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BARCELONEANDO

Todo Sisa

Todo barcelonés debería tener en casa un clon del cantautor o un robot con sus características

Ramón de España

Jaume Sisa.

Jaume Sisa. / MAITE CRUZ

Paso unos días fuera de Barcelona y me llevo dos libros que son pura Barcelona, dándole la razón a ese aserto anglosajón según el cual se puede sacar a alguien de su ciudad, pero no hay manera de sacar la ciudad de dentro de ese alguien. Me refiero a los dos tomos de las obras completas de Jaume Sisa, el cantautor galáctico, que acaba de publicar Anagrama, 'Els llibres galàctics' (edición a cargo de nuestro común amigo Ignasi Duarte, felizmente exiliado en París y al que Sisa siempre llama 'el nen'), en los que está todo lo que nuestro hombre ha escrito a lo largo de su vida.

Y cuando digo todo, me refiero a todo: las letras de sus canciones y de las de uno de sus alter ego, Armando Llamado, para otro de esos 'doppelgangers', Ricardo Solfa (que llena uno de los siete libros repartidos en dos volúmenes con la fotocopia de su tarjeta de visita, que lo identifica como intérprete polifacético); poemas inéditos; reflexiones variopintas; aforismos y hasta cartas entre particulares (especialmente hilarantes la dirigida a Víctor Jou y Rafael Moll, mandamases de Zeleste, para quejarse de que lo han dejado tirado varias veces ante algún concierto, y la enviada a Joan Lluís Bozzo y Georgina Cisquella, patrones de Dagoll Dagom, para solicitar una compensación económica más razonable de la que recibe por colaborar en obras como 'Antaviana' o 'La nit de Sant Joan' (no en vano estos dos fueron rebautizados por el vitriólico Albert Boadella como 'el bolso i la cistella').

Deuda recíproca

Barcelona le debe a Sisa lo mismo que Sisa a Barcelona. Me resulta imposible pensar en la una sin el otro y viceversa. Sisa es un barcelonés de los de verdad, nada que ver con los del lacito amarillo y el 'morro fort'; es decir, un fatalista bienhumorado y cosmopolita, dado a la buena mesa y la buena cama, que se mira la vida con cierta distancia, pero sin dejar de disfrutar de lo que ésta le ofrece: incluso ahora, que ve menos que un gato de escayola, sigue encontrando motivos para la risa y la alegría. Desde la perspectiva de un jubilado, eso sí. Los que le tratamos con cierta frecuencia sabemos que el hombre considera que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer y que solo le queda esperar a la parca con la mayor dignidad posible y, preferentemente, comiendo fricandó.

Da igual que los amigos le llevemos la contraria y le pidamos más discos, o unas memorias, o una última selección de canciones de Ricardo Solfa, pues hay casi 50 temas inéditos de Armando Llamado -vienen en 'Els libres galàctics', pero sin música ni voz, claro-, pues el hombre se mantiene firme: un disco de despedida, 'Malalts del cel' (2016), que a mí me recuerda, conceptual que no musicalmente, al 'Blackstar' de David Bowie en su condición de testamento sonoro), las obras completas galaicas y adiós muy buenas.

Para los barceloneses que reconozcan que se puede sacar a alguien de su ciudad, pero no sacarle su ciudad a ese alguien, 'Els llibres galàctics' son unos estupendos compañeros de viaje que, ciertamente, hacen mucha compañía. Representante de una Barcelona que ya no existe, Sisa empieza a parecer un espectro que se va disolviendo voluntariamente en el aire contaminado de su ciudad natal. Y lo hace sin amargura alguna, poniendo cara de 'que me quiten lo bailao' y riéndose hasta de su sombra, como pudo comprobar el lector de este diario en la entrevista que le hizo Jordi Bianciotto. Desde que ya no teme que algún alcalde del procesismo rural lo ponga en la lista negra, pues ya no actúa en directo, Sisa habla de su entorno con una libertad admirable. Su teoría de que los catalanes vivimos encerrados en un condón al que llamamos 'seny' es de lo más potente y autocrítico que he oído últimamente. Lástima que no tenga espacio para explicarles la visión que tiene Sisa de sus conciudadanos a través de la historia de un pariente suyo, 'l'oncle Jaumet', porque las cosas se pueden decir más altas, pero no más claras.

Todo barcelonés debería tener en casa un clon de Sisa o un robot con sus características. A la espera de que la ciencia lo permita, 'Els llibres galàctics' son lo mejor para llenar ese vacío.