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Las tres vidas de un muñeco de Gràcia

Multa de 900 euros por poner una vaca de cartón piedra frente a su tienda

El animal, de tamaño natural, protagonizó un decorado en Gràcia y una obra de teatro

El distrito asegura que la sanción se tramitó tras haber recibido una denuncia de un vecino

Óscar Hernández

’Manolita’, delante de la tocinaría Quimet, en la avenida de la República Argentina.

’Manolita’, delante de la tocinaría Quimet, en la avenida de la República Argentina. / EL PERIÓDICO

Manolita ha tenido una historia breve pero intensa. En un año esta vaca de cartón piedra ha pasado de asomarse a un balcón decorado y premiado de las fiestas de Gràcia a protagonizar un musical en El Cercle Catòlic y posar delante de una tocinería de la avenida de la República Argentina. Esta última aparición ha tenido un final sorprendente. El dueño del comercio, Quim Fuster, acaba de ser multado con 900 euros por «ocupar la acera con una vaca sin ningún tipo de licencia», reza el expediente incoado por el Distrito de Sarrià-Sant Gervasi.

La historia de Manolita, nombre que se dio a la vaca en homenaje a una veterana socia del Cercle Catòlic fallecida recientemente, comenzó el año pasado cuando Ángela Casas, de 79 años, creó junto a su familia un decorado en el balcón de su piso, en la calle de Santa Rosa, para las fiestas de Gràcia. «Un mujer ordeñando una vaca y una madre y su hija comprando leche homenajeaban a las numerosas lecherías que había en el barrio», explica Casas, justo después de saber por este diario que su vaca no solo ya no existe sino que ha generado una multa insólita.

Madera, espuma y papel

«Una socia de El Cercle me pidió la vaca cuando acabaron las fiestas para el teatro y yo se la regalé», recuerda Casas quien con su sobrina, su nieta y otros familiares crearon el animal «con una esqueleto de madera y relleno de espuma y papel».

«Llevamos la vaca al teatro y la utilizamos para participar en 'El albergue del caballo blanco', el primer musical de la historia», explica Fuster, el último propietario del animal y uno de los directores y actores del centro de teatro amateur. La vaca apareció en seis representaciones, a la primera de las cuales fue invitada toda la familia Casas. «Me hizo mucha ilusión verla en el escenario de El Cercle», recuerda Ángela Casas en su piso de Santa Rosa, muy cerca de El Cercle.

Manolita, en el balcón de la calle de Santa Rosa, donde consiguió un premio en las fiestas de Gràcia del 2018. / ÁNGELA CASAS

«A mediados de mayo se me ocurrió poner a Manolita delante de mi tocinería porque también vendo quesos», cuenta Fuster. «La sacaba a la puerta de la tienda cada día mientras la tenía  abierta. Y luego la guardaba dentro. A todo el mundo le gustaba. Pero a mediados de junio con la lluvia se estropeó y la tiramos», asegura este comerciante, muy comprometido con la cultura de Gràcia y cuyo comercio, Tocineria Quimet, está en la avenida de República Argentina, cerca del puente de Vallcarca y en la acera de Sarrià-Sant Gervasi.

La vaca Manolita en el escenario del teatro de El Cercle, en Gràcia. /EL PERIÓDICO

«Los clientes nos iban preguntando por la vaca al no verla en la entrada de la tienda. Tanto los adultos como los niños», recuerda el comerciante, quien esta misma semana volvió a acordarse del animal de cartón piedra con la llegada de una notificación del Distrito de Sarrià-Sant Gervasi a su tienda. «Le comunico que el concejal del distrito ha resuelto incoar un expediente por ocupación del espacio público sin licencia que puede constituir una infracción muy grave», dice el escrito.  Unas líneas más abajo, acusa al comerciante de «ocupar la acera con una vaca adosada a la fachada sin disponer de licencia». Es decir, una vaca sin papeles. Y no especifica si está viva o si es un muñeco.

La manta

«Yo creo que si la hubiera puesto encima de una manta no me habrían multado», ironiza Fuster, en una pícara alusión a los manteros. «Pagaré la multa, aunque lamento que nadie me dijera antes que no podía tenerla en la puerta de la tienda. La habría quitado enseguida», afirma. Si paga pronto la multa, reduce a 315 la sanción de  900 euros. Aunque no podrá recurrirla. «Mi abogada me ha aconsejado que la pague», dice con una cierta tristeza.

«No estoy de acuerdo con la multa. El ayuntamiento tendrían que haberle avisado antes», dice Angela Casas, la madre de la vaca , solidaria y comprensiva con Fuster. El Distrito de Sarrià-Sant Gervasi sostiene que la sanción fue consecuencia de la denuncia de un vecino.