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BARCELONEANDO

Barcelona sigue sin ser París

La librería Som Negra cerrará el 15 de noviembre porque los números no salen

No sé que hay que hacer para salvar en BCN una librería dedicada al género negro

Ramón de España

Miguel Ángel Díaz, propietario de la librería Som Negra.

Miguel Ángel Díaz, propietario de la librería Som Negra. / ELISENDA PONS

La librería Som Negra cerrará sus puertas el próximo 15 de noviembre porque los números no salen, siguiendo así los tristes pasos de Negra y Criminal, la entrañable tienda de libros policiacos que el difunto Paco Camarasa tenía en la Barceloneta. No me voy a poner a soltar lágrimas de cocodrilo porque yo era el primero en visitarlas de uvas a peras: me caían a trasmano y encontraba en ellas más o menos lo mismo que en las librerías generalistas (aunque en la de Paco daba a veces con algunas antiguallas estupendas y nunca reeditadas). No voy a descubrir la pólvora diciendo que Paco era un tipo estupendo y que daba gusto hablar con él, pero una cosa era cruzárselo por el Salón del Cómic e improvisar una agradable conversación y otra, las visitas a domicilio. También Miguel Ángel Díaz, fundador de Som Negra, es un muchacho excelente, un 'true believer' del género, como pude comprobar la tarde que acudí a la presentación de una novela de mi amigo Alberto Valle -que entonces facturaba unos 'pulps' muy graciosos bajo el seudónimo de Pascual Ulpiano y que recientemente ha recuperado su auténtico nombre para publicar la excelente 'La venganza de un hombre muerto'-, pero en su librería, lamentablemente, solo encontraba lo mismo que en el resto de las de sus colegas generalistas.

No sé muy bien qué hay que hacer para salvar en Barcelona una librería dedicada al género negro. Pienso en la posibilidad de tener libros en inglés o en francés, pero entonces recuerdo que Amazon pone a tu disposición esos textos en tres días. Se me ocurre la idea de vender exclusivamente libros de viejo que no se puedan encontrar en ninguna otra parte, pero esa función también la cumple la cadena Re-Read. Pero, sobre todo, pienso que Barcelona chirría por alguna parte cuando en París o en Londres hay librerías dedicadas en exclusiva a la novela negra que funcionan perfectamente. 

Libros en idioma extranjero

Lo cual me lleva a otra reflexión sobre las librerías especializadas en libros en idiomas extranjeros. En París hay tres o cuatro dedicadas a la literatura en inglés, mientras que aquí me tengo que conformar con la Come In de Rosselló con Balmes, que empezó como librería para estudiantes de inglés y con el tiempo ha ido dedicando cada vez más espacio a las novedades en ese idioma. Para el francés, más o menos lo mismo: Jaimes resiste, pero no solo por el material en francés, sino por tener todas las novedades en castellano y en catalán. O sea, que no nos pongamos estupendos en nuestro cosmopolitismo: las librerías especializadas lo tienen muy crudo en Barcelona.

Con la excepción, tal vez, de las librerías de cómics -un género que no acaba de encontrar su sitio en las tiendas generalistas, aunque la sección de tebeos de La Central está la mar de bien-, que ofrecen a sus devotos todo el material disponible en España y, en ocasiones, ediciones en francés o inglés. Por no hablar del espíritu fraternal que suele reinar en ellas, que a veces se convierten en lugares de encuentro para aficionados a los tebeos, 'frikis' varios y sujetos marginales y ninguneados por el sistema en general.

Como muy bien dijo Jorge Javier Vázquez en un momento de lucidez admirable, si en España hubiese cultura, él no podría dirigir un programa de televisión como 'Sálvame de Luxe'. De la misma manera, si Barcelona fuese esa ciudad amante de la cultura que los políticos se empeñan en inventarse, habría más librerías especializadas en idiomas extranjeros, más tiendas de cómics y un par de establecimientos dedicados a la novela negra que no se verían obligados a chapar por falta de visitantes. El hecho de que el 50% de los españoles no compren jamás un libro también nos atañe. Y sí, de acuerdo, la competencia del comercio digital es implacable, pero aún quedan algunas tiendas de discos que, como la ejemplar Revolver de la calle de Tallers, ponen a disposición del consumidor algunas de esas rarezas que descubres en la revista británica 'Mojo' y que justifican la visita. Puede que París ya no sea lo que fue, pero en lo de satisfacer todos los gustos del consumidor cultural, todavía nos pasa la mano por la cara.