01 oct 2020

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BARCELONEANDO

TMB cambia el flujo del viento en el metro

La empresa de transporte estrena un nuevo modelo para reducir la temperatura en los túneles y los andenes

Mauricio Bernal

Usuarios en la estación de metro de Girona, una de las ventosas.

Usuarios en la estación de metro de Girona, una de las ventosas. / FERRAN NADEU

Hay ocasiones en que al entrar en las instalaciones del metro el usuario tiene la impresión de que en algún lugar allá abajo está el mismísimo Eolo echando chorros de viento por la boca. No hay gomina que valga y los mejores peinados se van al traste. Vuelan los papeles y alguna anciana se dobla con esfuerzo para poder avanzar. Si es invierno y una ola de aire siberiano ha importado el apocalipsis térmico desde la estepa, la cosa asume tintes dramáticos, y no se descarta que algún resfriado haya terminado de cuajar al contacto con una tromba de viento de las que brotan de las entrañas de la tierra. El usuario sabe que es algo con lo que debe vivir.

Entonces llega el convoy y tiene lugar algo del orden de lo bombástico

Para desgracia de una improbable mitología del suburbano, no es Eolo en su refugio subterráneo el origen de los vientos, sino la interacción entre los trenes y las corrientes que genera la propia infraestructura. El efecto pistón, que conocen de sobra los que saben de metros. Como es bien sabido, en todas las estaciones hay pozos de ventilación que introducen en los túneles aire del exterior. También, como es bien sabido, entra aire por los accesos. Otros pozos, entre estación y estación, se encargan de expulsar el aire al exterior. Entra aire frío, sale aire caliente, se forma una corriente continua y de esa forma se mantiene refrigerado el sistema –y, por supuesto, limpio el aire–. Pero entonces llega el metro y tiene lugar algo del orden de lo bombástico, porque Eolo el soplador entra en acción. El convoy desplaza su propia masa de aire y esa masa de aire busca desesperadamente una salida. Recorre pasillos, sube escaleras, se evade por los accesos. Vuelan los papeles, la anciana se encorva, claudica la gomina.

El Señor de los Vientos

Es un mundo, el del viento en el metro, y su señor es Iván Altaba, director del Servicio de Sistemas Eléctricos y Electromecánicos de TMB. El Señor de los Vientos. El hombre que dice que la potencia del ventarrón depende de la geometría de las estaciones, en últimas de "lo difícil que lo tenga el viento para salir" (las grandes galerías, como las de la línea 2, son amables con el viento, lo proveen de caminos fáciles de recorrer; las líneas más antiguas, como la 4, estrechas, enrevesadas, le producen estrés). El hombre que explica, también, que el ayuntamiento marca un estricto límite a la velocidad del aire que es expusado a la calle por los conductos de ventilación (porque una cosa, se entiende, es un efecto de falda abanicada a lo Marilyn, y otra cosa es que Marilyn salga volando por los aires). El Señor de los Vientos dice: «El caudal de aire se distorsiona cuando el tren entra en la estación. Cuando el tren desplaza el aire, suma o resta caudal. Suma cuando va a favor del flujo, y viceversa». En su despacho de la calle de Honduras, en los despachos de TMB, dice que «está todo calculado», sentencia divina que lo emparenta con el dios de la mitología griega. Todo está calculado, dice El Señor de los Vientos.

El régimen de los ventiladores funciona de acuerdo con un modelo preciso

El régimen de los ventiladores instalados en los pozos de ventilación funciona de acuerdo con un modelo preciso. Se refiere a eso en parte la sentencia divina. Pero es un régimen que puede cambiar en función de las necesidades. Los ventiladores de los pozos de estación introducen aire y los de los pozos entre estaciones lo expulsan, pero pueden funcionar al revés. «Son reversibles», explica Altaba. De noche, cuando circulan las tractoras de mantenimiento, se invierte el sentido del flujo con el fin de introducir aire fresco en los túneles. El modelo lleva años funcionando así. Vientos que entran por aquí, salen por allá, convoyes que llegan y convierten todo en una gigantesca jeringa que expulsa el aire. Pues bien: los vientos del metro están en proceso de cambio. TMB está estrenando un nuevo modelo. La razón, que entenderán y agradecerán los que tienen por principal molestia no el viento, sino el calor en las estaciones, es que el metro está decidido a bajar la temperatura. La está bajando. Y tiene que ver con la gestión de los vientos. Tiene que ver con Eolo.

Un grado menos

Hay un proyecto en marcha, el Sistema de Regulación Inteligente del Sistema de Ventilación, que busca refrigerar los andenes del metro por la vía de refrigerar los túneles, en concreto sus paredes. "El túnel del metro –dice Altaba– es entre otras cosas una cueva que genera calor todo el año. Las paredes del túnel están siempre a una temperatura elevada". Unos sensores que terminaron de instalarse el año pasado a lo largo de toda la línea 1 y que miden temperatura, viento y humedad, más el correspondiente análisis de El Señor de los Vientos y quién sabe cuántos ingenieros más, ha arrojado la siguiente conclusión: "Hemos descubierto que generando un mismo y constante flujo podemos rebajar la temperatura de la piedra". El nuevo modelo, que pasa por no modificar los flujos por la noche, se puso en marcha en primavera y ya ha conseguido bajar un grado la temperatura. "Y eso se nota en los andenes. Y se notará más en invierno", dice Altaba. ¿Tendrá eso efecto en los ciclónicos vientos? No. Los trenes seguirán desplazando aire y ese aire seguirá pugnando por salir. Pero, ey: hará menos calor adentro.