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REDES SOCIALES Y SEGURIDAD

En las tripas de las 'patrullas virtuales': por qué la ciudadanía se organiza en redes sociales contra la inseguridad

Dos plataformas explican a EL PERIÓDICO las razones de su nacimiento: "Queremos que las instituciones se vean forzadas a garantizar nuestra seguridad"

Para verificar la información, estos grupos no acuden a fuentes oficiales, sino a denuncias vecinales o a publicaciones en redes sociales

Manuel Arenas

Usuarios de móvil ante el logo de Facebook. 

Usuarios de móvil ante el logo de Facebook. 

Más allá de las advertencias policiales, más allá de las alternativas de colaboración ciudadana que las administraciones promueven para evitar que el fenómeno se desmadre, la realidad es que miles de catalanes utilizan a diario las redes sociales para coordinarse a través de plataformas online -grupos o páginas de Facebook, perfiles de Twitter...- que combaten la delincuencia y la inseguridad. Pero ¿qué razones les llevan a hacerlo?

"La plataforma 'Helpers' nace por el aumento de la inseguridad en Barcelona con la intención de combatir, prevenir y visibilizar la delincuencia en las calles", responden por escrito a este diario desde el perfil de Twitter '@BCNHelpers'. Estos vecinos anónimos de Ciutat Vella citan el ejemplo de los 'Guardian Angels' en el Bronx de Nueva York el año 1979 como su modelo a seguir para "cumplir con el deber cívico ciudadano de denunciar todos los hechos delictivos que nos llegan".

Además de "cambios en materia de seguridad", piden que "la Administración se tome en serio el problema de la inseguridad": "Creemos que podemos ejercer como grupo de presión para que las instituciones se vean forzadas a garantizar de nuevo la seguridad ciudadana", agregan los 'Helpers'.

"Alarma social genera, pero la Administración no puede escudarse en eso: tiene que detectar puntos delictivos", destaca el administrador Juanjo Reina

Aunque con mucho menos seguimiento que los 'Helpers', otra plataforma vecinal -esta vez una página de Facebook- dedicada a visibilizar hechos delictivos ha explicado a EL PERIÓDICO las razones que impulsaron su nacimiento. Se trata del 'CISAD' (Centro de Inteligencia de Santako al Desnudo, 2.600 seguidores), una página de Santa Coloma de Gramenet vinculada al grupo de Facebook 'Santako al Desnudo' (8.500 miembros) a cuyas publicaciones el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet ha reaccionado en alguna ocasión.

Juanjo Reina, el colomense administrador de la plataforma, cuenta que "el CISAD se creó por una necesidad que detectamos tras recibir mucha información por privado de ciudadanos que, por miedo a represalias o críticas, no la hacían pública".

Por ese motivo, remarca Reina, decidió crear una plataforma "donde se mantuviera el anonimato de las personas que aportaban información sobre sucesos en su entorno". Si bien es cierto que, reconoce el mismo Reina, "alarma social genera [su plataforma], porque la ignorancia nos hacía felices", "la Administración no se pueden escudar en la alarma social: lo que tiene que hacer es aprovechar la información que comparte la gente para detectar puntos delictivos".

Así funcionan las plataformas ciudadanas

Una de las cuestiones que más interés despiertan sobre las plataformas vecinales organizadas en redes sociales, sobre todo teniendo en cuenta que no utilizan los criterios propios de los profesionales de la información, es por qué vías les llegan las alertas delictivas y cómo las seleccionan y filtran para hacerlas públicas.

Los 'Helpers' aseguran que este proceso lo llevan a término a través de dos maneras: una, "mediante el programa de análisis de datos basado en el sistema 'Socmint', que permite monitorizar las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) en búsqueda de palabras clave"; dos, "mediante la denuncia anónima por mensaje privado, que nos permite formar una inmensa red ciudadana con centenares de ojos en todos los puntos calientes de Barcelona".

