23 feb 2020

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ACTIVISMO DESDE LOS MÁRGENES

La Tancada tiene un plan para quedarse

Los ocupantes de la vieja Escuela Massana quieren consolidar el centro cultural y albergue autogestionado en el que han convertido el espacio

El ayuntamiento asegura que está estudiando la propuesta y por el momento no tiene previsto desalojar a los 30 inmigrantes que allí viven

Helena López

Lilian y Mohamed miran los planos que han entregado al ayuntamiento.

Lilian y Mohamed miran los planos que han entregado al ayuntamiento. / FERRAN NADEU

Están sentados en corro. En sillas de plástico de origen diverso. Como en las habituales asambleas desde las que (auto)gestionan el espacio desde hace un año y medio, cuando ocuparon la entonces abandonada antigua sede de la Escola Massana para visibilizar la crueldad con la que Europa, España y Barcelona reciben a los inmigrantes. A ellos. Es martes, es media mañana y son bastantes, pero no los 30 que aquí viven. "Hay varios que están estudiando", les excusan sus compañeros. No mienten. Uno de los ejes de La Tancada -como llaman a este particular espacio- es orientar en las posibilidades de formación a las personas que el sistema ha ido dejando al margen. A ellos. Aunque lo parezca, lo de hoy no es una asamblea, pero sí una cita importante. Presentan su proyecto de futuro, en el que han vertido las esperanzas que les quedan. Quieren demostrar que es posible consolidar una iniciativa como la suya: el primer "centro cultural dotacional autogestionado de Barcelona", como lo definen los arquitectos Joan Barba i Laura Pulgini.

El sencillo trabajo firmado por esta pareja de urbanistas que han querido echar una mano al colectivo dibuja sobre plano -de forma profesional, desde su despacho de arquitectos-, lo que ya es una realidad, añadiendo únicamente (imprescindibles) pequeñas mejoras; como la adaptación de la infraestructura sanitaria (con la factible incorporación de lavabos y duchas y la actualización de la cocina). "La Tancada es ya un centro cultural. Alberga cultura y culturas. Aquí se hace todo desde abajo, con otra mirada, fuera de la oficialidad; se genera otro relato, además de ofrecer cobijo temporal a quien no tiene alternativa. Ambas actividades son compatibles. La Tancada lo demuestra a diario", explica Esteban Yanischevsky, septuagenario activista que se dedica en cuerpo y alma a cuidar, escuchar y tratar de entender a las personas que hacen vida aquí.

Miembros de La Tancada hablan sobre su futuro, este martes. / FERRAN NADEU

En junio recibieron la visita de dos representantes de los servicios jurídicos del ayuntamiento con una carta en la que les notificaban el inicio del procedimiento administrativo para desalojarles y les daban diez días para abandonar el local, de propiedad municipal. Fuentes del consistorio apuntaban entonces que había obras pendientes en la finca que quedaron paradas por la ocupación, en abril del 2018, y que debían realizarse y señalaban al Estado. "Los servicios municipales han estado en contacto con las personas que duermen en La Tancada para detectar posibles casos de alta vulnerabilidad, en cuyo realojo se está trabajando. En el momento de las prospecciones la mayoría eran demandantes de asilo que están pendientes de ser alojados por el Estado", afirmaban. Es cierto. Muchos de sus habitantes están en esa situación. No todos. Hay también exmenores tutelados que a los 18 lo perdieron todo. También lo es que La Tancada en un primer momento era solo una acción simbólica, para poner sobre la mesa unas demandas concretas, como facilidades en la reagrupación de las familias, el cierre de los CIE o el fin de las deportaciones. Es decir, para marcar la agenda, pero que con el tiempo y ante el infierno del mercado inmobiliario, se ha acabado convirtiendo también, en hogar. Un hogar de paso, en el que encontrar refugio hasta que las situaciones personales de cada uno vayan mejorando.

Desde aquella amenazante visita, y tras un verano de movilizaciones en el que dejaron claro que no pensaban marcharse, han mantenido tres reuniones informales con el ayuntamiento. En la última les entregaron la propuesta. Una propuesta según la cual se podría consolidar el proyecto de La Tancada con una intervención -e inversión- pequeñas, pero con mucha voluntad política. El edificio está calificado como equipamiento cultural, algo que, según insisten sus impulsores, "ya es". "Además de programar películas, conciertos y teatro, hemos creado un grupo de teatro y queremos hacer un cortometraje", explica desde el corro Mohamed, rifeño a quien todos llaman Moha 2 porque ya había un Moha 1, y ahora un Moha 3. El tercero es uno de los dos chicos extutelados sentados en el círculo, joven de "18 años y medio", como se presenta. Ese medio marca un antes y un después en sus vidas que hace que lo tengan muy presente y no lo olviden.

Centro sociocultural y albergue autogestionado

Sería una suerte de centro social con un albergue autogestionado [de ahí el "dotacional" del título], más flexible que los albergues municipales, en los que se ofrece un tratamiento integral. "Una familia", resume David Orozco, quien tuvo que abandonar Colombia tras ser amenazado por la organización narcoparamilitar Águilas Negras. A la espera de tramitar el asilo ha encontrado refugio junto a su esposa Silvia Sánchez en la vieja Massana, desde donde también milita en solidaridad: "urge cambiar la mirada hacia los chavales marroquís". El procedimiento de entrada al sistema de protección ahora se alarga hasta seis meses, pero David y Silvia no hablan de ellos, sino del colectivo. "Buscamos trabajar para acabar con el estigma. Aquí, codo con codo, dándonos calor. Este espacio demuestra que la convivencia es posible. La camaradería que se respira, siendo tan distintos. Lo hacemos todo entre todos", describe un emocionado David.  

Lilian es otra de ellos. Sonriente pese a todo, esta nigeriana habla despacio y flojito de gospel, su pasión. La música -canta como los ángeles- y el baile, a los que aquí puede dar rienda suelta, len dan vida. Pasó por varios albergues, "pero no me sentía yo; aquí sí siento que puedo ser yo", cuenta. Tiene también nuevos proyectos para desarrollar en La Tancada si aseguran -el ayuntamiento afirma estar estudiándolo- su futuro: ampliar el grupo de apoyo mutuo entre mujeres migrantes -impulsado por el Espacio del Inmigrante- y un taller de costura. Pese a que son más los hombres, hay una habitación de hombres y otra de mujeres, en la que vive Lilian y Khadija, joven marroquí que huyó de la hostilidad de los campos de fresa Huelva buscando una vida mejor en Barcelona. Por ella sigue luchando. Por el momento, hasta que les den una respuesta, el consistorio se ha comprometido a no desalojarles.