las orejas, por las calles de Barcelona. / FERRAN NADEU

Hubo un tiempo en que identificar al loco era fácil: era el que hablaba solo por la calle. Cuando la gente se cruzaba con alguien que iba hablando consigo mismo enseguida pensaba en locura, y por si acaso se apartaba. Había variantes del auto hablado como entablar conversación con las alcantarillas, las plantas o los planetas, pero en últimas venía a ser lo mismo. Eran otros tiempos. A los locos los llamaban locos, había un loco por pueblo y hablar por la calle era patrimonio de la locura. No por nada los grandes locos cinematográficos suelen tener una memorable escena en la que hablan solos, que refrenda su condición de perturbados. Jack Torrance. Travis Bickle. "You talking to me?", le pregunta a su reflejo el taxista endemoniado.

Antes, cuando la gente se cruzaba con alguien que iba hablando consigo mismo, enseguida pensaba en locura

Ahora, al loco cuesta distinguirlo. Desde que la tecnología permite hablar por teléfono sin tener un teléfono en la mano, la locura ha perdido el monopolio sobre ese gesto, que ya no es patrimonio de unos cuantos. Ahora, todo el mundo habla solo. Para el paisaje urbano, da igual que hablen solos o que parezca que hablen solos: el efecto es el mismo. La ciudad del siglo XXI es un lugar donde la gente va por la calle hablando al aire que los precede, haciendo gestos con las manos como si tuvieran a su interlocutor delante y acompasando sus acciones con la conversación en marcha. A la visión del loco panorama, alguien que se hubiera ausentado 30 años de este mundo pensaría que entretanto se ha propagado una epidemia de extravagancia.

Conversaciones en el aire

El paseo de Gràcia, la esquina con Gran Via, un día soleado, un mediodía; muchedumbres en las aceras y los pasos de peatones. Un cruce de nuestro tiempo en una ciudad de nuestro tiempo. Telefónicamente hablando está poblada de turistas que miran el móvil y de locales que miran el móvil, y entre ellos, algún turista y algún local que parece que le hablen a la brisa o a un amigo imaginario. Pero no: el amigo imaginario es un remoto oyente que escucha una descripción en inglés sobre la noche de fiesta que el turista se brindó a sí mismo la noche anterior –incluidos detalles sórdidos y, según como se vea, de mal gusto–, o alguien no tan remoto convertido en depositario de un inventario de quejas que el local vierte sobre alguien a quien tacha a voz en cuello de "capullo", y más adelante, de "gilipollas". Ni siquiera hay que fijarse en los pinganillos / antenas blancas que les brotan de los oídos para saber que se no trata de auténticos locos. Los auténticos locos no van por la calle gritando sus charlas consigo mismos.

"El paisaje de la ciudad ha cambiado radicalmente", dice la experta en comunicación personal Teresa Baró

Del efecto de las nuevas formas de comunicación sobre la vida de las ciudades se ha escrito en abundancia. Al fin y al cabo, no ha cambiado solo la forma en que la gente se comunica: ha cambiado la forma en que habitan la ciudad. La gente se mueve de otra forma y se relaciona con la ciudad de otra forma (si están al teléfono, básicamente la ignoran). De los nuevos modos han brotado nuevas palabras, lo cual era difícil que no ocurriera considerando la envergadura del cambio. "Han cambiado los hábitos y ha cambiado radicalmente el paisaje de la ciudad", conviene la experta en comunicación personal Teresa Baró. "Hablamos solos por la calle, tenemos, de hecho, conversaciones bastante personales en el espacio público, bastante privadas, porque se ha perdido el pudor. Todos hemos tenido la sensación, en la calle o en el transporte público, de estar enterándonos de cosas de las que no deberíamos enterarnos".

La mala prensa que tenía hablar por la calle ha cambiado. "Hablar solo no es de locos", proclaman varios artículos a mano vía internet. Ahora es señal de inteligencia. Pero, por otro lado, siempre se ha dicho que los locos expresan una forma de lucidez que no está al alcance de los cuerdos. De modo que no es exactamente un mundo de insanos el que hallaría el gran ausente, sino un evolucionado planeta en el que la gran mayoría ha dado el salto hacia la más clarividente forma de estar.