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Barcelona afronta el reto de encajar nuevos tipos de vivienda

Los expertos avalan los pisos-contenedor siempre que sean solo de transición

Defienden la innovación contra los altos precios y la urgencia habitacional

Patricia Castán

Bloque de viviendas de protecciÓn oficial fabricadas con contenedores en el número 8 de la calle Nou de Sant Francesc de Barcelona.

Bloque de viviendas de protecciÓn oficial fabricadas con contenedores en el número 8 de la calle Nou de Sant Francesc de Barcelona. / JORDI COTRINA

Hace 15 o 20 años vecinos y administraciones hubiesen declarado la guerra a quien pretendiese crear alojamientos en viejos contenedores marítimos para alojar a los barceloneses. Habrían salido peor parados que los fallidos minipisos de 30 metros cuadrados que quiso promover la ministra Trujillo. Pero la galopante necesidad de vivienda en la capital catalana, tanto de emergencia social como para atender a las nuevas necesidades de algunos colectivos, ha acelerado la revolución mental necesaria para que el próximo mes se estrenen el primer edificio Aprop (con 12 contenedores-pisos) en Ciutat Vella, o para que unos promotores se atrevan a plantear las polémicas colmenas. Diversos expertos consultados por este diario coinciden en su diagnóstico de que Barcelona necesita abrir su mente a nuevos tipos de vivienda innovadora para dar salida a la demanda acumulada, aunque no a cualquier precio. Primando la calidad y el control de las administraciones para evitar abusos y aspectos especulativos o degradantes.

El ayuntamiento admite que la novedad ha ralentizado los Aprop, pero confía en su expansión

El arquitecto y especialista en diseño Juli Capella rememora cómo desde hace tres lustros a través del FAD han surgido proyectos y debates sobre los minipisos y las viviendas provisionales. Así que ni vacila al sentenciar que «es necesario innovar en la construcción, que no se ha industrializado» y precisa fórmulas más ágiles e imaginativas. Pero con una frontera clave: «no dar marcha atrás en la habitabilidad». El tamaño no siempre importa, porque 15 metros cuadrados «pueden servir para una persona», como solución provisional, en tiempo restringido y para cubrir una necesidad habitacional, sea social o de un estudiante. Pero deberían ser soluciones «nunca en propiedad y siempre fiscalizado por la Administración» para que los promotores puedan desvirtuarlas. 

Matices que repiten la mayoría de entrevistados. Como la arquitecta y expresidenta de ArquinFAD, Silvia Farriol, que también bendice la fórmula de contenedores como «solución de emergencia» no definitiva, pero culpa a las administraciones de falta de voluntad para controlar la construcción de vivienda social. Por contra, considera «denigrantes» las colmenas -se basan en compartir espacios comunes y dormir en camas-cubículo-, y  aceptaría albergues de emergencia para casos que como alternativa solo tengan la calle. Para esta profesional que siempre ha abanderado el papel social de la vivienda, Barcelona aún tiene mucho por hacer en reutilización de edificios ya construidos y nuevas propuestas «desde una oficina de Vivienda que funcione», para mezclar, por ejemplo, a gente mayor y jóvenes y favorecer su interrelación.  

Tormenta de ideas

Algunas de las ideas sugeridas laten también en el informe 'El reto de la vivienda', que a principios de año presentó Barcelona Global tras escuchar las voces de decenas de profesionales, desde urbanistas a promotores. Jaume Oliu, vicepresidente de la plataforma y responsable de Real State de Banc Sabadell, recuerda que «el 40% de la población del área metropolitana hace un sobre esfuerzo para acceder a la vivienda y destina más del 30% de sus ingresos». Una coyuntura que convierte en «interesante» la propuesta del plan municipal de los Aprop si logran el equilibrio entre «asequibles y dignos», pero que están lejos de ser una solución ante el enorme déficit acumulado.

Muchos expertos piensan que la línea roja no son los metros cuadrados, sino la calidad del espacio y su función

Por eso, defiende tanto crear más viviendas para frenar el riesgo de exclusión social, como facilitar el acceso a los que no lo consiguen por los altos precios en la ciudad. «Es necesaria más oferta, construir más, agilizar trámites, flexibilizar tipos de vivienda...». ¿Cuáles? Contempla «unidades muy pequeñas con espacios compartidos si son innovadoras y de calidad», yendo más allá de las limitaciones de la cédula de habitabilidad; y activar los cientos de locales comerciales en desuso que hay en la ciudad para hacerlos residenciales. O  ganar altura en  edificios consolidados.