Las plataformas no aluden a las fuentes oficiales a la hora de verificar la información, mayormente vecinal

¿Pero cómo verifican la información? ¿Qué garantías ofrecen de que la información que dan es veraz? Para ilustrarlo, los 'Helpers' citan el caso concreto de los narcopisos: "Una vez que recibimos la alerta, contrastamos con diversos vecinos de la zona o pedimos documentos gráficos que acrediten la actividad; en muchos casos, estos vecinos son los que sufren los problemas de primera mano. Una vez verificada la información, nos encargamos de publicar en redes sociales la ubicación del punto de venta y, mediante un software de mapeo, señalamos el narcopiso que estará a disposición de las autoridades", relatan los 'Helpers', en cuya explicación no hay ni rastro de fuentes oficiales.

Con respecto al 'CISAD' de Santa Coloma de Gramenet, las publicaciones suelen hacerse con la coletilla "fuentes vecinales informan:". Preguntado sobre esta cuestión, Juanjo Reina aclara que "la información viene de los vecinos: aquel que está en su balcón y es testigo de un delito, la señora María que va a comprar el pan y le roban el monedero...".

Como los 'Helpers', Reina no menciona a fuentes oficiales entre sus métodos para contrastar la información: "Muchas veces nos aportan [los vecinos] fotografías o vídeos del suceso, otras veces los conozco personalmente... son personas de confianza y sus informaciones son fiables; en aquellas noticias en que no pueden aportar pruebas, por vía privada se realiza una serie de preguntas, se revisa el perfil por si es falso o si tiene alguna vinculación con algún grupo político y ante la duda, si la información es muy delicada, no se publica".

La relación entre plataformas e instituciones y Policía

En una entrevista con 'Nació Digital', los 'Helpers' reconocían haber tenido "contactos extraoficiales" con los cuerpos policiales. Preguntados por este extremo, desde la plataforma reconocen relaciones oficiales a través de redes sociales o teléfonos de atención ciudadana y dicen "tener conocimiento de que agentes de los Mossos d'Esquadra nos siguen en redes sociales para estar informados de primera mano de aquella información que puede ser de interés policial".

Sobre posibles contactos extraoficiales con la Policía, Juanjo Reina, del CISAD de Santa Coloma de Gramenet, apunta a que "yo tengo mis mecanismos para contrastar, pero de la misma manera que tú eres periodista y velas por tus fuentes, yo velo por la confidencialidad de las mías".

"Se están haciendo reuniones entre instituciones políticas y líderes de las plataformas virtuales; no me parece mal siempre que se haga un llamamiento a la responsabilidad"

Carlos Ladera

Caporal de Investigación de los Mossos d'Esquadra

Lo que sí concluye Reina es que "no hemos recibido presiones por parte de la Administración o los cuerpos policiales, tenemos un trato bastante cordial; igual que hacemos crítica de la Administración públicamente, ellos vía privada han hecho una pequeña crítica de alguna foto publicada sacada de internet para dar un poco de visualización de la noticia, pero sólo puntualmente y sin presiones, cosa que veo normal".

Por su parte, Carlos Ladera, caporal de Investigación de los Mossos d'Esquadra, colomense y conocedor del entramado de redes sociales relacionadas con Santa Coloma, apunta a algo interesante: "Yo sé que ya se están haciendo reuniones entre instituciones políticas y líderes de estas plataformas virtuales; no me parece mal siempre que se dejen claros los espacios y que se haga un llamamiento desde la profesionalidad policial a la responsabilidad".

5 notas de contexto para entender la influencia de las redes sociales

1. Un 53% de los españoles consumen noticias en redes sociales. Según los datos del Digital News Report 2019 que cita Silvia Majó-Vázquez, investigadora del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford, el 53% de los españoles -un 7% menos que en 2018- no accede a las noticias a través de las webs de los medios de comunicación, sino que lo hace a través de las redes sociales. A juicio de Majó-Vázquez, esto supone que "en redes sociales es difícil reconocer quién es el autor de la información, lo que hace que no se cuestione la calidad de esa información".