El proyecto que se levanta en la calle de Nou de Sant Francesc suma meses de retraso. Pero la concejala de Vivienda y Rehabilitación, Lucía Martín, insiste en que «como toda innovación, no ha sido fácil para el ayuntamiento» poner en práctica ni encontrar los aliados precisos. Pero asegura a este diario que el ritmo de construcción es el previsto para rematarlo a finales de octubre. Son solo 12 pisos, a demás de las otras dos promociones que se licitarán en cuestión de días, pero más allá del concepto, destaca el giro de primar  «soluciones constructivas sostenibles, con menos producción de residuos y molestias», además de un «enfoque medioambiental». Y recuerda que no son formalmente viviendas porque no cumplen con las medidas que exige la cédula de habitabilidad, sino «un complemento que se suma a la construcción de parque público de alquiler»,solo  para urgencias.

Tampoco fue sencillo hallar quien ejecutase este plan piloto, que se monta en un proceso industrial y luego se desplazan al solar en cuestión para su encaje final. Lo está haciendo la UTE Constecnia 3 SL Eurocatalana. Un esfuerzo innovador (en Catalunya) que alaba la arquitecta Benedetta Tagliabue. «Hay una nueva generación de profesionales que piensa mucho en los precios y muchas veces son a la vez arquitectos y constructores», mantiene. «Es bueno reinventar la profesión, abaratar y transformar, pero hay que vigilar mucho la calidad y no perder espacio público al buscarle ubicación», argumenta, enfatizando que de momento un solo bloque es «un manifiesto», y luego habrá que crear más y «hacer números, con  buena planificación y un límite». Defiende que los próximos pasos se encaminen a la construcción de viviendas pequeñas pero con espacios comunes y servicios públicos, donde «dignidad la marca la calidad» y no la dimensión.

Se plantea convertir locales vacíos en hogares, crecer en altura, y crear minipisos con espacios comunes

Desde el punto de vista inmobiliario, el jefe de estudios del macroportal Idealista, Fernando Encinar, es partidario de «evitar dogmatismos y visceralidad» al hablar de la futura vivienda, porque el peso de la estructura de vivienda familiar heredada del franquismo y para familias amplias ya no basta. «Hay que pensar en la funcionalidad» y en que cada vez hay más demanda para personas solas», o parejas, argumenta. Y no tiene perjuicios con el tamaño si suponen un espacio «caliente, limpio y aceptable», con la calle como alternativa. 

Para el proyecto municipal prefabricado, defiende la altura que permita optimizar precios y ganar metros, ante la enorme demanda que sufren los barrios céntricos y la fuerte «tensión que ello genera en los precios». 

Desde la sociología

En semejante debate, el investigador y sociólogo barcelonés Xavier Martínez Celorrio va más allá al alertar de que más allá de las limitaciones geográficas y físicas de Barcelona, «hay un transfondo de desigualdad, de ciuad más dual donde se retrasa la emancipación y hay un reajuste a la baja muy fuerte de expectativas». O sea, pragmatismo para «hacer aceptable lo que antes no lo era» , desde al salario hasta las expectativas de lograr un techo, incluso pequeño.

Tiene claro que hay una enorme diversidad de necesidades, desde soluciones «coyunturales para jóvenes, porque una cuarta parte de 30 a 34 años viven con sus padres y hay una enorme necesidad de emancipación; a otras para los más mayores». Pero con apertura de mente, porque piensa que las viudas -cada vez más- sí podrían convivir, por ejemplo. Y que hay que primar zonas comunitarias de «interacción». Receta que sociólogos y consistorio vayan de la mano para parir la ciudad que viene, que tendrá que «cambiar de visión» para tener más miras metropolitanas.  

Del contenedor a la colmena

Si nada se tuerce -en un primer  primer intento la adjudicataria se retiró a última hora-, está previsto levantar dos edificios de contenedores más en Sants-Montjuïc y Sant Martí, que sumarán 82 'viviendas' más, la mayoría dobles, de forma que suman 60 metros cuadrados y dos dormitorios. La concejala Lucía Martí confía en que en enero comience el proceso de montaje. Entre los dos y el primer proyecto  costarán siete millones de euros, y todos incorporan equipamientos comunitarios en la planta baja que acogerán actividades para el barrio y criterios sostenibles. El proceso de fabricación más el montaje supone unos 15 meses, mucho más rápido que la construcción convencional, aunquela duración no será comparable.

El ayuntamiento dice haber tomado nota de lo que han hecho otras ciudades, para mejorarlo. En Dinamarca, por ejemplo, el proyecto Urban Rigger (patentado) se estrenó este verano para albergar estudiantes, con una disposición muy distinta, en menor altura y con terrazas y un entorno propicio para deportes de gua. Sus responsables preparan nuevas unidades tra su éxito, explican a este diario.

Por otro lado, las colmenas de Haibu 4.0 que el ayuntamiento ha combatido en Barcelona, siguen adelante con un nuevo formato que creen que les permitirá abrirse paso en la ciudad con licencia (no revelan la ubicación), mientras que ultiman proyectos en Cornellà y Gavà, como seudoalbergues no turísticos, con la misma filosofía, temporal y 'low cost'. También preparan un posible desembarco en París. En esta ciudad, con pisos de 15 metros cuadrados, son menos chocantes.  .