2. Las redes refuerzan estereotipos negativos sobre minorías e inmigrantes. Aunque el investigador social Gonzalo Rivero considera que "existen experiencias de interacciones positivas entre community policing y comunidades locales online", afirma que "con mucha frecuencia" se documenta la tendencia de estas comunidades y aplicaciones dedicadas a la vigilancia de barrios a "reforzar estereotipos negativos sobre minorías e inmigrantes, o a adoptar estrategias de aislamiento que son resultado de ansiedad o miedo inducido por estar expuesto constantemente a historias de victimización". Como ejemplos, señala investigaciones sobre las aplicaciones 'SketchFactor' o 'Pedestrian Route Production'.

3. El anonimato, arma de doble filo en las redes sociales. El abogado y profesor de Periodismo de la Universitat Autònoma de Barcelona Xavi Salla define bien la contradicción que supone el anonimato en la red: "Por una parte, hace que la gente se atreva a denunciar; por otra, también alienta la venganza y la desinformación". El periodista Juan Soto Ivars lo defiende: "No sé quién era Garganta Profunda. El anonimato es secundario: Santiago Abascal tiene nombre y apellidos y no para de desinformar". En ese sentido se pronuncia también el investigador social Gonzalo Rivero: "El anonimato facilita la expresión de opiniones que los individuos pueden considerar que no son compartidas por el resto de la comunidad. No es que el anonimato induzca preferencias racistas tanto como que los que quieren expresar esas opiniones buscan entornos en los que puedan hacerlo sin temor a represalias".

4. Las redes sociales como caldo de cultivo del discurso del odio. En su último 'Informe sobre la evolución de los incidentes relacionados con los delitos de odio en España' (2017), el Ministerio del Interior determina que Internet en general (36,5%) y las redes sociales específicamente (17,9%) son los dos medios más usados para difundir el "discurso del odio", definido por el Comité de Ministros en 1997 como las "formas de expresión que propaguen, inciten, promuevan o justifiquen el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo y cualquier otra forma de odio fundado en la intolerancia, incluida la intolerancia que se exprese en forma de nacionalismo agresivo y etnocentrismo, la discriminación y hostilidad contra las minorías, los inmigrantes y las personas nacidas de la inmigración". 

De hecho, el último informe anual de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) puntualiza que "la situación del discurso de odio online se ha incrementado con la viralización de las llamadas fake news, que en la mayoría de los casos están diseñadas para crear una imagen distorsionada de grupos minoritarios vulnerables”. 

5. La responsabilidad de las propias redes sociales. En sus normas comunitariasFacebook afirma tajantemente que no admite el lenguaje que incita al odio "porque crea un ambiente de intimidación y exclusión y, en algunos casos, puede fomentar actos violentos en la vida real". Sin embargo, la experiencia demuestra que ni es tan fácil determinar dónde empieza el odio, ni es tan fácil que la red social censure el contenido cuando los usuarios lo denuncian. Al respecto, Majó-Vázquez recuerda que "pese a los esfuerzos realizados hasta ahora, plataformas como Facebook y Twitter tienen un largo camino por recorrer para evitar que la información falsa o que incita al odio se publica y difunda en sus espacios". La investigadora incide en que "sabemos que la información que se etiqueta como potencialmente falsa o lesiva es menos compartida", por ello, insiste, se deben fortalecer los mecanismos de fact-checking de estas plataformas y de etiquetado para evitar las cascadas de difusión falsa o que incita al odio. Como ejemplos de cómo "las redes sociales han permitido la difusión de difusión falsa para influir en la opinión pública durante periodos electorales o para difundir información falsa sobre minorías étnicas o religiosas", Majó-Vázquez cita los ataques a las minorías étnicas de Myanmar o la confrontación entre comunidades religiosas en la India, a los que cabría añadir el caso del auge de la extrema derecha en Brasil a raíz de la influencia de 'Youtube', investigado recientemente por el 'New York Times'.